jueves, 30 de agosto de 2012

La última frontera: Trotsky en México (1937-1940)

 
Escrito por Fabio Queiróz
Martes 28 de Agosto de 2012
Este artículo comenta la estadía del revolucionario León Trotsky por tierras mexicanas, entre 1937 y 1940, tratando de sacar a la luz, aunque sea brevemente, las principales contribuciones al marxismo, que añadió a lo largo de los años.

Introducción

Hace 75 años, León Trotsky, se exilió en México. Es una oportunidad para que se recuerden sus contribucio nes al marxismo tomando, como parámetro, su paso por América Latina. Ese esfuerzo ya fue objeto de la atención de autores aislados y organizaciones políticas que reivindican su legado, pero siempre existe algo a ser añadido a las mejores contribuciones. Es, con ese espíritu, que nos propusimos escribir el presente artículo.

Lev Davidovitch Bronstein/Trotsky, tal vez sea uno de los últimos titanes del marxismo clásico que falleció. Fue asesinado en Coyoacán, México, el 21 de agosto de 1940. La presente investigación pretende dar cuenta del tránsito del viejo revolucionario ruso por América Latina, tratando de recomponer su contribución en territorio latinoamericano, para el desarrollo de la teoría marxista. Conviene recordar que León Trotsky permaneció, por cerca de tres años y siete meses, en la región, y durante ese período elaboró dos de sus principales trabajos: El Programa de Transición y En defensa del marxismo.

Ese esfuerzo, permanente, presupone retrotraerse a ese período, de casi media década, y se objetivo para responder varias cuestiones, tales como: ¿qué habría añadido Trotsky al bagaje marxista en su estadía por América Latina? ¿Cuáles serían las principales producciones teóricas, por él desarrolladas, en ese intervalo de tiempo? ¿Habría algún nexo entre sus principales conclusiones y el continente americano?

De este modo, este trabajo tiene por objetivo el proceso de elaboración teórica desarrollado por Trotsky en su corta y emblemática permanencia en territorio latinoamericano y sus implicancias para el marxismo revolucionario.

Trotsky en América Latina: marxismo, teoría y programa

Se ha completado un lustro desde que el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones (CEIP) publicó una miscelánea de trabajos del autor, producidos en América Latina. De hecho, la obra “Escritos latinoamericanos” da cuenta de una parte expresiva de la producción intelectual del creador de la teoría de la revolución permanente, en tierras americanas.# En la obra escrita, los organizadores tomaron en cuenta no solamente artículos producidos por Trotsky, sino también cartas y entrevistas que dan cuenta de un cerebro inquieto, que trataba de acompañar y responder a la marea de la lucha de clases.

La primera parte de la obra está constituida de 27 piezas entre artículos, cartas y entrevistas de León Trotsky. En su bagaje se observa el abordaje acerca de los más diversos temas: prensa, sindicato, imperialismo, democracia, nacionalismo, fascismo, stalinismo, México, América Latina, etc. Se destaca -por su enorme actualidad- el artículo “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”. La piedra angular del texto se traduce en una apreciación histórica concreta del sindicato en la época actual, demostrando que lo sujetaba a la máquina del Estado y cuáles las tareas que estaban presentes para que el movimiento sindical pudiese librarse de ese engendro, que tanto seducía a incautos como arribistas.

La parte segunda del libro está compuesta de artículos publicados por Trotsky en la revista CLAVE. De conjunto, son 24 artículos versando, también, bajo asuntos diversos, dentro de ellos: libertad de prensa, nacionalismo, elección, frente popular, stalinismo y personajes bastante dispares, como el sindicalista Toledano, el pintor muralista Diego Rivera y el marxista peruano José Carlos Mariátegui. Sobresale el artículo “Libertad de prensa y la clase obrera”, toda vez que inclinaciones antidemocráticas de líderes políticos latinoamericanas, en lo tocante a ese tema, en general, ayudan a mantenerlo casi corrientemente actual.

Otros tres trabajos se presentan en un anexo, totalizando, en los tres bloques, 54 producciones que revelan a un militante sintonizado con lo que se daba a su regreso y comprometido con la transformación de esa realidad circundante. No está de más, todavía, recordar el bagaje teórico y práctico que cargaba León Trotsky. Una gran guerra y tres revoluciones eran parte de un envidiable inventario. Cuando él plantó sus pies en México, ya vivirá toda esa experiencia.

De otro lado, ya producirá y desarrollará una de sus principales contribuciones teóricas al marxismo: La Teoría de la Revolución Permanente, aunque Marx la hubiese insinuado y ajustada a Parvus, como consecuencia de la revolución de 1905, en Rusia, una primera y sumarísima elaboración de ese postulado teórico. Pero, fue la de Trotsky y no la de otro, a quien le cabe el mérito irrefutable de definir, con claridad, el carácter, la dinámica y las tareas de las revoluciones del siglo XX, a la luz de la teoría de la revolución permanente.

Así, cuando llegó a México, ya Marx había fallecido hace más de medio siglo, Engels había fallecido hacía 42 años y Lenin hace 13 años. Por eso, hablábamos que su asesinato significó, prácticamente, el fin de un ciclo correspondiente a lo que Anderson (1999) tituló: marxismo clásico.

Por muchas razones, Isaac Deutscher lo nombró el profeta prohibido, tomando esa época como referencial, visto que al ser expulsado de la URSS, por decisión de Josef Stalin y, desde fines de los años 20 y mediados del decenio siguiente, Trotsky deambuló por el mundo, transportando en su maleta un pasaporte sin visa. La férrea voluntad de las naciones europeas, en no aceptarlo como exiliado político y la disposición de Lázaro Cárdenas en recibirlo en México, de hecho, lo impulsaron a vivir en territorio mexicano.

Tuvimos la oportunidad de referirnos a su bagaje teórico y, aquí es válido agregar, cuánto eso fue vital en sus estudios acerca de América Latina. Es, en ese contexto, que surge el concepto de bonapartismo sui géneris, aplicado a gobiernos latinoamericanos -como el del propio Cárdenas-, que se ve presionado entre las reivindicaciones populares y las presiones imperialistas. Son gobiernos que, en general, oscilan entre esas líneas de fuerzas y, bajo determinadas condiciones, se ven compelidos a adoptar medidas que los conducen a choques momentáneos con el imperialismo.

El bonapartismo [2] surgió para arbitrar conflictos, que se establecieron sin encontrar una solución por las vías representativas que la burguesía creara históricamente, para dirimir cuestiones que, directa o indirectamente, les decía al respecto. El caso del sobrino de Napoleón, examinado por Marx, en el 18 Brumario, es sintomático de esa tendencia burguesa.

De hecho, queda una pregunta en el aire: ¿cuál es el sentido del concepto ampliado de la expresión “sui géneris”? Para Trotsky (2000), en líneas generales, el régimen bonapartista, de América Latina, encerraba lazos profundos con su congénere clásico, pero tenía una particularidad que lo distinguía de su modelo europeo. Se trataba de un momento en que el Estado también se ubicaba por encima de las querellas de clase y, por esa vía, aseguraba la estabilidad política necesaria para el desarrollo del capitalismo. Aplicaba, sin embargo, una estrategia que lo impulsaba a una situación de relativo antagonismo con los intereses imperialistas. El ejemplo emblemático, estudiado por el viejo revolucionario ruso, y como ya, anteriormente, sugerido, fue el del general Lázaro Cárdenas Del Río que, al frente del Estado mexicano, aplicó una política nacionalista, entrando en un curso de colisión con el imperialismo británico. En las décadas siguientes -en países tan diferentes como Brasil, Argentina y Perú- fueron observados casos muy semejantes de regímenes semidemocráticos, esto es, bonapartistas sui géneris, que se colocando por encima de la lucha de clases, resistían parcialmente a la dominación imperialista.[3]

Ese ejemplo es una demostración de como el viejo revolucionario trató de aplicar creativamente la teoría y el método de Marx. Se trataba de tomar el modelo teórico de forma maleable y no como un saber irresponsablemente talmúdico. O sea: el carácter típico de un fenómeno es típico solamente en relación a una determinada realidad. En consecuencia, se debería admitir que Trotsky tratase el develado de la particularidad de la línea de evolución del bonapartismo, un fenómeno que dejó de ser únicamente europeo, pero que al transbordar sus fronteras, adoptó las formas típicas que decían respecto a la realidad de otras regiones del planeta. En ese sentido, es suficientemente plausible la fórmula del bonapartismo sui géneris en el que concierne a América Latina.

Los beneficios particulares de ese análisis es que esta responde a la concreción de una realidad dada, y eso es lo que llevó a Trotsky, de modo intencional, convertir la teoría en más operativa, aplicándola sin dejar de considerar la especificidad de América Latina, de su cultura y de sus instituciones.

En esa dirección, con conocimiento de causa, el viejo Trotsky utiliza parte de los artículos y cartas para discurrir sobre temas tan ligados, como el papel de la burguesía latinoamericana, sus relaciones con el imperialismo y su postura ante la posibilidad de la acción revolucionaria. Esas reflexiones, de modo vehemente o de forma más mediada, encierran cierto grado de utilidad en relación a Brasil, lo que trataremos de demostrar a partir de ahora [4].

