viernes, 29 de noviembre de 2013

¿Exigir o no armas al imperialismo?

 

 
 
¿Exigir o no armas al imperialismo? Correo electrónico     
Escrito por Ronald León Núñez   
Lunes 14 de Octubre de 2013 11:01
Quien espere la revolución social “pura”, no la verá jamás. Será un revolucionario de palabra, que no comprende la verdadera revolución

LENIN, 1916
 
Al analizar la situación de la guerra civil en Siria, es casi un consenso la conclusión de que la dictadura de Al Assad detenta una superioridad militar sobre el Ejército Libre de Siria (ELS) y el amplio entramado de milicias que lucha por el derrocamiento de su tiranía.

Mientras el régimen sirio masacra a la población civil y ataca las posiciones rebeldes con sistemáticos bombardeos que destruyen ciudades enteras, con tanques, misiles y hasta con armas químicas, en el frente rebelde escasea lo más básico: armas, municiones, alimentos, médicos y medicamentos, máscaras antigases, etcétera.

En esta situación dramática, lo más crítico es que la inmensa mayoría de las milicias rebeldes carece de cualquier tipo de armamento pesado (artillería antiaérea, aviones, misiles y sistemas de defensa antimisiles), lo cual es absolutamente esencial no sólo para defenderse sino para pensar seriamente en una victoria militar sobre el ejército de la dictadura.

Como en cualquier guerra, y más aún en estas condiciones, el problema del armamento se transforma en vital para ganar o perder la guerra, o lo que es lo mismo, para la victoria o la derrota de la revolución siria.

Ante esta cuestión, en el marco de nuestro programa para el conjunto de la revolución, la LIT-CI plantea la necesidad de desarrollar una política de amplia solidaridad internacional con la causa del pueblo sirio. Esto significa, concretamente, una campaña de ayuda, incondicional y en todos los sentidos, por la victoria militar rebelde.

Así, sostenemos que una tarea imperiosa es impulsar la más amplia movilización para exigir en nuestros países y a todos los gobiernos del mundo, incluidos los de los países imperialistas, el envío inmediato de modernas armas pesadas, medicamentos y todo tipo de ayuda material para las milicias rebeldes del ELS y los Comités de Coordinación Locales, sin condiciones de ninguna naturaleza.

Nuestra exigencia de armas no incluye a las brigadas ligadas a Al Qaeda y al Estado Islámico de Irak y el Levante, cuya visión sectaria y confesional-religiosa del conflicto las llevó a romper el frente militar contra la dictadura y, en varias zonas, comenzaron a atacar milicias kurdas y del ELS, actuando como “quinta columna” del régimen.

Esta política y exigencia crispó aún más las duras polémicas que la revolución siria enciende entre los diversos sectores de la izquierda mundial.

Evidentemente, el amplio arco de organizaciones de corte stalinista, especialmente el castro-chavismo, es completamente contrario a exigir armas para los rebeldes. Esta posición, si bien es parte de su política contrarrevolucionaria en esos procesos, es coherente con el apoyo incondicional que estas corrientes otorgan a la dictadura, a partir de presentar a Al Assad como un supuesto “líder antiimperialista y antisionista” que estaría siendo víctima de una “conspiración del imperialismo”. Consecuentes con esta caracterización, se ubican en el campo militar de Al Assad contra el pueblo sirio. 

Sin embargo, lo curioso es que existe una serie de organizaciones centristas y hasta algunas que se reclaman trotskistas, como la Fracción Trotskista (FT) encabezada por el PTS argentino, que dicen estar a favor del “derrocamiento revolucionario” de Al Assad pero, al mismo tiempo, se oponen a exigir armas para que los rebeldes tengan las condiciones de derrotarlo en la guerra civil que está en curso.

A pesar de su afirmación de que esa exigencia no sería un “problema de principios para los revolucionarios” [1], la FT-PTS dice claramente que “no estamos de acuerdo con la exigencia hecha por la LIT-PSTU (…) para que ‘los gobiernos del mundo envíen armas y remedios para los rebeldes sirios’” [2].

Como queda claro, el resultado concreto de esta política es el mismo que el de la posición castro-chavista: no hay que mandar armas para los rebeldes que combaten a Al Assad.

El problema es que la FT llega a esta posición reivindicando el legado teórico y la tradición del trotskismo. Esto, además de ser completamente falso, crea una mayor confusión en una serie de activistas honestos y militantes revolucionarios, y sólo contribuye a debilitar e inhibir aún más la solidaridad incondicional que la revolución siria necesita con tanta urgencia.

