viernes, 6 de abril de 2012

Manifiesto de la Coordinación Europea de la LIT-CI


Escrito por Coordinación europea de la LIT-CI   
Martes 27 de Marzo de 2012 
Contra la guerra social de la UE y de los gobiernos de la troika

¡Abajo los recortes y las reformas laborales!
¡Ni un euro más para los banqueros!
¡No al pago de la deuda publica a los banqueros!
¡Por un plan de rescate de los trabajadores y el pueblo!
¡Por una respuesta europea unificada frente a la guerra social
 
Los gobiernos europeos han declarado una guerra social abiertacontra los trabajadores, la juventud y los sectores populares del continente, con la finalidad de imponerles un retroceso histórico. Esta guerra social se concentra con especial virulencia en la periferia de la zona euro (Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia) e involucra de pleno a la UE y al euro, los instrumentos político y económico desarrollados por los imperialismos europeos al servicio de los bancos y los grandes grupos empresariales. La guerra social es la respuesta del capitalismo europeo a la crisis capitalista iniciada en 2007, una crisis que sólo puede ser comparada con la Gran Depresión, que hoy tiene su epicentro en Europa.  

La política de la UE expresa la necesidad de los imperialismos centrales, alemán y francés, de descargar en la periferia europea el peso de la crisis, con el fin de evitar que ésta alcance de lleno al centro, amenazando frontalmente sus intereses y empujando a economía mundial hacia el abismo. La política de la UE es también un instrumento básico para consolidar la hegemonía de la burguesía alemana sobre Europa. Los planes de pillaje que se abaten sobre Grecia son la avanzada de un drama que recorre toda la periferia europea.

La respuesta de los trabajadores y los sectores populares a los recortes y las contra-reformas se hace sentir en toda la periferia. Con la clase trabajadora y el pueblo griego como vanguardia indiscutida, las huelgas y las manifestaciones ganan las calles de Portugal, Italia y el Estado Español, en una onda europea que incluye a los países del Este (Rumanía), así como a Gran Bretaña y Bélgica.

En esta situación crítica, las secciones de la LITci (Liga Internacional de los trabajadores-Cuarta Internacional)   reunidas en Lisboa con ocasión del Congreso de constitución del Movimiento Alternativa Socialista (MAS), nos dirigimos fraternalmente a la vanguardia militante europea para presentarle nuestra visión sobre la actual crisis y las alternativas que están planteadas.

La Unión Europea y el euro: armas de guerra contra los trabajadores y los pueblos
 
La constitución de la Unión Europea y la posterior creación del euro, culminando una larga evolución que data de finales de la II Guerra Mundial, expresaban la necesidad de los imperialismos centrales europeos de contar con los instrumentos que les permitieran lograr un doble objetivo: el primero, poner en marcha un plan unificado para barrer las conquistas alcanzadas por la clase trabajadora europea en el período de  posguerra y hacer así del continente “la región más competitiva del mundo”. El segundo, inseparable del anterior, presentar un frente común para disputar al imperialismo norteamericano su parte del botín en el saqueo del mundo, enfrentando al mismo tiempo a los “países emergentes”. La UE, cuyo corazón es la zona euro,  no era, sin embargo, ningún Estado unificado sino un bloque regional imperialista de Estados, con un núcleo duro formado por el capitalismo alemán y francés (asociados a la vieja potencia británica, con sus intereses específicos en torno a la City y sus “relaciones especiales” con EEUU). Alrededor de dicho núcleo se agruparon imperialismos de segunda y tercera división, como Italia, el Estado español, Portugal o Grecia y, en una segunda corona, los países del Este, “anexionados” tras el proceso de ampliación y sometidos desde bien temprano a un proceso de recolonización por parte, ante todo, del capitalismo alemán.

El euro fue, desde su creación, un instrumento fundamental para lograr la hegemonía alemana sobre Europa. Sirvió para afirmar la preponderancia, en primer lugar, de la industria alemana, cuyas exportaciones a la periferia  se multiplicaron, en paralelo a la desindustrialización de ésta, cuyos grandes déficits comerciales eran ampliamente financiados con los excedentes de capital de  los bancos alemanes y franceses, que tampoco dudaron un instante en alimentar generosamente procesos especulativos como la enorme burbuja inmobiliaria española.

Conforme este proceso se desarrollaba y la periferia se sumergía en un mar de deudas, su banca y sus finanzas -dependientes de la financiación alemana y francesa- conseguían beneficios récord y afirmaban su predominio, junto a sectores como la construcción o la energía, que no representaban riesgo al dominio exportador alemán. Esta burguesía parasitaria de la periferia se convertía así en beneficiaria y agente del sometimiento a los imperialismos centrales.
 
El endeudamiento de las economías europeas y, en particular, de la periferia,  disparado a partir de la implantación del euro en 2000, formaba parte del proceso general de endeudamiento privado y especulación que se desarrollaba a escala mundial, con epicentro en el sistema financiero norteamericano (subprimes). Cuando la ola de endeudamiento general ya no bastó para prolongar la crisis de sobreproducción y la crisis capitalista finalmente reventó en 2008, los Estados salieron en masa a salvar a los banqueros y a los grandes capitalistas y dio comienzo la mayor guerra social contra la clase trabajadora y los sectores populares desde los años 30 del siglo pasado. En Europa, con la deuda privada de los bancos convertida en deuda pública y con la periferia fragilizada y masivamente endeudada, la crisis capitalista tomó a partir de 2010 la forma de crisis de endeudamiento público. La crisis de la deuda pública se ha convertido así en la gran justificación de la guerra social y  en el instrumento privilegiado del capital financiero para apropiarse de la riqueza a costa del empobrecimiento masivo de los pueblos. Es, al mismo tiempo, el arma para someter a los países de la periferia a los capitalismos centrales, en particular al alemán.

Deuda pública, recortes, contrarreformas y neocolonización
 
Los recortes criminales en los presupuestos públicos conllevan el desmantelamiento y privatización de los servicios públicos básicos de sanidad, educación, del sistema de pensiones y el aumento vertiginoso de la pobreza, mientras el desempleo (empujado por la recesión que los planes de austeridad acentúan) avanza disparado, alcanzando millones de hogares. Los recortes en los servicios públicos van de la mano de los planes de privatización del patrimonio nacional que aún permanecen en manos públicas. Y como parte inseparable del paquete, las contrarreformas laborales, que en Grecia, el Estado español, Portugal o Italia, liquidan la negociación colectiva y entregan  a los trabajadores a la arbitrariedad patronal, con todas las facilidades para despedir con costes ridículos y los medios para aplicar una reducción general de los salarios.