En términos categóricos, la burguesía latinoamericana y la brasileña, en particular, se establece social, política y económicamente asociada a los capitalistas de los países de economía central, ya con ésta debidamente asentada en una ortodoxia petrificada: la de la reacción en todos los planos. Antes, hechos y frases dialogaban, aunque de modo quebradizo; ahora, se toman las frases por hechos. En suma, la burguesía de las economías dependientes -apretada entre el imperialismo y el proletariado- prefiere aliarse con el latifundio, internamente y, a pesar de una u otra escaramuza con el opresor externo, celebra con él una asociación de la cual resulta un nexo histórico insidioso. Así, la burguesía aborigen se deja resignar a los límites impuestos por el orden imperialista vigente. Se contenta con la función subalterna que cumple. Explícitamente, no gobierna, se deja gobernar. Se complace en ser parte de una orquestra sin ambicionar el lugar de solista o director.

Ha de argumentarse, con justeza, que existieron algunos momentos de radicalidad en el terreno de las contiendas de las burguesías locales con el imperialismo, conforme ilustra el caso mexicano de las primeras décadas del último siglo. Sucede que los burgueses mexicanos no sólo no condujeron la revolución democrático-burguesa hasta las últimas consecuencias, como la hicieron retroceder hasta el límite de forjar, como su mayor legado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyo ADN encerraba una naturaleza institucional relativa, combinada con la ausencia absoluta de cromosomas revolucionarios. En realidad, fueron remantes del PRI que patrocinaron, por el lado de México, la adhesión de este país a la jaula de hierro del Área de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Otros casos, como el del peronismo o del varguismo, patinaron, se vinieron ladera abajo y restringieron su asiduidad a los etéreos manuales de historia sobre las tragedias latinoamericanas.

De las formulaciones clásicas del marxismo, acerca del problema, las contribuciones de Trotsky contienen un vigor fácilmente explicable: el período en que él estuvo en México y pudo examinar, en el lugar, las debilidades de un proyecto revolucionario independiente de la burguesía regional. Examinando las cuestiones a partir de una ubicación privilegiada, una vez que México era escenario de un proceso en el que la burguesía nativa conjugaba acuerdos generales con tensiones nada insignificantes, en relación al imperialismo, el viejo revolucionario ruso, embebido da vivencias, consiguió percibir, con mayor precisión, las desconcertantes paradojas de la burguesía latinoamericana. Para él, "los burgueses aborígenes, por (su) debilidad general y su atrasada aparición, les impide alcanzar un más alto nivel de desarrollo que el de servir a un señor imperialista contra otro. No pueden lanzar una lucha seria contra toda conminación imperialista y por una auténtica independencia nacional, por temor a desencadenar un movimiento de masas, de los trabajadores del país que, por su parte, amenazaría su propia existencia social" (Trotsky, 2000, p. 93) [5].

Podemos constatar que la burguesía nativa, por el temor de levantar internamente a las masas trabajadoras, no se lanza, de forma consecuente, a una lucha contra la dominación imperialista. Hacer frente a la situación adversa externa podría ir a producir, internamente, circunstancias concretas que escaparían de su control. Luchar contra el yugo del imperialismo es una tarea nacional y democrática que, por las razones enumeradas por Trotsky, la burguesía latinoamericana no demuestra capacidad de tomar en sus manos. ¿Podemos, entonces, referirnos, en los tiempos actuales, a una hipotética revolución burguesa, sin que no se cumpla esa tarea?

Además, la burguesía de la periferia de América no se achica a una feroz competencia contra el proletariado y el campesinado pobre, aliándose, en su sentido más profundo, a la escoria de los propietarios de la tierra: los latifundistas. En ese camino, el horizonte de la revolución burguesa, más que nebulosa, se proyecta a un horizonte gangrenado. La burguesía autóctona se muestra incapaz, en el plano externo, de conducir a la nación contra la sujeción al imperialismo e, internamente, expone a la vista su incapacidad de llevar a cabo otra tarea democrática esencial: la extinción del monopolio de la tierra. En un cierto nivel, el ajuste con los minúsculos grupos de hacendados devela la escasez de disposición para convertir en real lo que es necesario y testimonia la ausencia de compromiso con el usufructo democrático del suelo. En síntesis: los procesos locales no se revelan como revolución pero, con demasiada condescendencia, sí el drama histórico protagonizado por una clase impotente y, de esa manera, se manifiesta en la forma de un deplorable simulacro.


Con un panorama como ese, el remate de Trotsky es perentorio: la burguesía nativa “es impotente desde el nacimiento y orgánicamente ligada por un cordón umbilical a la propiedad agraria y al campo imperialista” y, de ese modo, “incapaz de resolver las tareas históricas de su revolución" (2000, pp.273/274) [6]. Partiendo del análisis de los burgueses mexicanos, no es extraño, por lo tanto, que concluya, acerca de las burguesías latinoamericanas:

“Nacidas tardíamente, confrontadas a una penetración imperialista, y al atraso del país, no pueden resolver, con éxito, las tareas que sus equivalentes, en los países avanzados realizaron hace mucho tiempo (ídem, p. 275) [7].

Siendo así, en la perspectiva marxista hay una nítida imposibilidad de hablar de una revolución burguesa tardía en países como Brasil. Esa es una contribución preciosa, nacida de la pluma de Trotsky y que carece de ser debidamente reconocida. Es menester citar su reflexión acerca de ese temario porque, en la época, prevalecía un punto de vista diametralmente opuesto y éste, con efecto, estuvo consignado en las políticas de los partidos comunistas regionales y en sus desenfrenadas búsquedas por el eslabón perdido, de una burguesía a la que cabría cumplir un papel progresista en el patíbulo de la historia latinoamericana. Para León Trotsky, la etapa de las revoluciones burguesas y, por consiguiente, de la acción progresiva de la burguesía, en general, ya estaría definitivamente vencida y sepultada. Realzando la teoría de la revolución permanente, el viejo revolucionario entendía que el papel de llevar a cabo las tareas de la revolución burguesa -indefinidamente pospuesta y relegada a las calendas griegas por los propios burgueses latinoamericanos organizados en clase cabría, únicamente, al proletariado, liderando a las naciones oprimidas. Sus últimos textos solamente reforzarán las convicciones. Por su parte, las tragedias históricas y políticas resultantes de las políticas de los PCs latinoamericanos, apenas corroboraron la justeza de las tesis trotskistas. E esos términos, el golpe militar de 1964, en Brasil, es un ejemplo emblemático de como la fé en la consecuencia democrática de una pretensión burguesía progresista tiende a producir verdaderas catástrofes históricas.

Además de la carpintería técnica de los textos (en general, de irrefutable calidad), se verifica una permanente contribución del autor en relación a cuestiones teóricas, además de un análisis crítico del flujo de los acontecimientos de los últimos años de la década del 30. Por lo tanto, no se trata de una mirada melancólica al pasado, sino de un compromiso con su tiempo, aunque presionado por un deseo y una necesidad intensa de actualización y reafirmación teórica del marxismo. Por los motivos indicados, se deduce que su paso por México no se resume a una concha vacía. Hay generosas contribuciones a la teoría marxista y a la comprensión de su tiempo. Sin negarse al examen pormenorizado de los principales fenómenos históricos del período, en particular el nazifascismo, León Trotsky puso para sí la meta particularmente importante, de un fino entendimiento acerca de las cuestiones más candentes de América Latina. Las indicaciones anteriores van, particularmente, en esa dirección.

Incluso, cuando el epicentro no era América, esta, de alguna manera, se hacía presente. Desde el punto de vista de los principios más generales, en su trabajo En defensa del Marxismo, se nota un deseo irreprimible de salvaguardar el arsenal teórico marxista contra el empirismo y las presiones pequeño-burguesas y academicistas que, entonces, contaminaban las discusiones al interior de la principal sección de la IV Internacional en las Américas: el Socialist Workers Party (SWP) de EE.UU. La defensa del marxismo significó la defensa de la URSS (en la época, un Estado obrero) frente a la retórica ideológica del imperialismo e, incluso, del método dialéctico contra los modismos que lo criticaban como pura mistificación. Entonces, aunque León Trotsky se orientase por una mirada más estrecha, de cierto modo, el continente que lo alojara no se ausentaba completamente de su radio de reflexión, porque el leitmotiv de su intervención teórica estaba localizado en una de las secciones partidarias del continente. Este raciocinio también nos muestra que la construcción de los partidos de la IV Internacional, en América, no se desvinculaba de los temas que, entonces, dividían aguas en la izquierda mundial: la ofensiva nazifascista y la defensa de la URSS y del marxismo.

El libro En defensa del Marxismo fue publicado en Brasil, por primera vez, por Propuesta Editorial, probablemente a comienzos de los años 1980. Esa primera edición de la obra circuló en las librerías de buena parte del país, desde inicios a mediados de la década antes citada, y sin fecha de publicación. Sus temas centrales -marxismo, dialéctica, lucha de clases, revolución, composición social del partido revolucionario, centralismo democrático, nazismo, guerra y, principalmente, la defensa de la URSS-, demuestran que León Trotsky, aunque rodeado por la atmósfera de América, jamás perdió el hilo general, relacionando dialécticamente las vicisitudes inmediatas de una temporada forzada (exilio) a las cuestiones más vastas de la teoría y de la política.