Es por eso que se hace necesario continuar la polémica con estas posiciones.
 
¿Cuál es nuestra trinchera en Siria?

En primer lugar, la posición de la FT sobre las armas para los rebeldes sirios tiene que ver con un problema previo y más profundo: su caracterización política y su ubicación militar en la propia guerra civil.

Como discutimos en otros artículos, ante el enfrentamiento militar en Siria –y como hicieron antes en Libia–, esta corriente se posiciona en un desastroso “ni-ni” (ni Assad ni rebeldes), debido a que las milicias rebeldes no tienen una dirección revolucionaria ni existe una “hegemonía de la clase obrera” en el proceso.

En este sentido, nos critican diciendo: No estamos de acuerdo con la exigencia hecha por la LIT-PSTU cuando afirma que la política de hoy para Siria es ‘total apoyo a los rebeldes’” [3].

Sustentan su  posición en contra de un “total apoyo a los rebeldes” en el hecho de que aún no existe la clase trabajadora como sujeto político independiente luchando por un derrocamiento revolucionario de Assad, que dé lugar a un Estado de transición al socialismo rumbo a una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente” [4].

Como la lucha de las masas está encabezada por direcciones burguesas y el imperialismo actúa, como hizo siempre, con una política para derrotar la revolución, para esta corriente todo el proceso acaba siendo “cooptado” o “subordinándose” a esas direcciones contrarrevolucionarias.

En el caso de Libia, por ejemplo, cuando comenzaron los ataques aéreos de la OTAN sentenciaron que, a partir de ese momento, todos los combatientes libios habían sido “cooptados” y se habían transformado en “tropa terrestre” [5] del imperialismo.

Ahora dicen lo mismo en Siria: “Como vimos en Libia, e incluso en Egipto, la lucha de las masas acaba siendo utilizada conscientemente por las direcciones burguesas y pequeño burguesas rebeldes y por el imperialismo para evitar el derrocamiento revolucionario del régimen y de las instituciones fundamentales del Estado burgués. En Siria la historia se repite” [6].

A partir de este análisis del proceso, cuando decimos que la LIT-CI “apoya incondicionalmente la lucha armada del pueblo sirio, dirija quien la dirija políticamente” [7], nos acusan de “abandono de cualquier perspectiva revolucionaria” [8].

Primero, despejemos una falsa polémica.

Nosotros coincidimos en que en el conflicto sirio aún no existe “la clase trabajadora como sujeto político independiente” que esté luchando por un programa socialista revolucionario rumbo a la “Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente”.

Por el contrario, todos sabemos que la inmensa mayoría de las milicias rebeldes están comandadas por direcciones burguesas, como el Consejo Nacional Sirio (CNS) o la cúpula del ELS que, además, son profundamente pro-imperialistas. También es innegable que la clase obrera, como sujeto social, no sólo no es el caudillo de la revolución sino que actúa en la resistencia contra la dictadura en forma diluida.

Ante esto, es elemental la cuestión de que los revolucionarios debemos luchar con todas nuestras fuerzas para impulsar la hegemonía obrera y para dotar al proceso sirio de una dirección política socialista revolucionaria.

Entonces, esta nunca fue la discusión. 

La discusión es: ante la inexistencia actual de “la clase trabajadora como sujeto político independiente” y de una dirección que luche por la “Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente”, y mientras eso no exista, ¿cuál debe ser la posición militar de los revolucionarios en el enfrentamiento armado entre los rebeldes (que tienen como dirección al CNS y a la cúpula del ELS) y la dictadura de Al Assad? ¿Damos “total apoyo” a la causa de la revolución siria y luchamos hombro a hombro con los rebeldes a pesar de esas direcciones burguesas y pro-imperialistas, sí o no?

Nuestra posición es clara: estamos en la trinchera rebelde (con todas sus contradicciones) contra Assad, y combatimos a las direcciones burguesas y al imperialismo desde esa ubicación militar.

La FT tiene una posición y una política opuestas. Como la realidad no se ajusta a sus condiciones (no existe una dirección revolucionaria ni una hegemonía obrera), no apoya ni se ubica militarmente en el bando rebelde. Es decir, no combate a la dictadura siria en la forma concreta en que esa lucha ocurre en la realidad.

Esto es así pues, en medio de un enfrentamiento armado, negar un “apoyo total” a la victoria militar rebelde tiene como consecuencia, concreta e inevitable, el favorecimiento de la victoria militar de Al Assad.