La salida burguesa de la crisis capitalista implica este aumento brutal de la explotación, en particular de la periferia del euro, con una plusvalía que debe ser drenada hacia los bancos franceses y alemanes, en un festín macabro en el que participan como cómplices y socios menores los bancos y grandes empresarios del país. Pero poner a los países de la periferia volcados al pago de la deuda exige su control político. Este proceso, que es parte constituyente de la ofensiva capitalista, viene ahondándose desde el estallido de la crisis de la deuda. En realidad, es ya algo evidente en Grecia,  que vive la degradación de su status nacional: de socio menor de los imperialismos centrales a la condición de neocolonia. Este movimiento, que tiene ritmos desiguales según los países, afecta a toda la periferia y es inseparable, además, de los procesos de bonapartización del régimen político, donde los gobiernos  se someten directamente a la UE, tienden a autonomizarse de las mayorías parlamentarias y a apoyarse crecientemente en el aparato de coerción estatal, extendiendo las medidas de represión y de restricción de derechos democráticos.

El saqueo de la periferia es inseparable de los instrumentos con que la burguesía europea lo lleva a cabo: la Unión europea y el euro, ahora reconfigurados alrededor de la “Unión fiscal”, votada a instancias de Angela Merkel, que acaba con la soberanía presupuestaria de los Estados de la periferia[1].

El proyecto del euro no está en discusión para los imperialismos centrales, aunque Grecia o incluso Portugal acaben fuera del mismo. El euro fue un paso significativo en la constitución de la hegemonía alemana sobre Europa y sigue siendo una pieza clavepara asegurarla y para competir con EEUU y Japón.

La burguesía de la periferia, dominada por las finanzas, no tiene reparo en colaborar en el proceso de sometimiento de sus países a los dictados del capitalismo alemán y francés, para poder así participar de la rapiña del capital imperialista alrededor del mundo. Son  los carroñeros de los grandes predadores.

Estamos en la cúspide de un largo proceso histórico de decadencia de las burguesías de la periferia europea. La UE y la moneda única fueron la ilusión para volver a su pasado imperialista y colonial, mientras el endeudamiento parecía ser el pasaporte de entrada en el club de los grandes.  Pero la crisis puso un final abrupto a las ilusiones. Las burguesías de la periferia europea ya no tienen margen de maniobra, su endeudamiento se ha convertido en su principal problema y está obligada a imponer un retroceso histórico a las conquistas sociales. Ahora, si quieren seguir como socios menores de los imperialismos centrales, aún con ritmos distintos, deben entregarles el país y asegurar que una parte mayor de la riqueza nacional vaya a manos de la banca alemana y francesa. Ese es el precio a pagar para seguir en el club. Por eso, no hay lucha posible contra el imperialismo alemán que no incorpore la lucha contra las burguesías de la periferia de Europa. 

Para los trabajadores, los sectores populares y la juventud de la periferia, no hay ninguna perspectiva de futuro en la UE y en el euro. Los gobiernos al servicio de la banca y de la UE,  sean de la derecha o de la socialdemocracia, dicen que “no hay futuro fuera de la UE” y que “salir del euro es el caos”. Pero el “caos” es el desempleo en millones de hogares; son los despidos y los cierres de empresas; es no poder llegar a fin del mes con salarios y pensiones miserables; son las escuelas sin calefacción y con profesores con salarios recortados y cada vez mas precarizados; es el deterioro general de la sanidad pública o el tener que pagar para ser atendido en un hospital. Así, de la misma manera que mantenerse en la UE y en el euro es una necesidad de las burguesías decadentes de la periferia, para la inmensa mayoría equivale al empobrecimiento y la ruina social.

Intentan hacer pagar a los trabajadores y a los sectores populares la permanencia en el euro y la UE con inmensos sufrimientos. Y no obstante, sectores importantes de la patronal y del gobierno alemán se muestran ya claramente partidarios de la salida de Grecia y Portugal de la moneda única. Su problema sería, en verdad, el cuándo y el cómo: no quieren antes de consumar el pillaje, pero sobre todo deben hacerlo de forma “ordenada” y controlada, pues no pueden permitirse un contagio que arrastre a Italia o al Estado español y haga explotar la zona euro, provocando un tsunami financiero de alcance europeo y mundial.

Se acabó la etapa del estado del bienestar
 
No estamos ante un cambio más, sino ante un proceso de cambio cualitativo de las relaciones entre las clases dentro de cada país y de las relaciones entre los países europeos entre sí. Un cambio en el que deuda pública, recortes, contrarreformas y neo-colonización de la periferia forman un cuarteto inseparable con el que los imperialismos centrales europeos quieren asegurar su hegemonía y fijar las bases para competir con el imperialismo norteamericano.

No hay opción de vuelta atrás al viejo escenario anterior a la crisis. Sea cual sea el desenlace del proceso en curso, el Estado del Bienestar se acabó, del mismo modo que  se terminó la UE anterior a la crisis. Ahora una parte importante de la riqueza nacional de la periferia no podrá ser repartida y debe ser expatriada en beneficio de los imperialismos centrales. Ya no va a ser posible mantener la paz interna entre las clases con ayuda de presupuestos públicos que distribuyan salario indirecto (educación, sanidad, pensiones) entre la mayoría de la población. En este contexto, las victorias parciales de los trabajadores ya no van a dar lugar a conquistas estables y sólo pueden ser antesala de batallas más encarnizadas. El desenlace último será o bien un retroceso histórico de la clase obrera europea en el cuadro  de  una UE hegemonizada por el imperialismo alemán o bien la ruptura con la UE y el euro y la apertura de una vía internacionalista revolucionaria.

La socialdemocracia y las burocracias sindicales
 
Para avanzar en la lucha por mantener sus conquistas y enfrentar a los gobiernos, los trabajadores tienen un gran obstáculo a enfrentar, que son los partidos socialdemócratas griego, español, portugués o italiano, que desde el gobierno no han dudado en aplicar los planes de la UE y los banqueros y que, después, desde la oposición, hacen frente común y no obstaculizan realmente los gobiernos de derecha o "técnicos" que los han sustituido y que son ahora los responsables de imponer los planes de saqueo y empobrecimiento.
                                                                                                
Un gran desafío que tenemos por delante es superar la enorme traba impuesta por las burocracias sindicales. Cuando  la ferocidad de los ataques exige una respuesta general unificada en cada país, en la periferia y a escala europea, estas  burocracias, organizadas en la CES, se limitan a negociar,  país por país,  la intensidad de los ataques, convocando movilizaciones que no cuestionan a los gobiernos y ni siquiera se plantean el objetivo derrotar las reformas laborales y echar atrás los “planes de austeridad”.  En realidad, jamás han cuestionado el pago de la deuda pública a los bancos, ni la política de austeridad como tal, ni mucho menos aún la pertenencia al euro y a la UE, de la que son abanderados. Su oposición se  limita a pedir que  los recortes sean más suaves y a solicitar una reforma fiscal. Su verdadera preocupación es negociar la continuidad de sus propios privilegios, ahora directamente atacados o, en cualquier caso, disminuidos y amenazados por las reformas y los recortes.