Los materiales que conforman la obra En defensa del Marxismo fueron elaborados entre los años 1939 y 1940, alcanzando hasta, prácticamente, los días que precedieron al asesinato de Trotsky. De conjunto, hay cerca de una docena de artículos (unos largos y otros bastante breves) y una infinidad de cartas no sólo intercambiadas con James Cannon, dirigente del SWP, sino con todo un grupo de oposición que se forjó en la sección norteamericana de la IV Internacional, a saber: Max Shachtman, Martin Abern y James Burnham. Las misivas son once, de conjunto, y en ellas se tratan los asuntos más diversos, que van desde la guerra a las disputas fraccionales en el seno del Socialist Workers Party. En el meollo del alboroto, sin duda, estaban discusiones alrededor de la naturaleza de la URSS y si esa, por lo tanto, debería ser o no defendida frente a la ofensiva ideológica y militar del imperialismo. La oposición, caracterizada como pequeño-burguesa por el viejo revolucionario, rompe con el SWP y sus cardenales van girando cada vez más a la derecha, hasta integrarse al status quo de la filosofía pragmática y de la política conservadora norteamericana.

Los embates que se dieron alrededor de las cuestiones ya señaladas y revelan uno de los rasgos de la psicología y de la actividad política de Trotsky: el brío polemista. Concomitantemente, el viejo revolucionario no economiza energía en la defensa de los principios, tradiciones y métodos marxistas. En esa dirección, aportará -en lo tocante a esa preocupación- con un texto clásico del trotskismo: el llamado Programa de Transición, cuyo subtítulo es “La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional”.

El Programa de Transición fue aprobado en una conferencia clandestina, en el suburbio de París (Périgny); conferencia que dio origen al Partido Mundial de la Revolución Socialista -IV Internacional (setiembre de 1938). Cuando esto sucedió, Trotsky estaba en América Latina y desde allá remite la propuesta programática que será aprobada por los delegados conferencistas. Repasando las pisadas de Marx, él ofrece un horizonte programático que tiene, como sus principales antecedentes, el Manifiesto Comunista y las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la III Internacional, acaecidos con Lenin aún vivo. Se trataba de salvar el legado marxista cuando el mundo caminaba hacia una nueva catástrofe belicista. En palabras de Josef Weil, "era la sistematización teórica, programática y, también, un método para la época imperialista, cuando no era ya posible trabajar como hacía la socialdemocracia, con un programa mínimo de reformas parciales, dejando para un futuro remoto la cuestión del socialismo y el derrumbe del capitalismo. Era necesaria una plataforma de transición entre las luchas mínimas y democráticas y la cuestión del poder" (Weil, 2004, p. 6).

Esta plataforma-programa está compuesta de 20 puntos, cuyo proyecto inicial Trotsky presentó –probablemente, tres meses antes de su aprobación en la Conferencia de Périgny- en territorio americano. Ese episodio se tradujo en una discusión con dirigentes del Socialist Worker Party (SWP), que se convertiría en una de las principales secciones de la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Socialista.

Hay, por consiguiente, un encadenamiento entre su presencia en el continente americano y el germen del principal documento político-programático del trotskismo como corriente internacional: El Programa de Transición. En ese sentido, no estaría en el rol de las cosas inexistentes suponer que la elaboración del mencionado texto programático deba haberse dado en territorio mexicano, aunque la discusión clave, con sus partidarios, haya ocurrido en el seno de la futura sección norteamericana.

Desde Coyoacán (México), el 7 de junio de 1938, él escribió: “completar el programa y ponerlo en práctica”, dando a entender que la plataforma programática estaba lista, pero aún permanecía abierta a las contribuciones. No la daba, por lo tanto, como algo acabado. Se trataba, en última instancia, de un proyecto de programa. Muchos dirigentes del SWP expresaron dudas y divergencias, con las cuales León Trotsky no se rehusó a debatir. Al final de las discusiones, el agrupamiento norteamericano aprobó el proyecto de programa, que sería, posteriormente, adoptado como pieza programática en la conferencia internacional realizada en Francia, sin la presencia de su principal formulador.

El Programa de Transición, en su parte I, comienza examinando “las premisas objetivas de la revolución socialista” y toca, en sus partes intermediarias y finales –de la novena a la décima parte-, temas variados como: la especificidad programática en la época actual, salarios/jornada de trabajo, los sindicatos, los comités de fábrica, control obrero, expropiación de ciertos grupos capitalistas, estatización de los bancos, piquetes, alianza obrero-campesina, imperialismo (y guerra), gobierno obrero-campesino, los sóviets, los países atrasados y fascistas, el oportunismo y el sectarismo, la juventud, las mujeres y la IV Internacional.

Políticamente, la clave de El programa de transición es la superación de las nociones de programa mínimo y programa máximo, como etapas estancas. Surge la idea de un programa transicional, cuya definición, por Trotsky, es suficientemente clara:

La IV Internacional no rechaza las reivindicaciones del viejo programa mínimo, en la medida que ellas conservan alguna fuerza vital. Defiende incansablemente los derechos democráticos de los obreros y sus conquistas sociales. Pero, conduce este trabajo diario al marco de una perspectiva correcta, real, o sea, revolucionaria. En la medida en que las viejas reivindicaciones parciales mínimas, de las masas, chocan con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente –y esto ocurre a cada paso-, la IV Internacional avanza un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es dirigirse, cada vez más abierta y resolutivamente, contra las propias bases del régimen burgués. El viejo programa mínimo es constantemente traspasado por el programa de transición, cuya tarea consiste en una movilización sistemática de las masas en dirección a la revolución proletaria (Trotsky, 2004, p.14-15).

Efectivamente, se supera la pared que se colocaba entre las luchas cotidianas de las masas y la conquista del poder político por el proletariado. En el lugar de la pared, se extiende un puente. Ese puente sería El Programa de Transición. Ese enfoque supera la tradición socialdemócrata en que el programa se realizaría en pedazos, o sea, de a poquito. El Programa de Transición sería la plataforma política del proletariado en la época del imperialismo. En ese sentido, no estaríamos atribuyendo falsamente a León Trotsky una actualización a la tradición revolucionaria marxista. Se trata, de hecho, de una contribución decisiva al marxismo.

Ese, tal vez, sea el último documento fundamental redactado por el primer dirigente del Ejército Rojo. En los pocos años que aún le restaron de vida, él no sucumbió a la aspereza de un tiempo basado en moldes diferentes de aquellos que permitieron que él se ubicase en la línea del frente de la victoriosa revolución de octubre de 1917. Ese nuevo tiempo -manchado de aspereza y totalmente encrespado- no se hizo sin obstáculos a su producción teórica. Los textos que compusieran el clásico En defensa del Marxismo, son una demostración cabal de determinación y una cosa bien imposible de curvarse a la lógica de un período impoluto, en que ni sus principales verdugos -nazifascismo y stalinismo- conseguirán silenciarlo.

A despecho de esa resistencia, traducida en cientos de textos de los más variados, los acontecimientos hacían a la balanza oscilar, cada vez más, a la inversa de los deseos y esfuerzos de Trotsky. La dinámica no era congruente con sus planes, sino discordante, contrastaba con su espíritu más profundo. La tapicería que se tejía era de una estética trágica. Conforme a la II Guerra Mundial, se profundizaba el aislamiento del viejo revolucionario, sufriendo un proceso de alargue. Más que nunca, siguiendo en la contracorriente, es asesinado en agosto de 1940, en Coyoacán, con un piolet, en las manos de un agente de la GPU (Jaime Ramón Mercader) -al mando de Joseph Stalin. Finalmente, el viejo era silenciado. el marxismo revolucionario recibiría, así, un golpe decisivo. Momentáneamente, triunfaría el stalinismo -vulgaridad teórica, programática y metodológica del marxismo.

Consideraciones finales

La derrota de la revolución socialista en Europa, la consolidación del stalinismo en la ex URSS y la expansión del nazifascismo, llevaron a una inflexión entorno del marxismo. La creencia en la tendencia revolucionaria del proletariado y en la posibilidad de éxito de la estrategia socialista, fue sustituida por un escepticismo político y por un descenso culturalista que dieron origen a lo que Anderson (2009) llamó marxismo occidental. Trotsky era, casi, la última frontera entre las inclinaciones revolucionarias de la teoría marxista y los nuevos tiempos: tiempos de reveses.

En el momento en que el programa y la estrategia del marxismo revolucionario eran abandonados, León Trotsky insistía en su oportunidad y, al mismo tiempo, procuraba enriquecerlo y actualizarlo.

Era imposible tomar al marxismo como un dogma resecado. Esa fue la postura adoptada por Lev Davidovich Bronstein. Los fenómenos del stalinismo y de la burocratización del Estado Soviético, de un lado, y el ascenso del nazifascismo, del otro, exigían estudio, investigación y actualización teórico-programática. Ese trabajo comenzó a ser efectuado en Europa, pero siguió y se desarrolló en los casi cuatro años en que Trotsky se quedó en tierras mexicanas.

Los libros El Programa de Transición y En defensa del Marxismo son las pruebas contundentes de ese esfuerzo de actualización teórico-programática. Ese proceso, sin embargo, no se hizo separado de la energía desplegada, con vistas a dotar, a los marxistas revolucionarios, de una salida político-organizativa ante la caída de la III Internacional, primero stalinizada y, después, simplemente destruida. El Programa de Transición era la plataforma para la creación de una alternativa frente al nuevo cuadro histórico que, entonces, se conformara: la IV Internacional. Esta surgió con su inspirador viviendo en América Latina, aunque la mayoría de sus representaciones estuviese en Europa.