Por eso el marxismo siempre enseñó que nunca se puede confundir, como hace la FT, el carácter objetivo de los procesos con su dirección. De la misma forma que no debemos confundir la justeza de una huelga obrera con su dirección burocrática, no debemos confundir la justa causa por la cual lucha el pueblo sirio con sus direcciones traidoras.
 
Campos militares e independencia de clase

La FT nos ataca diciendo que en Siria actuamos con una “lógica de dos campos y sólo dos, ubicándose en el progresivo” [9]. Esta supuesta “lógica semi-campista” [10], según argumentan,sería equivocada pues termina en una “adaptación” a las direcciones burguesas, cuando la tarea es “fortalecer un ‘tercer campo’ obrero” [11].

Para entender esta discusión es necesario separar y comprender dos conceptos que la FT confunde. Nos referimos a los conceptos de campo militar e independencia de clase.

Los revolucionarios nunca apoyan políticamente a la burguesía ni al imperialismo; jamás apoyamos a ningún gobierno capitalista, ni siquiera aquellas medidas que se muestran “progresivas”. Para el marxismo, la burguesía es contrarrevolucionaria en su conjunto. Esto significa que no existen “campos burgueses progresivos”, como defendían los mencheviques, Stalin y Mao. Por eso, ante cada enfrentamiento concreto de la lucha de clases, siempre mantenemos nuestro programa revolucionario y completa independencia política respecto de la burguesía y el imperialismo.

Ahora bien, en ciertos momentos, la lucha de clases llega a su máximo grado y se expresa a través del choque físico, de la guerra, pudiendo tratarse de guerras inter-imperialistas, colonialistas, de liberación nacional o guerras civiles.

En estos casos extremos, se conforman campos militares, que tienen que ver, exclusivamente, con los bandos que se enfrentan físicamente en un determinado conflicto armado. La existencia de estos campos militares y su composición específica, en la inmensa mayoría de los casos, es independiente a la voluntad de los revolucionarios.

Se dan, entonces, situaciones contradictorias. Por ejemplo, es muy común que en determinados enfrentamientos armados, sobre todo en aquellos donde se combate contra una dictadura o contra el imperialismo, la burguesía se divida y sectores de la clase explotadora participen de la lucha armada junto a la clase obrera y el pueblo en general, llegando incluso a dirigir política y militarmente ese campo militar.

Por ejemplo, durante la revolución rusa de 1917, el campo militar contra el golpe de Kornilov, era dirigido política y militarmente por el gobierno burgués de Kerensky. La lucha armada contra la invasión japonesa a China, iniciada en 1937, fue comandada por Chiang Kai-shek, burgués y asesino de comunistas. Asimismo, en 1982, el campo militar de la Argentina contra el imperialismo inglés durante la guerra de Malvinas, era dirigido política y militarmente por la sanguinaria dictadura argentina.

En estos casos, para tener una posición y una política revolucionarias, es necesario seguir a Lenin que, reivindicando la premisa de von Clausewitz, decía que toda “guerra es la continuación de la política por otros medios” y, en ese sentido, ante cualquier enfrentamiento armado, lo primero es siempre “analizar la naturaleza de la guerra” sobre la base del estudio de “la política que precede a la guerra”.

A partir de esta premisa, los revolucionarios siempre deben preguntarse: ¿existe un campo militar “progresivo” desde el punto de vista del avance de la revolución?

Puede ser que no exista ningún campo militar “progresivo” y que, por lo tanto, los revolucionarios deban adoptar la política del derrotismo revolucionario, es decir, batallar por la derrota de todos los bandos enfrentados. Esta fue, por ejemplo, la política de Lenin y Trotsky ante el enfrentamiento entre las potencias imperialistas en la Primera Guerra Mundial.

Pero, si existe un campo militar “progresivo”, los revolucionarios, preservando su total independencia política y denunciando a las direcciones burguesas, tienen la obligación de participar de él y de apoyar su victoria militar de manera incondicional. Dicho de otra forma, en esos casos, los marxistas mantienen siempre su independencia política y su programa revolucionario dentro del campo militar “progresivo”.

¿Cómo se aplican estas lecciones del marxismo en Siria? Si la “guerra es la continuación de la política por otros medios” y desde el comienzo de las movilizaciones en Siria estuvimos al lado del pueblo sirio y a favor de derrocar a Al Assad, cuando ese enfrentamiento dio un salto y derivó en lucha armada nos ubicamos en el campo militar junto al pueblo sirio. Esto es así porque en Siria existen dos y no tres campos militares. El “tercer campo obrero independiente” del cual habla la FT sólo se puede fortalecer a partir de combatir en el campo militar rebelde.