En este momento, nuestros países viven un complejo, rico y desigual proceso de reorganización frente a la burocracia sindical. Este proceso se expresa, en algunos casos, en la formación de organizaciones sindicales alternativas, en otros casos, en oposiciones sindicales y, en el caso de Grecia, en comités electos y movimientos de coordinación desde la base. Desarrollar este proceso exige no solo romper con los viejos y carcomidos aparatos burocráticos sino, más aún, unificar todo este movimiento de oposición a la burocracia  bajo las banderas de la independencia de clase y de la democracia obrera, superando todo sectarismo de aparato y avanzando hacia la construcción de un sindicalismo combativo y de masas que sea una alternativa al control de las burocracias.  Esta lucha va a exigir una adecuada combinación entre la denuncia de la burocracia sindical y su emplazamiento ante los trabajadores a que asuma su responsabilidad  en la lucha.

No es justificable la negativa de la burocracia sindical a la convocatoria urgente de jornadas unitarias de huelga y de lucha a escala de la periferia del euro y europea. No se puede entender cómo, ahora mismo, pueden estar convocadas dos huelgas generales, una en Portugal y otra en el Estado español, con una semana de diferencia. La principal fuerza de nuestros enemigos es precisamente nuestra división país a país, mientras ellos están unidos y disciplinados por la UE. No podemos derrotar sus planes sin unir internacionalmente nuestras fuerza, del mismo modo que no hay “salidas nacionales” a la crisis. Por eso es fundamental acompañar todo este movimiento con  pasos efectivos en la coordinación del sindicalismo combativo europeo.

La izquierda europea y el programa ante la crisis
 
El cruce de caminos de la historia de Europa también pone a prueba a las organizaciones políticas de la izquierda. Los “europeístas”, como el Bloco de Esquerda de Portugal, no consideran otra opción que mantener el pago de la deuda a los banqueros, eso sí, convenientemente “reestructurada”. Según Louçã, el principal dirigente del Bloco, permanecer en el euro y en la UE es algo irrenunciable y, sobre esa base, hay que negociar el tamaño de la austeridad. Esta posición es coincidente con la del PC portugués que, a su vez, dirige la burocracia sindical de la CGTP. Pero Louçã vive en un continente que sólo existe en sus sueños, porque la Europa de verdad, la UE,  no admite negociación alguna sobre el Estado de Bienestar en la periferia. Esta política del Bloco, y del PCP, mantiene a los trabajadores pegados a su burguesía y a la UE y sin alternativas frente al empobrecimiento y el expolio. Una política similar es defendida en Grecia por Syriza[2] , que también dice que  hay que “reestructurar la deuda”, es decir, reducirla, abaratarla y alargarla…para seguir pagando.

Estos partidos se niegan  a plantear el no pago de la deuda y también rechazan hasta la inmediata suspensión del pago de la deuda pública,  pues son conscientes de que ello arrastraría a la salida del euro y a la ruptura con la UE,  lo que, desde su punto de vista, equivale a la ruina completa del país. Pero esta es una política ciega y suicida, que hace el juego al imperialismo alemán y francés. Porque todos saben que la deuda griega, o la portuguesa, son simplemente impagables y  que la UE sólo busca el saqueo del país. Mientras Grecia y Portugal se  hunden aceleradamente, estos partidos se dedican a alertar sobre su hundimiento y a proponer como solución hacer más cómodo el tamaño de la soga de la que cuelgan los trabajadores y los sectores populares.  

El partido de la Refundazione Comunista italiano se limita a una crítica chovinista al gobierno Monti por haber “cedido soberanía a Alemania”, pero Monti también representa al imperialismo italiano, que es cómplice necesario de Angela  Merkel. La intención de los dirigentes de Refundazione es volver por la tercera vez al gobierno con la misma burguesía imperialista italiana que hoy sostiene Monti.

En cuanto al NPA francés, su candidato a la presidencia, Philipe Poutou, afirma: "creemos que la única manera de poner fin a los dictados de la rentabilidad y la competitividad [de la UE] es la construcción de una Europa de los pueblos. El verdadero problema no es si estamos ‘a favor’ o ‘en contra’ de Europa"[3]. Pero no vale hacer trampa. El problema no es si estamos ‘a favor’ o ‘en contra’ de Europa en general, sino de la Europa particular y concreta que hoy existe, esa Europa imperialista que es la Unión Europea, instrumento de opresión y colonización de los pueblos de Europa al servicio de los imperialismos centrales. 

A los trabajadores griegos, portugueses,  italianos o del Estado español no se les puede decir que hace falta “una ruptura económica y social con el sistema capitalista” en general y dejar de lado el problema real del pillaje de sus países a través de la UE y del euro. No se puede hablar de  política anti-capitalista en serio si se elude el enfrentamiento con la forma concreta en que la burguesía europea golpea a la clase trabajadora y los pueblos de Europa.

El programa de Philipe Poutou es el del NPA y el del Secretariado Unificado afirma: “En Europa, la respuesta a la crisis no es el proteccionismo nacionalista y la salida del euro. Eso llevaría a una competencia exacerbada entre los países europeos y a nuevos ataques contra los pueblos (…)  por no mencionar el desarrollo de los movimientos chovinistas y xenófobos. La respuesta que se necesita es una Europa, social, democrática y ecologista,  que rompa con las políticas e instituciones europeas[4].
 
Por supuesto, no podemos sino concordar con el rechazo al proteccionismo nacionalista,pero no estamos de acuerdo en que, de nuevo, se haga  trampa. Porque lo que están defendiendo de verdad el NPA y el SU es que no hay más opción a la ruptura con el euro y la UE que el proteccionismo nacionalista burgués. Y esto no es verdad. Este dilema es efectivamente el de las burguesías europeas, en particular las de la periferia, pero no el de la clase trabajadora y la  izquierda. La burguesía y los gobiernos de la periferia amenazan, un día sí y otro también, con que la salida del euro equivale a precipitar a los países en el abismo. Pero lo único seguro es lo contrario: los planes a los que condicionan la permanencia de los países de la periferia en el euro y la UE son la condena segura de  los trabajadores y los sectores populares al empobrecimiento y la ruina social.

Poutou dice que las medidas necesarias para que los trabajadores no paguen por la crisis del capital son las que abren el camino a “una ruptura económica y social con el sistema capitalista”, pero eso significa romper con la UE y el euro, eso sí, en el marco de una salida internacionalista a la Europa del capital.

El NPA, con esta política, acaba entregando a la ultraderecha del Front National la bandera de la ruptura con el euro y la UE, ya que no deja sino dos opciones: quedarse en el euro y la UE (justificándolo con una retórica cada vez más hueca acerca de un pretendido proceso constituyente que  reformaría unas instituciones irreformables y armonizaría socialmente la UE por arriba) o abrir el paso al Front National y su política xenófoba. Pero el NPA deja de lado otra alternativa, en realidad  la única que puede ofrecer una salida favorable a la crisis histórica del capitalismo europeo: romper con el euro y la UE, demoler este engendro antidemocrático y antisocial del capital financiero que es la UE y levantar la bandera de la solidaridad internacionalista y de la lucha por una nueva Europa, la de los trabajadores y los pueblos, la de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
 
Un programa frente a la catástrofe
 
La solución para detener la catástrofe que asola Grecia y se abate sobre la clase obrera, la juventud y las clases medias de los países de la periferia, sólo es posible rompiendo con la sangría y el pillaje de los países y uniendo fuerzas. La lucha inmediata es, por supuesto,  echar atrás los recortes, las reformas de las pensiones y laborales, conscientes de que elloexige unificar las luchas en cada país y ofrecer una respuesta común en toda la periferia europea.
 