En lo que atañe a los nuevos desafíos y dificultades, Trotsky no optó por el escepticismo epistemológico o político, mucho menos por las variantes típicas del marxismo occidental; fue osado en tiempos difíciles y ni su asesinato se mostró capaz de apagar sus contribuciones teóricas, cimentadas en Marx, Engels y Lenin, pero sin ignorar los problemas de un nuevo escenario discordante con la etapa anterior de la lucha de clases. Ese escenario requerí, a veces, no sólo referenciarse en el arsenal teórico existente y consagrado, sino renovándolo a la luz de los nuevos fenómenos. Esa fue la actitud del principal inspirador de la IV Internacional.

En la introducción a este trabajo, hicimos tres preguntas: ¿qué habría añadido Trotsky al bagaje marxista en su estadía por América Latina? ¿Cuáles serían las principales producciones teóricas, por él desarrolladas, en ese intervalo de tiempo? ¿Habría algún nexo entre sus principales conclusiones y el continente americano?

Afirmamos que es posible responderlas casi sumariamente y, al mismo tiempo, tejer nuestras consideraciones finales. En tierras americanas, el principal legado de León Trotsky al marxismo fue, probablemente, la elaboración de El Programa de Transición -una plataforma y un método para la acción del proletariado, en una etapa divergente e impertinentemente contrarrevolucionaria. La teoría y el programa, en la óptica marxista, no constituyen elementos que no conozcan modificaciones. La realidad es más rica y siempre exige una correspondiente actualización. Pero, hay una equivalencia mutua entre preservar y renovar. Trotsky procede a esa renovación teórico-programática -Programa de Transición- preservando los principios fundamentales de la teoría-programa marxista, posicionamiento también admitido y adoptado en la obra En defensa del Marxismo. Simultáneamente, ese ejercicio de modificación teórica sin alejarse de la ruta marcada por el marxismo clásico, encuentra otro ejemplo arquetípico en el uso creativo del concepto de bonapartismo, en el estudio de la realidad latinoamericana.

Esos ejemplos, que revelan su contribución al marxismo, son casi simétricos a sus principales producciones teóricas: El Programa de Transición (cuyo esbozo Trotsky escribió en abril de 1938) y En Defensa del Marxismo (cuyo texto base, “Una oposición pequeño-burguesa en el SWP”, fue reditado a fines de 1939). En ese interín, así, él escribió sobre diversos asuntos, dentro de los cuales está las relaciones entre Stalin-Hitler, burocracia soviética y situación mundial cargadamente belicista (El Kremlin y la política mundial, El pacto germano-soviético, etc.); los acontecimientos ligados a la guerra civil española (La lección de España y Clase, partido, dirección -¿por qué fue derrotado el proletariado español [8]); no se escapó, también, de reditar un artículo cuyo centro era los 90 años de la publicación del Manifiesto Comunista (aquí, la dialéctica actualidad-actualización asume una visibilidad palpable) y otro, en sociedad con el surrealista André Breton, celebrando la libertad artística como principio indeleble. El texto -titulado Manifiesto por un arte revolucionario independiente- mantienen, pasados más de 70 años, una sorprendente actualidad.

Todos esos trabajos, parodiando a James Cannon, son piezas extraordinarias de la literatura bolchevique y, episódicamente, tuvieron sus destinos cruzados con las Américas. No se debe olvidar que, en un primer momento, Trotsky solicitó exilio en los EE.UU., siendo negada la visa por Franklin Delano Roosevelt, por dos veces. El destierro en México, de hecho, era el “plan B”. En ese sentido, ni Estados Unidos, ni México y ni América Latina de conjunto, estuvieron separados de sus esfuerzos de elaboración. La situación económica de los EE.UU., el gobierno de Roosevelt, las relaciones entre el programa revolucionario y la mayor potencia capitalista; las nacionalizaciones mexicanas, sus significados y sus límites; el movimiento sindical latinoamericano, en el contexto del sindicalismo mundial (recordemos siempre su texto clásico “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista", escrito en agosto de 1940, en vísperas de su asesinato); los límites de la democracia, en el continente, y el futuro de América Latina; todos esos temas están en el núcleo de sus textos producidos en el período. Por eso, circunstancialmente, debajo de la mirada de Trotsky, los destinos del mundo, en general, y particularmente, del continente americano, se encontraban en íntima conexión. Teniendo a la vista ese caso, sus escritos, casi que inapelablemente, tienen que ver con esa parte del mundo, que le dio su último abrigo, en un planeta (dominado por el capital) que, al unísono, le negara una simple visa.

El día 22 de agosto, su cuerpo era cremado después de haber sido acompañado por más de 200 mil personas. Además de las cenizas, quedaron los papeles escritos, ilustrando una de las más fecundas contribuciones al legado marxista.

Notas
[1] Efectivamente, los textos que componen esa compilación, fueron publicados anteriormente en León Trotsky -escritos, de Editorial Pluma, correspondiendo a una colección de textos que, aunque muchísimo más amplia, también abarcaba al paso del revolucionario ucraniano por América Latina, a través de su obra.

[2] El bonapartismo tiene una particularidad que parece contrariar la teoría marxista de las clases, toda vez que la correspondencia entre la dominación de clases y el Estado, parece prescindir del más diminuto sentido. En el fondo, se trata de una modalidad política propia de momentos de crisis, cuando la no resolución se instaura por el medio, entre las diversas facciones de las clases dominantes. Por eso, es un régimen político de excepción. No niega al capitalismo, sino que lo defiende por métodos menos convencionales, prescindiendo, por ejemplo, de las sutilezas y elasticidad del régimen democrático-burgués. En el caso específico de América Latina, el bonapartismo sui géneris se presenta, en gran medida, asociado a un régimen político semidemocrático.

[3] El concepto de bonapartismo, aplicado a la realidad latinoamericana -aquí suscitado de modo francamente breve-, es una reinstalación de una discusión que llevé a cabo en mí Tesis de Doctorado, tomando por faro los estudios acerca de los regímenes militares que barrieron América del Sur y América Central, al unísono entre los años 1960 y 1980. Aquí, en gran medida, manteniendo mis conclusiones fundamentales, aunque sin desarrollarlas.

[4] En los próximos seis parágrafos nos apoyaremos en un estudio que hicimos acerca del concepto de revolución, con Caio Prado Júnior y Florestan Fernandes, y cuyos resultados fueron presentados en un artículo publicado por la revista Octubre.

[5] Esa cita fue, directamente, por mí traducida de una pasaje de la miscelánea de textos de Trotsky “Escritos latinoamericanos”, leída directamente del español.

[6] Ídem.

[7] Procedimiento similar a los dos ítems 5 y 6.

[8] Ese texto clásico de Trotsky, en general, se publica en América Latina en medio de la obra Bolchevismo y stalinismo (ver Bibliografía).

REFERENCIAS

ANDERSON, Perry. Consideraciones sobre el marxismo occidental. Sao Paulo: Brasiliense, 1999.

TROTSKY, León. Bolchevismo y estalinismo – clase, partido y dirección / a propósito del frente único, Buenos Aires, Argentina: Yunque Editora, 1975.

En defensa del marxismo, Brasil: Propuesta Editorial, S/D.

Escritos latinoamericanos, Buenos Aires, Argentina: CEIP, 2000.

Programa de transición, Sao Paulo: Instituto José Luis y Rosa Sundermann, 2004.

WEIL, Josef. Prólogo. En: Programa de transición. Sao Paulo: Instituto José Luis y Rosa Sundermann, 2004.

Fábio Queiróz es profesor de la Universidad Regional de Cariri – URCA.

Traducción Laura Sánchez

Sindmetalsjc visita trabalhadores da GM na Colômbia

jueves, 16 de agosto de 2012

UNA LUCHA ENORME EN EL SUBTE!! “MINI TRIUNFO” SINDICAL, UNA LUCHA ENORME EN EL SUBTE

“Al informar Roberto Pianelli, Secretario General de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro (AGTSyP), sobre el acuerdo con Roggio-Metrovías que puso fin a diez días de paro, señaló: “Es un acuerdo transitorio, de mínima. El problema sigue, nuestro salario no está resuelto. Somos los únicos que hace ocho meses no podemos resolver nuestra paritaria cuando hay 1500 cerradas en todo el país. Pero a pesar de eso dijimos ‘vamos a hacer un gesto’, no por ellos que tuvieron desprecio por nosotros, sino por los usuarios”. Por su parte, Néstor Segovia, el secretario adjunto, lo calificó como un “mini-triunfo”.

Sus palabras eran un claro reflejo de lo que se vio pocos minutos antes en las asambleas de las distintas líneas en las que se aprobó el acuerdo y el levantamiento del paro.

En el debate pesaba sin duda el desgaste por los diez días de paro.

Los boleteros y peones aparecían como los más beneficiados por las recategorizaciones conseguidas.

Los sectores de más altos ingresos, como instalaciones fijas (mantenimiento) y tráfico dependen posiblemente más de lo que falta negociar para hacer un balance positivo en cuanto a lo gremial.

Pero en general –y hasta donde sabemos al cierre de esta edición de AS- la mayoría apoyó el acuerdo y la suspensión del paro.