Este fue siempre el criterio de Lenin y Trotsky. Cuando se dio el intento de golpe contrarrevolucionario de Kornilov, nuestros maestros, sin dejar de combatir y denunciar a su gobierno burgués, no dudaron en participar en el campo militar de Kerensky. “Apoyamos nuestro fusil en el hombro de Kerensky, luego saldamos cuentas”, tal fue la consigna bolchevique.

De la misma forma, en Malvinas, el morenismo no tuvo dudas para posicionarse en el campo militar argentino para derrotar al imperialismo inglés, a pesar de que esa guerra era conducida por la dictadura militar. Y desde esa ubicación denunció implacablemente a los militares genocidas argentinos.

Esta fue la misma posición de Trotsky, como veremos enseguida, durante la revolución y la guerra civil española.
 
La tarea esencial es ser “los mejores soldados” contra Al Assad

La revolución española se expresó en una guerra civil (1936-1939) en la cual se enfrentaron dos campos militares: el republicano y el fascista.

Ambos campos militares eran dirigidos por sectores burgueses y apoyados por distintos imperialismos.

El bando fascista era comandado por el general Franco, que tenía el apoyo de los imperialismos nazi-fascistas de Alemania e Italia, y el bando republicano, en el cual participaba la clase obrera y el pueblo pobre a través de sus milicias y organizaciones, era comandado por un gobierno burgués de Frente Popular que, a su vez, era apoyado por los imperialismos “democráticos” de Francia e Inglaterra, y también por Stalin.

Ante ese enfrentamiento de campos militares con direcciones burguesas, ¿existía un campo militar “progresivo” para Trotsky? La respuesta es un sí categórico: el campo militar republicano contra el fascista.

¿Por qué era “progresivo”, a pesar de la dirección traidora republicana? Porque una victoria de Franco significaría una derrota histórica del proletariado y la revolución española y una victoria de la contrarrevolución, como desgraciadamente se dio.

Lo definió de esta manera: “Negarse a apoyar a los ejércitos republicanos es algo que sólo pueden dejar de hacer los cobardes y los traidores agentes del fascismo. El deber elemental de todo revolucionario es luchar contra Franco, Mussolini y Hitler” [12].

Cuando le preguntaron cuál debería ser la “actitud del partido revolucionario español” ante la guerra civil, Trotsky dio un claro ejemplo de cómo se deben diferenciar claramente los conceptos de apoyo político y campo militar

Le diría: “Nada de alianza política con la burguesía”, como primera condición. La segunda: “Debéis ser los mejores soldados contra los fascistas”. La tercera: “Debéis decir a los soldados, a los demás soldados y campesinos: ‘Debemos hacer de nuestro país el país del pueblo. Cuando hayamos ganado a las masas, expulsaremos a la burguesía, tomaremos el poder y haremos la revolución social” [13].

Tomando estos criterios de Trotsky para la guerra civil española, es fundamental preguntarnos: ¿existe un campo militar “progresivo” en Siria, en el cual los revolucionarios tienen el “deber elemental” de combatir como “los mejores soldados”?

Nosotros sostenemos que sí existe y es el campo militar rebelde que combate a la dictadura de Al Assad.

Las enseñanzas de Trotsky, en nuestra opinión, se aplican perfectamente a la guerra civil en Siria. Por eso, para la LIT-CI, quienes se consideren revolucionarios deben, en primer lugar, ser los “mejores soldados” contra Al Assad.

Sólo a partir de esta ubicación en el enfrenamiento armado, como hizo Trotsky en España, podremos presentar “a los demás soldados” nuestro programa socialista revolucionario y disputar la dirección política de ese campo militar a las direcciones burguesas y serviles del imperialismo, construyendo la indispensable dirección obrera y revolucionaria que el pueblo sirio necesita para ganar la guerra y poder avanzar no sólo hasta el derrocamiento de la dictadura sino hasta la toma del poder y la construcción del socialismo en Siria y en la región.

La FT, que no diferencia los campos políticos de los campos militares y que confunde el proceso objetivo con sus direcciones, está haciendo lo opuesto de lo que decía Trotsky para la revolución española.

Cualquiera que aplique la lógica de esta corriente, al compararla con la de Trotsky, no podrá evadir esta pregunta: ¿pero acaso los “ejércitos republicanos” no eran dirigidos por un gobierno burgués (el Frente Popular)?

He ahí que la FT tiene un problema grave para sustentar sus posiciones para Siria y para Libia en la tradición trotskista.