Pero parar la sangría exige como medida imprescindible e imperiosa el No pago de la deuda a los banqueros y fondos especulativos. Ningún euro de los presupuestos públicos debe ir a los banqueros sino a las necesidades sociales! Es urgente unir en cada país y coordinar en toda la periferia europea, a todas las fuerzas dispuestas a luchar por ello, con el fin de convertir esta exigencia en un gran movimiento de masas

Los tertulianos a sueldo del capital agitan en los medios de comunicación con el argumento de que esta medida llevaría a una quiebra catastrófica  de los bancos y, tras ellos, de la economía. Pero eso tiene una respuesta sencilla: hay que estatizar los bancos (expropiando a los grandes accionistas e inversores), unificarlos y ponerlos bajo control de los trabajadores y las organizaciones populares, salvaguardando los depósitos de los pequeños ahorradores y poniendo el crédito al servicio de reorganizar la economía en beneficio de la inmensa mayoría.

No  hay cómo conciliar las necesidades básicas de los trabajadores y el pueblo  y el “rescate” de los bancos. Toda medida seria para rescatar a la población  trabajadora chocará directamente con las necesidades vitales de las burguesías de la periferia y los imperialismos centrales. Por ello la salida del euro y la ruptura con la  UE emerge como una necesidad política inmediata si de lo que se trata es de rescatar a los trabajadores.

Sabemos que el país que tome este camino se va a enfrentar a un boicot despiadado para hundirlo. Por eso, como medidas elementales de autodefensa y como medio necesario para organizar adecuadamente su economía, deberá establecer el monopolio estatal sobre el comercio exterior y el pleno control de los movimientos de divisas, así como nacionalizar las empresas estratégicas, poniéndolas bajo control de los trabajadores. De la misma manera, para asegurar el trabajo para todos y acabar con la precariedad laboral, deberá repartir el trabajo entre todos  (escala móvil de horas de trabajo),  poner en marcha un amplio plan de obras públicas y reorganizar la industria y los servicios.

La crisis griega, como avanzada de las crisis de la periferia, muestra que la única clase que puede impedir la bancarrota del país, parar la profunda deriva antidemocrática e impedir el pillaje del país, es la clase trabajadora. Pero ello exige acabar con el gobierno títere de la UE y sustituirlo por un gobierno de los trabajadores y el pueblo,  apoyado en las organizaciones que sustentan la movilización en las empresas y en las plazas. Sólo un gobierno así puede  tomar las  medidas necesarias que  hemos explicado.

Esto no es, por lo demás, una alternativa limitada a Grecia. La lucha y el triunfo en un país, desde una perspectiva histórica, no es sino una solución provisional, porque sin la solidaridad internacionalista de los trabajadores del continente y del mundo, cualquier movimiento revolucionario está condenado al fracaso. Por otro lado (a diferencia de lo que proclama el KKE - partido comunista griego), no hay posibilidad material alguna de construir el socialismo si no lo hacemos a escala europea y, más  allá todavía,  a escala mundial. De ahí la necesidad vital de recuperar la perspectiva de la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa, retomando la bandera de la III Internacional antes de caer bajo las botas de Stalin.

Este es el compromiso de las organizaciones europeas de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI), es la lucha que queremos llevar juntos, codo a codo  con a los militantes y activistas. Es decir llamamos a los trabajadores, la juventud y el pueblo a luchar por una salida obrera a la crisis que exige plantear la cuestión del poder para la clase obrera. Es en esta lucha que queremos construir nuestras organizaciones y reconstruir la Internacional revolucionaria que necesitamos como el aire que respiramos.

Marzo 2012
 

[1] a) habrá sanciones automáticas a todos los países que sobrepasen el límite de déficit público fijado; b) el Tribunal de Justicia europeo podrá multar a los Estados que no aprueben las leyes que garanticen el pacto presupuestario; c) el Eurogrupo (consejo compuesto por los ministros económicos) tendrá la última palabra sobre los presupuestos de los Estados, que antes de ir a los parlamentos, pasarán por la criba de Alemania; d) la Comisión europea dictará las líneas de política económica a los gobiernos
 
[2]SYRIZA (“Coalición de la Izquierda Radical”) frente electoral lanzado en 2004 y compuesto por varias organizaciones de la izquierda griega y personalidades políticas. La principal organización es Synaspismos (SYN- Coalición de la Izquierda de los Movimientos y Ecología). Tiene nueve diputados en el parlamento.

[3]http://poutou2012.org/L-Europe-fragilise-t-elle-ou

[4] Informe aprobado por el Comité Internacional del Secretariado Unificado. 22 de febrero de 2011. Las negritas son nuestras.

Armar a los revolucionarios para derrocar a Bashar y retomar las colinas del Golán





Escrito por Mohamed El-Kadri   
Martes 03 de Abril de 2012
Hace un año, el 15 de marzo, comenzó la revolución siria. Inspirada en las revoluciones tunesina, egipcia y libia, la población de Deraa salió a las calles para protestar contra el apresamiento de niños que, supuestamente, pintaron un muro para exigir reformas. La respuesta del dictador Bashar fue rápida y cruel. Comandada por su hermano Maher, la cuarta división asesinó a disidentes, sofocando las protestas en Deraa.

Sin embargo, la revolución se radicalizó y se nacionalizó. Todo el viernes fue la misma cosa. De Deraa a Idlib, pasando por Hama y Homs, y de Deir el Zour a los suburbios de Damasco, el pueblo salió a las calles cantando: “Desaparece Bashar”. Se formaron los Comités de Coordinación Local en varias ciudades, villas y barrios. En todas las manifestaciones hay cristianos, drusos, curdos, ismaelitas y alauitas, junto a sunitas que cantan: “Uno, uno, uno, el pueblo sirio es sólo uno”.

Las vísperas del Ramadan, las movilizaciones en Hama llegaron a 500 mil personas. Durante el Ramadan, temiendo que las movilizaciones semanales se convirtiesen en diarias, Bashar atacó Hama, matando cientos de sirios.

Aún así, las movilizaciones continúan en varias ciudades. La economía está casi paralizada. La producción agrícola se desplomó, la inflación es de 20% al año, y la libra siria cayó a la mitad frente al dólar, en un año. Los soldados se niegan a atacar a los manifestantes y desertan. Surge el Ejército de Siria Libre.