Algunos medios aseguraron que había sido el paro más largo de la historia en un subterráneo a nivel mundial. Mucho más que eso, esta lucha que sacudió al país, muestra el inmenso poder de la clase obrera cuando sale a la lucha aplicando el método de la democracia sindical, lo que en sí mismo constituye un gran triunfo político de los trabajadores.

Los trabajadores pisan fuerte

La decisión de los trabajadores de salir al paro provocó una verdadera conmoción política en el país.

Como dijimos el paro se sostuvo en la democracia sindical. Los trabajadores se concentraron en las cabeceras con sus delegados de base. Los dirigentes iban a las negociaciones e informaban paso a paso a los compañeros que esperan concentrados en las estaciones. Y todos los días se realizaban asambleas resolutivas que renovaban el mandato de continuar el paro. Según algunos informes 800 de los 4000 trabajadores participaron activamente de las asambleas y las tareas de la huelga, con el apoyo del resto de los compañeros desde sus estaciones y talleres o sus casas.

Esto es lo que explica que el paro se mantuviera sin fi suras durante diez días, a pesar de los continuos ataques de Macri. Este, luego de ver que los compañeros no se asustaban de su “conciliación obligatoria”, en una muestra de su gorilismo anti-obrero, hizo que un fi scal pidiera la intervención de la policía para hacer que los trabajadores hagan andar los subtes a punta de pistola.

La unidad y la democracia sindical de las asambleas es lo que le permitió a los trabajadores sostener durante diez días una lucha contra todos, empezando por el gobierno nacional kirchnerista, que es el que mantiene la concesión a Roggio y solo reconoce la personería gremial a la corrupta burocracia de la UTA, encabezada por Fernández.

Este carácter unitario y democrático de la lucha, que enfrentó al gobierno nacional tanto como al de la Ciudad, es lo que permitió que los trabajadores ganaran, sino la simpatía, al menos la comprensión de los millones de trabajadores que se vieron afectados por el paro, teniendo que viajar en condiciones aún más terribles que de costumbre. A pesar de la “manija” que dieron los canales de televisión en contra de los trabajadores, la lucha hizo crecer en esos millones la bronca contra Cristina y Macri como responsables de la crisis y del desastre del transporte.

La fuerza que vino de la unidad y de la democracia de las asambleas es lo que permitió también que los trabajadores salieran a la lucha unidos y volvieran a trabajar de la misma manera, sin fi suras.

Y, más allá de las intenciones y voluntades de unos u otros, permitió que en esta lucha predominaran los intereses de los trabajadores, de la clase obrera, aprovechando las disputas entre los distintos sectores políticos. El gobierno nacional por un lado, y Macri por otro, intentaron utilizar a los trabajadores en su disputa. No lo lograron.

Ambos se desprestigiaron ante la sociedad.


LA LUCHA POR DELANTE

Como señalan los propios dirigentes de la AGTSyP, la actitud de la concesionaria y de las autoridades obliga a los trabajadores a mantenerse en pie de lucha por el salario y todos sus reclamos. La lucha continúa, y será dura, porque continúan las condiciones que la provocaron.

Por eso, es necesario reflexionar alrededor de algunas debilidades de la pelea.

En primer lugar, la huelga claramente enfrentó al gobierno nacional y al de Macri, incapaces de resolver los problemas, además de a la empresa.

Pero eso no fue claramente denunciado por los principales dirigentes del conflicto, que en todo momento señalaron la responsabilidad del jefe de Gobierno porteño, y ocultaron la de Cristina y sus funcionarios.

Pero era para todo el mundo evidente que el gobierno nacional no ha dejado de hacer maniobras, en lugar de ir al fondo del problema. Y a nadie escapa que si hoy el AGTSyP no tiene personería legal, es porque Cristina y Tomada se la niegan.

Parecía que había confianza en que el gobierno nacional era parte de la solución, y no del problema.

Esto desarma a los trabajadores, que necesitan tener muy en claro que no se puede confiar en ninguno de ellos.

Esa postura de no chocar con Cristina impidió a los metrodelegados poner sobre el tapete la única solución de fondo: quitar la concesión a Roggio, y que Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), la empresa pública que es dueña de todos los activos del subte y otorga la concesión, se haga cargo con fondos del estado nacional y bajo control de los propios trabajadores.

Y si Macri no quiere hacerse cargo, como es obvio, que el estado nacional lo haga, tal como ya lo hizo con las jubilaciones (que pasaron al Anses), con Aerolíneas Argentinas y, más recientemente, con el 51% de las acciones de YPF.

Esta debilidad tuvo otro efecto, fue en contra de que se desarrollara la solidaridad de la población, porque no empalmaba con el ánimo de los usuarios, que hicieron responsable del paro a ambos gobiernos y sus peleas.

En segundo lugar, esa ubicación llevó a los metrodelegados a “encerrar el conflicto”, en lugar de buscar, como en otras oportunidades, la más amplia solidaridad obrera y popular hacia el conflicto. En la gran lucha del subte por las 6 horas se formó una comisión de apoyo muy fuerte que impulso actos y otras medidas que ayudaron a lograr esa gran conquista.

Si hoy tomaran esta política, uniendo en una misma coordinación al Pollo Sobrero y los ferroviarios del Sarmiento, a las internas de la alimentación, a las nuevas direcciones estatales y docentes, a Emfer y las internas y delegados metalúrgicos combativos y un largo etcétera, se podría formar un polo de lucha mucho más poderoso. obviamente contar con esa coordinación fortalecería la lucha de todos los trabajadores contra el gobierno de Cristina y su política de ajuste.

Eso fue reemplazado por la confianza en Yasky, líder de la CTA oficialista. No se le exigió que tomara medidas nacionales de lucha en conflicto. Y Yasky no hizo nada de nada, al punto que el jueves 9 de agosto Yasky y el propio compañero Pianelli, Secretario General del AGTSyP, estuvieron en una reunión en Casa Rosada con Cristina, y no hablaron públicamente del conflicto que tenía en vilo al país. Más aún, esa dependencia de una CTA cooptada por el gobierno, impidió también reclamar el apoyo de Moyano y la CGT, quien también brilló por su ausencia.

No tenemos duda que mantener el método de la democracia sindical y las asambleas es clave para la durísima pulseada que aún queda por delante por el aumento salarial. junto con ello creemos necesario abrir un debate con todos los compañeros del subte sobre la necesidad de orientar la lucha contra la política de ajuste de Cristina, reclamando, impulsando y organizando la más amplia solidaridad obrera que fue clave para conseguir la jornada de seis horas.


UNA PELEA ENTRE CRISTINA Y MACRI POR QUIÉN SE HACE CARGO DEL AJUSTE

El gobierno de Cristina Kirchner viene aplicando una política de ajuste para lograr cubrir el déficit provocado por la caída de la producción, el consumo y los impuestos, el aumento de los costos de importación de gas, petróleo y electricidad y el pago de los vencimientos de la fraudulenta deuda externa, todo en el marco de la creciente incidencia de la crisis mundial. La orientación del gobierno es que los trabajadores y el pueblo paguemos ese ajuste con baja de subsidios, tarifazos en los servicios públicos (en particular el transporte), y otras medidas similares.

Todas las patronales extranjeras y nacionales que actúan en el país están de acuerdo con el ajuste y con hacérselo pagar a los trabajadores.

Pero en los últimos meses Cristina se orientó a hacer que el ajuste lo instrumenten
los gobiernos provinciales y el de la ciudad de Buenos Aires, conducido por Macri. Y que ellos paguen el costo político. Esto se vio en julio en la provincia de Buenos Aires con el intento de Scioli de pagar el aguinaldo en 4 cuotas a docentes y estatales, ante la negativa del gobierno nacional de girar los fondos que debía. Los trabajadores y la población no se dejaron engañar. Y la lucha de los estatales y maestros finalmente le torció el brazo a Cristina que tuvo que aportar el dinero.

Esta política es la que llevó al actual conflicto en la Capital. Cristina hace votar una ley en el Congreso para imponer el traspaso del subte a la ciudad, pero reduciendo a la mitad los subsidios. Lo que obliga a Macri a hacerse cargo del tarifazo –ya aumentó el boleto 128% a $ 2,50 y ahora dice que hay que llevarlo a $5,50- para garantizar las ganancias de Roggio, la concesionaria.

Macri acordó el traspaso en un principio, pero luego dio marcha atrás, exigiendo mayores fondos del estado nacional y el aval para conseguir un préstamo internacional, que Cristina le niega.

Desde febrero, cuando venció el anterior acuerdo paritario, la concesionaria Metrovías, se viene negando a negociar el aumento salarial y las condiciones laborales que reclaman los trabajadores nucleados en la AGTSyP, con el argumento de que no tiene fondos por la baja de subsidios y porque no se sabe cuál es la autoridad que debe otorgárselos o permitirle seguir subiendo las tarifas.

Insistimos, la guerra de declaraciones y spots televisivos y en internet entre Cristina y Macri no expresa diferencias de fondo sobre el ajuste.

La diferencia es sobre quién paga el costo político y por el control del corrupto negocio de los subsidios.

Por eso decimos que, para derrotar el ajuste, hay que enfrentar tanto a Cristina como a Macri y las patronales.

http://www.pstu.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=445:minitriunfo&catid=59:cnacionalportadapestana&Itemid=68

Las consecuencias del retorno al capitalismo


Escrito por Gabriel Casoni *   
Jueves 16 de Agosto de 2012 
Los debates sobre Cuba suscitan polémicas apasionadas. No podría ser diferente. La primera revolución socialista victoriosa en América Latina conmovió a generaciones y alcanzó conquistas colosales. Pero, también, ganó enemigos poderosos. El imperialismo la atacó con furia y odio.

Las relaciones sociales, con todo, no cesaron con la revolución. En sintonía con el proceso internacional de restauración en todos los antiguos Estados obreros, el capitalismo retornó a la isla. Así como en la ex URSS y en China, la restauración no vino a través de la intervención extranjera, pero sí por medio de la casta burocrática ubicada en el aparato estatal. En Cuba, entre tanto, hubo una especificidad: el capitalismo regresó por la acción de los mismos hombres que lideraron la revolución de 1959. Ese hecho produce confusiones y falsas esperanzas en la izquierda, en todo el mundo.

A despecho de cualquier ilusión en la dirección castrista, el capitalismo prospera en Cuba. Las empresas extranjeras dominan los sectores claves de la economía y avanzan sobre nuevos ramos. No existe más el monopolio estatal del comercio exterior ni la planificación central de la economía. El despido masivo de trabajadores públicos se articula con el aumento vertiginoso de los “trabajadores por cuenta propia”, de las pequeñas empresas y cooperativas. El pleno empleo, la calidad en salud y educación públicas, en fin, las conquistas sociales de la revolución, van siendo desmontadas una a una, en un proceso permanente y doloroso.

Incluso, entre la burguesía, no hay más duda sobre la restauración capitalista. La polémica, cuando existe, reside en el rumbo del proceso en curso. Las multinacionales españolas, canadienses y brasileñas conmemoran la apertura económica y exigen el fin del embargo económico. De otro lado, los gusanos instalados en Miami, con apoyo de EE.UU., quieren el reintegro de sus antiguas propiedades. Por eso apenas mantiene el bloqueo comercial.

Cuando el Papa Benedicto XVI desembarcó en Cuba para una visita de tres días, el periódico Miami Herald, uno de los portavoces de los gusanos y que no abriga ninguna simpatía por el gobierno cubano, afirmó que el pontífice encontraría una Cuba “bien diferente” y que Raúl Castro "aprobó la mayor expansión de la actividad económica privada que ya ocurrió bajo el régimen". El tono era eufórico, no era para menos: el Papa fue a “bendecir” la restauración.

Lo más curioso, sin embargo, es que ante los hechos incontestables, la abrumadora mayoría de la izquierda mundial aún considera a Cuba un país “socialista” o un estado “obrero”. La verdad es muchas veces desagradable, pero inevitable. El Estado cubano defiende y promueve las relaciones de propiedad capitalistas. Toda la realidad lo demuestra.

En este artículo, analizaremos los datos centrales y la dinámica de la economía de Cuba, así como su nueva ubicación en la división internacional del trabajo. En el análisis de las condiciones económicas, quedará sublimado el papel de las inversiones extranjeras y el intenso desarrollo de las pequeñas empresas en la isla. A lo largo del texto, abordaremos también el papel del gobierno cubano como agente de la restauración capitalista. Para ello, demostraremos las principales medidas llevadas a cabo en los últimos años, sobre todo en el último congreso del Partido Comunista. Por último, llegaremos a los escenarios políticos abiertos y a las posibilidades contenidas en la lucha de clases.

Economía inestable y ajuste neoliberal
La economía cubana navega en aguas turbulentas y se apoya en bases frágiles. El PBI (Producto Bruto Interno) del país no se recuperó de los impactos de la crisis internacional. En el 2011, la riqueza nacional creció apenas el 2,7%. La isla ostenta un déficit fiscal crónico (-3,6% en el 2011) y una deuda externa creciente (US$ 24 mil millones), la cual representa el 29% del PBI [2].

En este contexto delicado, la dictadura cubana impone una agenda de “reformas” al país. Las definiciones del XI° Congreso del Partido Comunista Cubano, realizado en abril del 2011, profundizan la restauración capitalista en la isla. En nombre de la “actualización del socialismo en Cuba”, el gobierno lleva a cabo un verdadero paquete de “maldades” contra el pueblo.

Las principales medidas aprobadas son brutales, a saber: a) amplias facilidades para la apertura de empresas de capital mixto y cooperativas de trabajadores; b) liquidación de empresas estatales deficitarias; c) recortes de subsidios estatales en todas las áreas. d) golpe de gestión tanto en las empresas del Estado como en la máquina estatal; e) despidos en masa y extinción de beneficios sociales, como comedores populares, transporte escolar y, principalmente, de la “libreta de abastecimiento”, especie de librito con el cual los cubanos pueden adquirir gratuitamente productos de primera necesidad.

Según el economista José Angel Jiménez, investigador de la Universidad de La Habana, “Si los cambios propuestas por el PCC fueran implementados, será algo sin precedentes. Ni en las reformas hechas después del fin de la Unión Soviética (en la década del 90) fueron tan exhaustivos” [3].

El paquete de reformas busca viabilizar el desarrollo capitalista en la isla. El gobierno quiere dotar al país de normas jurídicas, garantías económicas y una arquitectura institucional que agrade a los inversionistas privados. Al mismo tiempo, es decisivo “secar” el aparato estatal, sobre todo en lo que se refiere a la previsión social, educación, salud y viviendas públicas. En una palabra: los Castro aprobaron un típico ajuste neoliberal.

Los temores de la dictadura y los efectos de la restauración
En que, pese al deseo del gobierno cubano en promover el “despegue” de la economía, las incertidumbres son inmensas. La crisis mundial se configura como una amenaza al crecimiento económico, el cual es extremadamente dependiente del turismo y de las inversiones extranjeras. Desde el punto de vista político, los levantamientos y revueltas contra las dictaduras en el mundo árabe son como un alerta a los hermanos Castro. La situación internacional inestable se combina con un cuadro interno de crisis socioeconómica e insatisfacción popular creciente.

La decadencia de Cuba, a partir de la caída de la URSS y de la restauración capitalista, fue brutal y continua. El PBI cayó casi el 35% entre 1989 y 1993; el déficit fiscal llegó al 33% del PBI en 1993, y las importaciones, a precios corrientes, cayeron el 75% en esos cuatro años. La condición de vida de la población empeoró tremendamente. Así, por ejemplo, hubo una caída de más del 30% en la adquisición de calorías y proteínas por parte de la población [4].

La lenta recuperación económica, iniciada a partir de los años del 2000, no significó una recuperación de lo tocante al antiguo padrón de vida. En realidad, el proceso se intensificó. Para dimensionar la regresión social verificada, basta recordar que el valor real de los salarios, en Cuba, en el 2011, representa cerca del 40% del valor promedio en 1989 [5]. El salario promedio, en Cuba, no pasa los US$ 20 dólares.

La nueva ubicación de Cuba en la división internacional del trabajo
La restauración capitalista está reconfigurando el papel de Cuba en la división internacional del trabajo, sometiendo aún más al país. La economía cubana es, hoy, aún más atrasada y dependiente de lo que era en tiempos de la relación desigual con el antiguo Bloque Socialista.

La estructura económica de Cuba muestra un crecimiento acelerado del sector de servicios, que pasó del 49% del PBI al 76% en los últimos cinco años (vale destacar el papel preponderante del turismo). Se verificó, también, un descenso en el sector primario, que cayó del 22% al 5%, y del sector industrial, que cayó del 29% al 19%. Las exportaciones crecieron a un ritmo anual del 3,5%, pero las importaciones aumentaron al 6% en los últimos cinco años. La manufactura, agricultura, construcción civil y transporte, juntos, no llegan al 25% del PBI del país [6].  El gráfico de abajo demuestra ese proceso:

Cada sector en miles de millones de dólares (US$)













Fuente: Anuario Estadístico de Cuba

La producción de azúcar, históricamente el motor de la economía del país, sufrió un verdadero colapso. Entre 1985 y el 2010, la producción sufrió una caída de cerca del 800%. Las consecuencias económicas y sociales fueron terribles. La reducción de ingresos en divisas extranjeras cayó en 3,5 mil millones de dólares, en el 2010 [7]. La oferta de energía eléctrica decayó y el desempleo, en el campo, sufrió una fuerte elevación.

En lo que se refiere a la producción de alimentos, los impactos de la restauración no fueron menores. En 1990, la exportación de alimentos excedía en más del 600% la importación, pero, en el 2009, el cuadro se invierte: la importación de alimentos supera la exportación en cerca del 500% [8]. En una frase: Cuba perdió la soberanía alimentaria con el regreso al capitalismo.

Exportaciones e importaciones cubanas de alimentos, 1989-2009
(Excluyendo tabaco y bebidas alcohólicas) (Millones CUP)
















Fuente: NU CEPAL, 2000 Cuadro A.86; ONE, 2012 Table 11.3

Es interesante notar que la caída de la producción de alimentos se dio en consonancia con la privatización de la tie­rra. Para eso, una parte sustancial de las haciendas estatales se convirtió en Unidades Básicas de Producción Coo­pe­ra­tiva (UBPC), reduciendo la participación de la propiedad estatal en la tierra cultivable, del 75% al 33% [9]. Actual­men­te, se tomaron nuevas decisiones para la entrega de tierras, a arrendamiento gratuito, a personas físicas y jurídicas.