Ahora Bashar realizó otra masacre ejemplar. Por tres semanas atacó barrios de Homs, arrasando Bab Amr Homs, esa ciudad maravillosa, que tiene un alto grado de organización. El periodista Nir Rosen, de Al Jazeera, describe, en un artículo: “El Consejo Revolucionario de Homs fue formado en setiembre. El tiene comités de seguridad, medios, manifestaciones, asistencia médica, ayuda humanitaria y asuntos legales. En enero, ellos alimentaban a 16 mil familias en toda la provincia. Se eligió a su dirigencia y vive clandestinamente”. Eso muestra que la revolución no es una creación extranjera, como dice Bashar, sino una verdadera revolución popular, con líderes en cada ciudad siria.

La masacre en Homs y en otras ciudades pone en primer plano la necesidad del armamento para se defender de la violencia del régimen.

El mismo periodista de Al Jazeera escribe: “La insurgencia siria no está bien armada, ni bien financiada”. Los revolucionarios compran sus armas de contrabandistas que las traen de Irak, Líbano y Turquía. O, incluso, de integrantes del propio ejército sirio. Pero, eso no es lo suficiente para enfrentar a Bashar. La mayor parte del financiamiento viene de sirios viviendo en el exterior.

La intervención extranjera no es una solución. Si la revolución avanza, es posible que el imperialismo o la Liga Árabe intervengan. Pero, el objetivo de ellos no es fortalecer la revolución, sino paralizarla y destruirla. Los países imperialistas quieren defender sus intereses económicos y políticos, que están amenazados por la revolución. La Liga Árabe teme que una victoria de la revolución alimente movimientos semejantes en sus países.

La propuesta de la Liga Árabe, apoyada por Estados Unidos y los países europeos, es que Bashar se aleje del gobierno y su vice asuma, negociando con la oposición. Ahora, el régimen no es sólo Bashar, sino la banda que está con él. En esa propuesta de las dictaduras árabes, Maher Assad, el asesino hermano de Bashar, continuaría al frente de la cuarta división del ejército.

Hasta el momento, las potencias imperialistas no quieren intervenir, ni las dictaduras árabes. Esa es la conclusión del sociólogo Immanuel Wallerstein: “Por más que sea elevado el volumen de la retórica y por más terrible que sea la guerra civil, nadie quiere realmente que Assad salga. Arabia Saudita, Estados Unidos, Israel, Turquía y Francia, ninguno de esos países quiere intervenir directamente en el conflicto sirio”.

La solución es exigir que todos los países proporcionen armas para que los revolucionarios sigan la lucha. El pueblo sirio tiene el derecho de decidir democráticamente el rumbo de su país y de armarse. Con armas, el ejército se va a dividir, y la revolución va a vencer.

La revolución en Siria sólo va a estar completa con la caída de Bashar y de las élites dominantes, y con la recuperación de las colinas del Golán. Los revolucionarios tienen que declarar, desde ya, que no van a colaborar con Israel, como Bashar ha hecho. La recuperación de las colinas será un golpe contra Israel y va a fortalecer la lucha de los palestinos. ¡Revolución, hasta la victoria siempre!

Nacionalistas e “izquierdistas” apoyando a la dictadura

Bajo el alegato de que se ubican en defensa del pueblo sirio, líderes nacionalistas como el presidente Chávez y Fidel Castro, juntamente con Hezbollah y los partidos comunistas en todo el mundo, en la práctica están apoyando la dictadura de Bashar.

Al inicio, decían que el régimen de Baath era antiimperialista. Pero, ¿cómo explicar que ese régimen mandó 5 mil soldados para combatir a Saddam Hussein junto a Estados Unidos y a las potencias europeas en la primera guerra del Golfo? ¿Cómo explicar la invasión del Líbano en 1976, atendiendo un pedido de Kissinger para atacar al Movimiento Nacional Libanés, liderado por Kamal Jumblatt, con la participación de la OLP (Organización por la Liberación de Palestina), de los chiítas, de los sunitas y de los varios partidos comunistas, que estaban a las puertas de tomar el poder en Líbano contra las fuerzas fascistas de la Falange? ¿Cómo explicar la pasividad del régimen sirio frente a la ocupación de las colinas de Golán por Israel? Hoy, la frontera con Siria es la más segura para Israel.

Escribe Immanuel Wallerstein: “Siria ha sido un vecino árabe relativamente tranquilo, una isla de estabilidad para los israelíes. Sí, los sirios ayudan a Hezbollah, pero Hezbollah también se ha mantenido calmado”. El concluye: “¿Por qué los israelíes querrían correr el riesgo de una turbulenta Siria post baathista? ¿Quién asumiría el poder? ¿No querrían reforzar sus credenciales ampliando la Jihad contra Israel? Y la caída de Assad, ¿no avalaría la estabilidad relativa de la que parece ahora disfrutar el Líbano? ¿El resultado no acabaría por ser una renovación del radicalismo de Hezbollah? Israel tiene mucho que perder, y casi nada por ganar, si Assad cayera”.

Otro argumento de los colaboradores de Bashar es que Siria apoya a los palestinos. Todos conocen la famosa frase de Yasser Arafat sobre el régimen sirio: “Assad fi Lubnan wa arnab fi jaulan” -Assad es un león en Líbano (contra los palestinos) y un cordero en las colinas del Golán (contra Israel). El régimen sirio nunca reconoció a la OLP y ayudó a expulsarla del Líbano, en 1982. Los palestinos saben de eso. Muchos luchadores pasaron por las prisiones del régimen sirio. Muchos palestinos no apoyan a Bashar. Ismail Hanieh, de Hamas, declaró: “Un pueblo que lucha por libertad y justicia contra la ocupación sionista de Palestina, jamás podría apoyar a un régimen que mata a su pueblo que pide libertad y justicia”. Cien intelectuales palestinos hicieron un manifiesto apoyando la revolución en Siria. Y el periodista Nir Rosen, de Al Jazeera, informa en dicho periódico que varios grupos palestinos están ayudando a la revolución dentro de Siria.

Por último, la llamada injerencia extranjera del imperialismo y de las dictaduras del Golfo, en Siria. En primer lugar, los colaboradores de Bashar no hacen mención a la interferencia de Rusia y de Irán, que han dado asistencia logística al régimen. En segundo lugar, si Estados Unidos, Europa y la Liga Árabe hubiesen intervenido, Bashar ya estaría depuesto. Ellos no darán ni lo mínimo, que son armas, para el pueblo sirio, para defenderse de la dictadura. Por eso, Bashar masacra al pueblo sirio impunemente, como hizo en Bab Amr.

Para terminar, un llamado, en particular a Hezbollah. Ustedes conocen lo que fue la ocupación siria en el Líbano, por 30 años. Ustedes saben que, a la primera oportunidad, Bashar va a negociar con Israel y entregar a Hezbollah como moneda de canje. Ustedes saben de las masacres que Bashar está haciendo contra su pueblo, y hay miles de refugiados en el Líbano. Es hora de cambiar de posición. Hezbollah tiene que seguir el ejemplo de Hamas, romper con Bashar y apoyar la revolución. Ese es el camino de la liberación del mundo árabe frente a Israel y al imperialismo.