La nueva ubicación económica de Cuba no se restringe al campo. Un índice significativo para medir el patrón de de­sarrollo de un país es el peso de la industria en la composición de la riqueza nacional. Como es sabido, Cuba nunca fue un país con un sector industrial relevante. Incluso, después de la revolución, se mantuvo, fundamentalmente, como un exportador de azúcar. Entre tanto, el retorno al capitalismo viene suprimiendo lo que había de industria en la isla. Para visualizarnos esa trayectoria descendente, basta recordar que la producción industrial del país, en el 2010, representó cerca del 50% del índice medio en 1989. En síntesis: el retorno al capitalismo desindustrializó Cuba.

            















Fuente: ONE AEC, 2004, Table 11.1 and 2IX.1, and subsequent issues.
Las empresas extranjeras en Cuba
En 1995, el gobierno cubano dio un paso cualitativo en el proceso de restauración capitalista. En ese año fue aprobada la Ley de Inversiones Extranjeras, que permitió el control de sectores estratégicos de la economía por el capital externo.


Lamentablemente, el gobierno cubano no detalla el número de inversionistas extranjeros ni la participación del “capital nacional” en los negocios. Mientras, con algunos datos disponibles de la embajada española en Cuba, es posible medir la dimensión y la profundidad del proceso en curso. En el 2000, había 392 asociaciones con empresas extranjeras, los capitales provenían de 46 países [10]. Pasado más de 10 años, es de esperarse que ese número se haya elevado sustancialmente.

Según la embajada española, más del 50% de los proyectos de inversión en Cuba son de países de la Unión Europea. Los principales inversionistas son: España (turismo, transporte de petróleo, industria, servicios financieros, abastecimiento de agua, cemento) y Canadá (turismo, energía y níquel) [11].

Los inversionistas de otros países tienen un papel creciente, principalmente China, Venezuela y, ahora, Brasil. En el 2007, Venezuela y Cuba firmaron 15 acuerdos de cooperación, que incluyen un elevado número de empresas mixtas. Brasil viene ocupando un espacio mayor en los últimos años, sobre todo en las áreas de petróleo (Petrobras), níquel e infraestructura (Odebrecht).

La Isla posee la más liberal ley de inversiones extranjeras de América Latina. Recientemente, el gobierno anunció que, ahora, las inversiones extranjeras pueden ser dueñas del 100% de las empresas. Estas pueden repatriar integralmente sus ganancias, sin impuestos. En Brasil, el límite de repatriación es del 27%. Pero, no es sólo eso: el gobierno cubano prohibió, al Estado, por ley, expropiar propiedades de extranjeros en el país.
Pero, hay otro aspecto sombrío en el mundo de las empresas extranjeras en Cuba. En la isla, los sindicatos están prohibidos de realizar huelgas y manifestaciones. Sin embargo, muchos defensores de los Castro argumentan “que no se puede permitir una huelga de trabajadores contra el Estado socialista, pues ayudaría a los gusanos”. No estamos de acuerdo con ese argumento, pero pondremos ese punto polémico de lado, por ahora. Queremos preguntar, en relación a los trabajadores de las empresas extranjeras en Cuba: ¿a ellos les sería permitido el derecho de luchar contra la explotación de las multinacionales, de realizar huelgas por sus salarios?

Lamentablemente, la respuesta es negativa. En efecto, las leyes son aún más duras en ese caso. Cuba es un verdadero “paraíso” para las empresas extranjeras y mixtas (en asociación con la nueva burguesía nativa). Veamos algunas de las reglas del sector: a) los trabajadores sólo pueden ser contratados por medio de agencias creadas por el Estado; b) los inversionistas pagan a las agencias en dólares, pero las agencias estatales pagan a los trabajadores en pesos cubanos, ellas se quedan con el 95% de los salarios de los empleados; c) antes de ser contratado, se realiza una profunda investigación política del trabajador interesado; d) la jornada de trabajo es de 40 a 45 horas por semana y, ocasionalmente, más; e) está prohibido formar sindicatos y realizar huelgas [12].

En el ámbito de la izquierda trotskista, muchas son las corrientes (como el PTS y el Nuevo MAS de Argentina), que aún consideran a Cuba como un Estado obrero, incluso “burocratizado” o “en vías de restauración”. La falta de coincidencia, entre esa evaluación y la realidad cubana, es cada vez más enorme. Si el programa para Cuba se restringe a las tareas de la revolución política (la derrota de la dictadura y su sustitución por organismos democráticos de la clase obrera), ¿qué deberían hacer los trabajadores en el poder ante las propiedades extranjeras y mixtas en los sectores fundamentales de la economía? Y más: ¿deberían volver al monopolio del comercio exterior y a la planificación de la economía?  Ahora, ¿esas no son, precisamente, las tareas de la revolución socialista? Lamentablemente, el PTS y el Nuevo MAS argentinos prefieren continuar enfrentándose con la realidad.

Los trabajadores, por cuenta propia y las pequeñas empresas
El gobierno cubano, presionado por los impactos de la crisis económica mundial, se definió por un plan de incentivo al crecimiento del sector privado, buscando disminuir drásticamente el peso del sector estatal y, por consiguiente, de los subsidios a la población y de los gastos sociales en pensiones, salud y educación. Una parte de ese plan se concretizó en la Reforma Económica (“Lineamientos”), aprobada por el Parlamento del país, en el 2010.

Una meta fundamental, contenida en la Reforma es la expansión desenfrenada de los trabajadores por cuenta propia, de las pequeñas y micro empresas, además de las cooperativas. Para sentar las bases para ese incremento sin precedentes de la propiedad privada, el gobierno cubano inició el despido masivo de trabajadores estatales, que deben llegar al millón de despedidos hasta el 2015. Los nuevos desempleados, por su parte, buscan la sobrevivencia en pequeños negocios privados, que se multiplican en proporciones geométricas en la Isla.

El número de licencias concedidas por el gobierno a los pequeños negocios privados debe llegar a la espectacular marca de 380 mil, en el 2012. El gráfico abajo demuestra el crecimiento vertiginoso del trabajo por cuenta propia y de las pequeñas empresas:
                            Licencias concedidas en miles














Fuente: Dr. Pavel Vidal Alejandro y Dr. Omar Everleny Pérez Villanueva, Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana.

Para facilitar la expansión de la iniciativa privada, el marco regulatorio del gobierno es bastante flexible. Las pequeñas empresas pueden contratar, libremente, fuerza de trabajo, establecer vínculos bancarios y financieros, alquilar y adquirir propiedades particulares, entre otras facilidades. Otro dato, que llama la atención, es la evolución del número de trabajadores vinculados al universo de las pequeñas empresas. Su crecimiento es vertiginoso: el gobierno esperaba llegar a 320 mil trabajadores en ese sector, hasta finales del 2011 (ver gráfico abajo). Y el proceso siguió en curva ascendente. El Banco Central de Cuba anunció, ahora en agosto, que el número de trabajadores que ejercen actividades en el sector privado, llegó a 390 mil [13]. La expectativa declarada es de llegar a 600 mil licencias hasta finales del 2013. Pero, no sólo eso. El ministro de economía de Cuba afirmó que el empleo, en el sector estatal, cayó el 7% en el primer semestre del 2012, y anunció un aumento del 35% de los trabajadores privados o "por cuenta propia"[14]. Incluso, según el ministro, la perspectiva, a mediano plazo, es que el sector privado corresponda al 40% del PBI.













Fuente: Anuario Estadístico de Cuba
Las perspectivas políticas
El desarrollo capitalista en la Isla no ocurre sin contradicciones e incertidumbres. El gobierno cubano va por caminos peligrosos. Los males inherentes al capitalismo y el desmontaje de las conquistas sociales, pone en peligro a la dictadura, que teme que los vientos de las revoluciones árabes lleguen a la Isla. No en vano, en un discurso reciente, Raúl Castro atacó a los “grupúsculos oposicionistas” que aspiran a que “aquí suceda, algún día, lo que pasó en Libia” o “pretenden hacer como en Siria”.

Más que temer a los gusanos de Miami, la dictadura tiembla ante la posibilidad de una revuelta social. Hablando en nombre de la “revolución y de la defensa del socialismo”, busca mantener el control social y las fuentes de sus privilegios materiales. En rigor, los Castro conducen un desarrollo “a lo chino”. En otras palabras: una economía capitalista con el mantenimiento de la dictadura del Partido Comunista.

Para la dictadura cubana, sin embargo, no bastó tener privilegios por su posición en el aparato estatal, fue necesario ser propietaria. En el curso de la restauración capitalista actual, se vinculó a las empresas extranjeras, convirtiéndose en socia de grandes empresas. Paralelamente, viene promoviendo la expansión de la propiedad privada (a gran escala), por medio de los miles de pequeños negocios capitalistas que van creciendo en la Isla.

En efecto, estamos ante una nueva clase propietaria cubana. El temor frente a la posibilidad de movilización popular, sin embargo, les hace esconder sus negocios, no divulgar sus números y posesiones. Así, se comprende, toda fraseología “socialista” del régimen, que le recuerda al pueblo en todo momento: “Fuimos nosotros quienes hicimos la revolución, no vamos a traicionarla, confíen en sus comandantes”. Parafraseando a Marx, la dictadura busca, de ese modo, oprimir a los cerebros de los vivos con los fantasmas del pasado.  