Fuente: Al Thawra nº 1, marzo/abril 2012

Traducción Laura Sánchez

jueves, 5 de abril de 2012

Malvinas: A las organizaciones obreras de Gran Bretaña



Escrito por Organizaciones firmantes   
Jueves 05 de Abril de 2012
Las organizaciones sindicales, sociales y políticas argentinas que suscribimos esta declaración nos dirigimos a las organizaciones de la clase obrera inglesa para coordinar pronunciamientos y acciones de condena a la agresión del gobierno inglés sobre nuestro país.

A 30 años de la Guerra de Malvinas estamos viviendo una provocación de parte del gobierno conservador de Inglaterra. Hay un incremento de las fuerzas militares en el Atlántico Sur, que se suma a la amenazante presencia de la Base de la OTAN en el territorio usurpado de las Malvinas. Esta escalada es producto evidente de la necesidad del imperialismo inglés de reafirmarse como potencia económica, política y militar. Su objetivo es consolidar su dominación, intensificar el saqueo de nuestro petróleo y riquezas naturales, y sostener una posición geopolítica estratégica, con proyección sobre la Antártida y todo el Atlántico Sur.

Dirigimos un llamado a nuestros hermanos de clase, para rechazar juntos estas acciones y pronunciarnos por el respeto a la soberanía argentina sobre las Malvinas. Eso solo puede lograrse a través del inmediato retiro de las fuerzas militares inglesas y el reconocimiento de la pertenencia de las islas a nuestro país.

Firman:

Agrupación 29 de Mayo, Asambleas del Pueblo, Barrios de Pie, CADHU, Convergencia Socialista, CCC - Corriente Clasista y Combativa, CEPA - Corriente Estudiantil Popular Antimperialista, CUBA MTR – MIDO, Izquierda Socialista, Jóvenes de Pie, JCCC - Juventud de la Corriente Clasista y Combativa, JCR - Juventud Comunista Revolucionaria, Liberpueblo, Libres del Sur, Movimiento Sin Tabajo "Teresa Vive", MST - Movimiento Socialista de los Trabajadores, Movimiento Universitario Sur, MUMALA - Mujeres de la Matria Latinoamericana, Nuevo MAS - Movimiento al Socialismo, PCR - Partido Comunista Revolucionario, PRML - Partido Revolucionario Marxista Leninista, PSA – Partido Socialista Auténtico, PSTU - Partido Socialista de los Trabajadores Unificado, Proyecto Sur, Sudestada Secundarios

¿Por qué es necesaria una internacional trotskista?



Escrito por Francesco Ricci   
Jueves 05 de Abril de 2012
El avance de la lucha de clases y la necesidad de una dirección revolucionaria

“El centro de gravedad de la organización de clase del proletariado se encuentra en la Internacional”,
Rosa Luxemburgo
(La crisis de la socialdemocracia, 1915)

Una de las grandes contradicciones que vivimos es aquella entre el nacimiento, en los últimos dos años, de movimientos, luchas y revoluciones, a nivel internacional, en cada continente, y la simultánea ausencia de una internacional de los trabajadores, de un partido mundial. Esto es, por su parte, el resultado de la madre de todas las contradicciones, señalada por Trotsky ya hace setenta años: aquella entre la maduración de las condiciones objetivas para poner fin al capitalismo, y la inmadurez de las condiciones subjetivas, esto es la falta de una dirección revolucionaria que pueda cumplir esta obra gigantesca. Sobre esto se refería Trotsky, escribiendo, en el Programa de Transición que, “la crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria.” (1).

Nosotros pensamos que fue realmente esta contradicción la que impidió, hasta aquí, el desarrollo, en diversos países, de la lucha contra las medidas de austeridad de los gobiernos burgueses, donde ella está aún en un nivel atrasado (como es el caso de Italia o de Alemania); lo que vuelve difícil la salida revolucionaria en otros países donde, al contrario, la lucha está muy avanzada (en Grecia, por ejemplo). Y, también, lo que impidió, hasta ahora, la victoria efectiva de las revoluciones ya iniciadas hace más de un año e, incluso, en curso en el norte de África y en Medio Oriente.

Por esto, nos parece útil tratar de resumir aquí por qué, para nosotros, es indispensable avanzar en la construcción de una Internacional Revolucionaria y por qué pensamos que esa sólo puede ser la Cuarta Internacional: un proyecto en el cual están empeñadas, actualmente, las secciones de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT – Cuarta Internacional), en decenas de países y en los diversos continentes, a partir de Europa.

La LIT no tiene la pretensión de ser, hoy, la Cuarta Internacional. Trabaja por su reconstrucción, después que varias crisis, posteriormente a su fundación en 1938, destruyeron, de hecho, la organización fundada por Trotsky: pero este tema será objeto de un futuro artículo.

¿Por qué es necesaria una Internacional Revolucionaria? Trataremos de responder a esta pregunta en tres partes, para enseguida ver quién hoy propone realizar esta tarea en Italia.

Primero: porque la lucha de clases es internacional

En la Revolución Permanente, Trotsky escribe: “(...) el carácter internacional de la revolución socialista es la consecuencia de las condiciones de la economía y de la estructura social de la humanidad. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino el reflejo político y teórico del carácter internacional de la economía, del desarrollo mundial de las fuerzas productivas y de la extensión mundial de la lucha de clases” (2).

En otras palabras: el capitalismo es un sistema internacional y, ciertamente, el socialismo -una sociedad cualitativamente superior al capitalismo- no podrá construirse sobre bases nacionales, más atrasadas (como la propia experiencia de la caída de la URSS burocratizada lo demuestra): al contrario, tendrá necesidad de construirse a una escala internacional.

Pero, eso no es un problema para el futuro, o sea, no es una cosa que se ubicará después de una revolución victoriosa. El internacionalismo define el camino hasta la revolución, es la única ruta que la vuelve posible.

Segundo: porque las luchas no bastan, es necesario el partido

Este punto es el más importante, pero es, también, aquel que discutiremos más rápidamente.

Véase cuánto tenemos escrito en relación al partido nacional: sin partido revolucionario no existe teoría revolucionaria, ni movimiento revolucionario.

En lo que dice respecto a los reflejos prácticos, visibles a los ojos, basta pensar en la necesidad evidente, urgente, imperiosa de unir las luchas que están desarrollándose en diversos continentes y países. Así como unir las luchas en un mismo país, superando el aislamiento de cada una de ellas, quebrando las intenciones de la burguesía de enfrentar a los proletarios de países diferentes (y de etnias u orígenes diferentes, nativos e inmigrantes), permitiendo, al contrario, amplificar la fuerza y la unión internacional. La comparación (en primer lugar) y la coordinación (en segundo lugar) entre las diversas experiencias, ya permitiría hoy dar gigantescos saltos adelante, usando la fuerza de las situaciones más avanzadas (las revoluciones en los países árabes) para empujar las luchas hacia Europa; y hacer, enseguida, la ligazón de las luchas de Europa (por ejemplo, en Grecia) con los países donde la lucha aún está más atrasada.

Sin una Internacional de este tipo, por el contrario, todo el coraje y los esfuerzos de las masas en lucha, todas sus victorias parciales (como fue el derrocamiento de los gobiernos y regímenes en el norte de África), están destinadas a la derrota. No sólo eso: reformistas y stalinistas, hoy como antes, se mueven sobre bases nacionales y, a veces, nacionalistas. Véase a Ferrero que ataca a Monti [primer ministro de Italia] por ser... subalterno de Alemania. O al pequeño grupo de Red de los Comunistas (que, sin embargo, dirige en la sombra a la central sindical USB) que hizo un video que exalta a Italia contra Alemania (usando la metáfora futbolística) (3).

Tercero: porque la Internacional no nacerá como una sumatoria de partidos

Algunos teorizan la formación de partidos primero y solamente enseguida la de una Internacional. Pero, la construcción de una Internacional y, simultáneamente, de sus secciones, es la única garantía de construir los mismos partidos, con base en un programa realmente internacionalista (y, por lo tanto, comunista), sustrayéndose las presiones nacionales y burguesas. Fueron estas presiones las que llevaron a la explosión de la II Internacional, el 4 de agosto (capitulación a la burguesía en la Primera Guerra Mundial) y la disolución, a manos del stalinismo, de la Tercera Internacional.

La Internacional y los partidos que la componen sólo pueden ser construidos en un proceso combinado: no se trata de tirar primero las paredes nacionales y después colocar por encima la Internacional, como si fuese el techo de una casa. La relación entre la construcción nacional e internacional es dialéctica.

Ciertamente, el desarrollo de los partidos es fundamental para el desarrollo de la Internacional; pero, ningún partido puede dar el salto fundamental (llegar a dirigir una revolución y tomar el poder) sin la ayuda, la elaboración, el apoyo, la participación de la Internacional.

El propio programa revolucionario puede ser elaborado solamente a escala internacional. En un texto de 1928, Crítica al proyecto de Programa de la Internacional Comunista, Trotsky escribe: “El partido revolucionario puede basarse solamente en un programa internacional (...). El programa comunista internacional no es, nunca, la sumatoria de los programas nacionales (...). El programa internacional debe fundarse sobre el análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político en su totalidad, teniendo en cuenta todas las respectivas conexiones y contradicciones, o sea, la interdependencia recíprocamente antagonista de sus diferentes elementos. En la época actual, aún más que en el pasado, la orientación nacional del proletariado debe y puede encontrar el origen solamente en una orientación mundial, y no al contrario. Esta es la diferencia principal y básico entre el internacionalismo comunista y todas las variantes de socialismo nacional” (4).

No una Internacional cualquiera: la Cuarta

¿Qué otras fuerzas del movimiento obrero, a excepción de los trotskistas, dan batalla, al mismo tiempo, contra la burguesía (tanto aquella “democrática” como la fascista) y contra los agentes de la burguesía en el movimiento obrero (reformistas y stalinistas)? ¿Qué otras corrientes del movimiento obrero defienden y desarrollan al marxismo, sin convertirse en una secta estéril, como se transformaron todos los remanentes del bordiguismo [corriente dentro del PCI con origen en las primeras décadas del siglo XX], fuera del trotskismo?

Ninguna. Solamente los trotskistas consecuentes reivindican aquello que, en el fondo, sólo es el ABC del comunismo de Marx en adelante: la construcción de un partido de vanguardia, la independencia ante la burguesía y sus gobiernos, para ganar, al calor de las luchas de las masas, la destrucción revolucionaria del capitalismo y para la instauración del poder de los trabajadores, o sea, la dictadura del proletariado, primer paso hacia el socialismo y la desaparición definitiva de la división en clases de la sociedad.

Esto explica porque, según nosotros, hoy decir “trotskismo” equivale a decir marxismo. El trotskismo es el marxismo de nuestros días. Y ya que la Internacional, que es necesaria y que deseamos y que estamos formando, debe basarse en el marxismo y no, evidentemente, en cualquier variante reformista, esta Internacional no podrá ser otra que la Cuarta, donde el número, como explicaba Trotsky, indica un programa, una perspectiva.

Italia: otros tres grupos se reivindican del trotskismo, pero...

En un texto de los años treinta, “El centrismo y la Cuarta Internacional”, delineando las características que definen las fuerzas centristas (esto es, oscilantes entre los reformistas y los revolucionarios), además del eclecticismo, del desprecio a la teoría, de la aversión meramente formal al reformismo, Trotsky escribe: “En el plano internacional, el centrista se caracteriza, sino por su ceguera, por lo menos por su miopía. No comprende que, en la época actual, el partido revolucionario nacional sólo puede ser construido únicamente como parte de un partido internacional”.

Hoy, en Italia, existen, además del PdAC, otras tres organizaciones que se reivindican del trotskismo o que tienen, en él, su origen. Sin embargo, ninguna de éstas forma parte de una Internacional efectivamente actuante sobre bases trotskistas, o sea, sobre el programa del marxismo revolucionario (5).

Ni siquiera Sinistra Critica [Izquierda Crítica], siendo, incluso, heredera de uno de los principales troncos del trotskismo: el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (SU). El SU está, hace algunos años, en crisis, habiendo perdido, de hecho, después de una política cada vez más oportunista, las principales secciones nacionales. En Brasil, se dividió en pedazos, después de sostener y participar en los gobiernos de Lula. En Francia, después de la transformación de la LCR en NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), la propia afiliación formal fue anulada. El NPA no es más “sección” del SU, en el cual, algunos de sus miembros apenas participan individualmente. La misma cosa vale para la ex sección italiana, de la cual la última expresión es Sinistra Critica. No solamente eliminó cualquier referencia al trotskismo (considerado casi como un pecado de juventud), sino que ahora mantiene, con la organización internacional, solo una relación individual (definida “de solidaridad”) por parte de algunos de sus miembros.

Dejando de lado la forma más bien federalista, el proyecto declarado de quien permaneció en el SU es la construcción de una Internacional (y de partidos) que unan revolucionarios y reformistas, inevitablemente sobre un programa no revolucionario. En los textos de Sinistra Critica se utiliza la idea de “recojamos las banderas de un verdadero reformismo, desechada por los reformistas” y una convocatoria a una especie grotesca de futuro “retorno” a la Primera Internacional: como si, por el camino no hubiesen existido algunas otras Internacionales (la II, la III, la IV) y, también, la revolución rusa; como si no fuese el propio Marx quien batalló por disolver a aquella “unión ingenua” (la I Internacional) para “constituir una Internacional enteramente marxista”, conforme a la expresión de Engels.