El pueblo cubano, por su parte, está insatisfecho, aunque no explotó en una revuelta social. Pero, ¿por cuánto tiempo va a perdurar la aparente calma? El regreso del desempleo, los salarios miserables y el incesante desmantelamiento de las conquistas sociales, ¿hasta cuándo serán soportables? El discurso “socialista” del gobierno y sus mecanismos diseminados de represión, ¿por cuánto tiempo frenarán la lucha popular? Es difícil, incluso, precisar el ritmo y la evolución de la lucha de clases en Cuba. Lo que es probable, sin embargo, es la intensificación de las contradicciones sociales y políticas.

En ese sentido, la crisis económica mundial y el ascenso de las luchas en todo el mundo, contribuyen a un escenario de inestabilidad en Cuba. Un nuevo chapuzón recesivo, a escala global, tendrá consecuencias duras para la maltratada economía de la Isla. En el campo político, las revoluciones que derrotaron a las dictaduras en el mundo árabe y las luchas de los trabajadores europeos contras los planes de austeridad, pueden servir de ejemplo a las masas cubanas. Al mismo tiempo, la magnitud de los ataques a las conquistas sociales, el retorno del desempleo y el aumento de la carestía, también contribuyen a la elevación de la temperatura en las relaciones sociales.

El mejor escenario para la dictadura está vinculado a la perspectiva de crecimiento económico sustentable y mantenimiento del control sobre el movimiento de masas. En consecuencia, es imprescindible el fortalecimiento del aparato represivo, la continuidad del discurso “socialista”, la recuperación de la economía, en términos globales, y una masiva inversión externa en el país, que viabilice las reformas del gobierno.

En los desenlaces de la lucha de clases, asimismo, estará la última palabra. La organización revolucionaria, por su parte, tiene el deber de construir un programa revolucionario para Cuba. Este programa debe tener la estrategia de hacer una nueva revolución socialista en Cuba. Este programa revolucionario debe tener, como la tarea inmediata, la lucha por la caída de la dictadura de los Castro y por amplias libertades democráticas, que incluyan la libre organización sindical y el derecho de huelga, el fin del partido único y la inmediata disolución del aparato de represión. Esas tareas, en el terreno democrático, son parte esencial de la nueva revolución socialista que Cuba necesita.

En relación a los ataques a las conquistas sociales del pueblo cubano, es necesario luchar contra los despidos en masa en el sector público y contra el fin de los subsidios estatales. La exigencia de aumento general de los salarios debe ser levantada para combatir la carestía y el hambre que asola a los trabajadores. ¡El cierre de las empresas estatales y el recorte de inversiones en las áreas sociales deben ser rechazados! Nuestra consigna: ¡Abajo la reforma neoliberal! ¡En defensa de las conquistas sociales del pueblo cubano, como educación y salud públicas, deben estar todos los revolucionarios!

En lo tocante a las tareas transitorias, ¡es necesario luchar por la estatización de las empresas extranjeras y mixtas, bajo el control de los trabajadores! ¡El regreso del monopolio sobre el comercio exterior y el retorno a la planificación centralizada de la economía por el Estado, son centrales, para que los trabajadores controlen, por medio de sus organizaciones de clase y basadas en la democracia obrera, el rumbo del país! ¡La segunda revolución socialista en Cuba, también, debe estar al servicio de la construcción de la revolución latinoamericana y mundial!

Todas esas tareas solamente pueden ser llevadas a cabo por la movilización y organización independiente de los trabajadores y del pueblo cubano. En ese sentido, es imprescindible la construcción de una organización marxista revolucionaria en Cuba, o sea, trotskista, que levante la bandera del programa socialista y organice, en sus filas, a la vanguardia del proletariado y de los campesinos pobres.



* Este artículo contó con la colaboración de Yuri Lueska.
[2] Mauricio Front. Actualización en perspectiva. Universidad de la Habana. 
[4] José Luis Rodríguez García. La economía cubana: experiencias y perspectivas (1989-2010). En: www.scielo.br.
[5] Archibald R. M. Ritter, Carleton University, Ottawa, Canada. Cuba’s Economic Problems and Prospects in a Changing Geo-Economic Environment (Problemas de la economía cubana y perspectivas de cambio en el desarrollo geoeconómico).
[6] José Luis Rodríguez García. La economía cubana: experiencias y perspectivas (1989-2010). En: www.scielo.br.
[7] Archibald R. M. Ritter, Carleton University, Ottawa, Canada. Cuba’s Economic Problems and Prospects in a Changing Geo-Economic Environment (Problemas de la economía cubana y perspectivas de cambio en el desarrollo geoeconómico).
[8] Idem.
[9] José Luis Rodríguez García. A economia cubana: experiências e perspectivas (1989-2010). In: www.scielo.br

          
 


Más artículos: ...

sábado, 11 de agosto de 2012

Hagamos una gran marcha en apoyo a los trabajadores del subte!!! Que convoquen Yasky y Moyano!!!

Ya va una semana de conflicto en el subte. Y Cristina y Macri no se ponen de acuerdo para destrabar lo que es un simple reclamo salarial y de condiciones de trabajo. Incluso los dirigentes del nuevo sindicato, la Asociación Gremial de los Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) han dado señal de la disposición de los compañeros de flexibilizar sus reclamos. 
La conciliación obligatoria dictada por Macri es una maniobra que no lleva a nada. Por empezar, el paro es por reclamos que van dirigidos a él, tanto como a la empresa concesionaria, Roggio, como al gobierno nacional. Macri es una parte de la patronal en el conflicto, pero quiere detenerlo ordenando a la otra parte, los trabajadores, que levanten su paro. Es como si la patronal, Roggio dictara la conciliación. Además, la conciliación se supone que abre un período de negociación. Pasaron seis meses de negociaciones desde marzo sin que hubiera respuesta al reclamo de aumento salarial de los trabajadores. Es evidente que si se levanta el paro tampoco va a haber respuesta ahora.
Por eso los trabajadores del subte tienen razón en no aceptar la conciliación de Macri.

La solución de fondo y la solución inmediata

Millones de trabajadores viajan desde hace una semana en condiciones aún más terribles que las habituales. Pero el gobierno nacional y el de la Capital claramente ponen sus disputas políticas por encima de cualquier otra cosa.
Frente a esta situación, desde el PSTU decimos que la solución de fondo es echar a la empresa concesionaria, la firma Roggio, que no ha hecho otra cosa que robarse los cientos de millones en subsidios que ha recibido del estado nacional. En su lugar debe hacerse cargo Subtes de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), la empresa estatal que es propietaria del subterráneo y que hoy es dirigida por el gobierno de la ciudad, bajo el control de los trabajadores del subte. Y que el gobierno nacional le dé a SBASE los mismos fondos  que hasta ahora se venía dando a Roggio.
De este modo se terminaría la pelea entre Nación y Capital. Y habría plata para el 28% de aumento salarial y las mejoras en las condiciones de trabajo que piden los compañeros. Además de fondos para continuar la extensión del subte y arreglar las vías y los trenes.
Un paso fundamental hacia esta solución es apoyar con todo a los trabajadores del subte para que triunfen en su reclamo. Si consiguen el aumento y las condiciones laborales que reclaman, eso fortalecerá la pelea por la salida de fondo a la crisis del subte.

Los compañeros del subte deben tener el apoyo de las centrales y todos los trabajadores

A través de las asambleas que se realizan en todos los turnos en cada cabecera de línea los dirigentes del subte están consultando cada paso para que la base decida. Y esto resulta en que cada día se fortalece la confianza y se suman más compañeros al “aguante” en los andenes. No los van a quebrar.
Pero hace falta dar un nuevo empujón a la lucha, para terminar de obligar a Cristina y a Macri a ceder. Es fundamental para esto que las centrales obreras, que hasta ahora no han dicho nada sobre una lucha que afecta a millones de trabajadores, le den su apoyo a los compañeros del subte.
Es hora de que Yasky, que encabeza el sector de la CTA en el que está enrolado el nuevo sindicato del subte, dé la cara y apoye sin vueltas esta lucha ejemplar. Y lo mismo vale para Moyano, que dice que está a la cabeza de la CGT para responder a los intereses de los trabajadores. ¿Qué mayor interés tenemos los trabajadores hoy que los compañeros logren sus justos reclamos y vuelvan a funcionar los subtes, y que el transporte vuelva a la “normalidad”?
Moyano y Yasky tienen la obligación de responder a esa necesidad de los trabajadores. Y el camino para ello es que convoquen y encabecen una gran marcha en apoyo a los justos reclamos de los trabajadores del subte.
Mientras tanto, es fundamental que desde todos los lugares de trabajo saquemos resoluciones de asambleas, cuerpos de delegados y comisiones internas en solidaridad con los compañeros del subte. Y que se conforme una amplia comisión obrera y popular de apoyo a su lucha.

Apoyemos los reclamos de los trabajadores del subte: 28% de aumento y las condiciones laborales
Fuera Roggio. Qué SBASE se haga cargo bajo control de los trabajadores del subte.
Que la CGT y la CTA  se pongan a la cabeza de la solidaridad y encabecen una gran marcha de apoyo a los trabajadores del subte
Formemos una gran comisión obrera y popular de apoyo a los trabajadores del subte

El domingo 12 de agosto se realizarán festivales en todas las cabeceras del subte. Tenemos que estar junto a los compañeros, llevando golosinas y juguetes, para que los hijos de los trabajadores del subte pasen el mejor Día del Niño.

Partido Socialista de los Trabajadores Unificado

10/08/2012