Bajo un aspecto (el organizativo) es diferente la situación de Falcemartello [Hoz y Martillo], que se reivindica del trotskismo, aunque haya retirado de su programa las posiciones fundamentales del marxismo sobre el Estado. Este grupo, interno al PRC (Partido de la Refundación Comunista), es parte de una organización internacional: la Corriente Marxista Internacional (CMI), ligada al sector minoritario (fundada por Grant y Alan Woods) que resultó de la división, en 1991, del grupo británico Militant. La CMI reivindica un apoyo incondicional al chavismo y abandonó todo proyecto sobre la Cuarta Internacional en favor de la (fantástica) Quinta Internacional de Chávez. En el 2010 sufrió una posterior escisión (del grupo español que, con sectores de América Latina, creó una nueva corriente) pero, dejando de lado las dimensiones, tiene un funcionamiento internacional. Aunque - aquí está el punto- sobre bases programáticas que mantiene con el trotskismo solamente una vaga relación, más nominal que substancial (6).

Por último, se reivindica del trotskismo, y también exhibe hasta en el símbolo la referencia a la Cuarta Internacional, el PCL de Ferrando. Dejando de lado la heterogénea mixtura de posiciones sustentadas por sus grupos locales (del castrismo al berlinguerismo -Berlinguer, antiguo dirigente del PCI]) y, momentáneamente, la estructura profundamente no bolchevique sobre la cual trata de construirse (el partido de los simpatizantes), el hecho es que el reagrupamiento internacional del cual, en teoría, forma parte el PCL, no tiene ninguna vida concreta. Esto, no obstante que Ferrando ha declarado al periódico Manifesto, sería la “principal fuerza trotskista en el mundo”.

Se trata del CRQI (Comité por la Refundación de la Cuarta Internacional), compuesto por el Partido Obrero argentino (fuerza con un peso real en el propio país, aunque marcada por una fuerte tendencia electoral), en torno del cual giran pequeños satélites: un grupo en Grecia, grupos de pocos militantes en cualquier otro país (Finlandia y Uruguay pero que, a juzgar por las webs, sin actividad hace algunos años, tal vez ni existan más) a lo cual se agrega, apenas, después de la ruptura del grupo de Brasil (PCO), el PCL italiano. El CRQI no es, ni siquiera, una federación suelta, como mucho un grupo de discusión. No hace congresos y no tiene organismos dirigentes permanentes, solamente una coordinación que se reúne raramente; no disponen de prensa periódica, salvo El Obrero Internacional, un boletín que dejó de salir en la séptima edición, en el 2007. Como se puede constatar en la web del CRQI (7), la última declaración conjunta remonta hace dos años; es que nos parece correcto definirlo más como un grupo de discusión. Se trata, en suma, de una sigla que, solamente, usa el Partido Obrero para demostrar no ser “nacional trotskista” y que Ferrando exhibe periódicamente para no tener que admitir la verdad: o sea, que el PCL no forma parte de ninguna organización internacional realmente existente.

La Liga Internacional de los Trabajadores: algo cualitativamente diferente

La verdadera Internacional es un partido internacional: algo superior y, por lo tanto, bien diferente de la simple solidaridad entre militantes de diferentes países; muy superior a las relaciones diplomáticas entre organizaciones de diferentes países que otros practican (sean fuerzas reformistas o stalinistas). Un partido internacional significa una organización centralizada, con un congreso mundial y una dirección internacional, que discute cada país y elabora conjuntamente un programa y donde se toman decisiones generales que tocan al conjunto del partido internacional, independiente de las fronteras de los países.

Es un hecho que, hoy en Italia, solamente el PdAC forma parte de una Internacional (pequeña, pero real y presente en decenas de países del mundo y en diversos países europeos) empeñada en construir una Internacional trotskista (o sea, comunista revolucionaria) con influencia de masas.

La Cuarta Internacional, que la LIT no tiene la pretensión de encarnar y de la cual trata de ser un instrumento de su formación. La LIT realizó su X Congreso Mundial (8) en noviembre pasado. Un congreso, en el cual participaron decenas de delegados de todo el mundo, que demostró como la LIT es hoy, de hecho, la principal organización trotskista internacional, tanto por la difusión en diferentes países, como por el crecimiento verificado en los últimos años. En Europa, aún en los límites de nuestras fuerzas, somos la única fuerza revolucionaria presente en varios países, con secciones propias y una dirección continental.

Toda la experiencia histórica nos demuestra que sin partido –y esto quiere decir también, y sobre todo, sin partido internacional- las luchas están destinadas a la derrota. Con la división de los proletarios en sus fronteras, sólo ganan los patrones y sus agentes, los burócratas reformistas y todos aquellos que predican y practican la colaboración de clases con la burguesía. Por esto, la burguesía de todo el mundo atacó la Primera Internacional y a los marxistas, después de la Comuna de París. Por esto, los reformistas destruyeron, en la práctica, el 4 de agosto de 1914 la II Internacional y Stalin disolvió la Tercera en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Por esto, la Cuarta Internacional tuvo, desde su nacimiento, que sufrir los golpes cruzados de la burguesía “democrática” de todo el mundo, de los fascistas y de los stalinistas.

El agravamiento de la crisis del capitalismo a escala internacional hace, hoy, más que nunca urgente forjar el único instrumento con el cual los trabajadores y los jóvenes podrán liberar al mundo de la hidra de nueve cabezas que es el capitalismo y que no desaparecerá por sí sólo antes de haber destruido todo. Aquel instrumento, aquella espada afilada, la única en condiciones de matar al monstruo, es solamente la Internacional, la Cuarta Internacional que estamos construyendo, que debemos construir. Aquel partido mundial que, para usar las palabras del Programa de Transición: “se opone, irreductiblemente, a todos los agrupamientos políticos ligados a la burguesía. Su tarea es acabar con la dominación capitalista. Su finalidad es el socialismo. Su método es la revolución proletaria”.

Notas

(1) León Trotsky, Programa de Transición.

(2) León Trotsky, La revolución permanente.

(3) Véase el vergonzoso video chauvinista con el cual la Red de los Comunistas hace publicidad del referéndum sobre la deuda: http: //bit.ly/rdcvideo.

(4) León Trotsky, La III Internacional después de Lenin.

(5) No nos ocupamos en este artículo de otras fuerzas que, de varios modos, ponen el tema de las relaciones internacionales, pero que lo hacen en una óptica stalinista: como el grupo de Marco Rizzo (Comunisti – Sinistra Popolare .Comunistas - Izquierda Popular) o la Red de los Comunistas, que mantienen relaciones diplomáticas con lo que resta del stalinismo en Europa.

(6) Sobre las posiciones de Falcemartelo al respeto del Estado, véase nuestro “El debate del octavo congreso de Refundación. Ferrero, la oposición a Monti y a la burguesía... alemana” y, en particular, el apéndice sobre “Falcemartelo y el marxismo”, artículo publicado en nuestra web, en la dirección www.alternativacomunista.it/content/view/1542/1/.

(7) www.crciweb.org/es/node/289

(8) Sobre el X Congreso de la LIT, véase los artículos publicados en el número precedente del Proyecto Comunista y varios artículos publicados en nuestra web: www.alternativacomunista.org.

Traducción Laura Sánchez