Les preguntamos: ¿actuó Trotsky con una “lógica semi-campista” cuando se ubicó militarmente en el bando republicano, sí o no? ¿Al “apoyar a los ejércitos republicanos”, Trotsky capituló completamente a sus dirigentes burgueses, pequeñoburgueses y stalinistas y se transformó en el “mejor soldado” de la burguesía (¿“tropa terrestre del Frente Popular español”?), sí o no?

Si es coherente con su lógica, la FT debería responder que sí. O bien decir que la dirección republicana en España era una dirección revolucionaria.

Nos dirán: ¡España es diferente a Siria! pues existían “fuertes organizaciones de la clase trabajadora” [14]. Eso es verdad. Existen muchas diferencias entre la revolución española y la actual revolución siria. Pero existen dos coincidencias fundamentales: las dos revoluciones se expresaron en guerras civiles y ninguna fue dirigida por un partido revolucionario ni la clase obrera actuó como un “sujeto político independiente”.

A partir de este profundo error teórico, toda su política es estéril, no solamente ante el problema militar sino en relación con la propia construcción de una dirección revolucionaria.

Al “ni-ni” de la FT, el viejo Trotsky respondería en los mismo términos con los que polemizó con varios sectores ultraizquierdistas que, ante la guerra civil española, veían un mero enfrentamiento “entre campos burgueses” [15] y levantaban la política del “derrotismo revolucionario”:

Imaginaros a un revolucionario en medio de los dos campos de la guerra civil con su bandera: ‘Ni victoria ni derrota’. Esta consigna es válida para Poncio Pilato, no para un revolucionario […] Participamos en la lucha contra Franco como los mejores soldados, y al mismo tiempo, en interés de la victoria sobre el fascismo, agitamos la revolución social y preparamos el derrocamiento del gobierno derrotista de Negrín. Sólo una actitud semejante puede acercarnos a las masas [16].
 
Una calumnia en la discusión

La discusión con la FT sobre este asunto comienza necesariamente por salir al paso de una calumnia.

Entonces dicen que el problema de las armas “no es simplemente militar” [17] sino una “cuestión de (…) luchar por una política de independencia de clase (…) en relación a los sectores más abiertamente pro imperialistas, como el Consejo Nacional de Transición sirio, sino también de la dirección del Ejército Sirio Libre” [18], algo que la LIT-CI, según ellos, no hace, pues su “política para Siria borra cualquier delimitación de clase, al limitarse a adaptarse acríticamente al sector opositor hegemonizado por la burguesía” [19].

Esta acusación es completamente falsa. Siempre hemos denunciado el papel inconsecuente y traidor de esas direcciones, exactamente por su carácter de clase capitalista. Esto lo puede comprobar cualquiera que lea nuestras declaraciones.

Pero, para mostrar una vez más el método calumnioso, opuesto al trotskismo, que desarrolla la FT, la cita de dos ejemplos es suficiente. El primero, en relación al CNS y al ELS:

Es de vida o muerte que, al calor de la lucha contra el régimen de Assad, sea el pueblo, sea la clase trabajadora siria la que se auto organice y se auto determine a la hora de definir los destinos de su lucha. Dirigentes como los actuales, tanto del CNS como del ELS, si bien pueden estar momentáneamente en el mismo campo militar que el pueblo pobre, en contra de Assad, por su carácter de clase acabarán, más temprano que tarde, traicionando las reales aspiraciones populares, no sólo económicas, sino hasta las que existen en el terreno de las libertades democráticas (…) La única salida, para una victoria estratégica, es construir una dirección revolucionaria e internacionalista que tome las riendas del proceso [20].

Sobre el CNT libio, sostuvimos: “El CNT pretende desmontar la revolución a través de encauzar los anhelos de cambio, haciendo promesas de las elecciones y de una asamblea constituyente controlada desde arriba. Las milicias populares no pueden depositar confianza en el CNT tan siquiera un minuto. Eso equivaldría al fin de la revolución (...)” [21]. Y así podríamos citar decenas.

Preguntamos: ¿dónde está la “adaptación acrítica al sector opositor hegemonizado por la burguesía”? ¿Dónde está la falta de “independencia de clase” y de una “estrategia revolucionaria”? ¿Dónde está el “abandono” de la LIT-CI a la tarea de construir una dirección revolucionaria? Sólo en las afirmaciones mentirosas de la FT.

Desde el momento en que la LIT-CI sí se diferencia y denuncia el papel de las direcciones traidoras del campo militar rebelde, tanto en Libia como en Siria, al mismo tiempo en que luchamos por construir una dirección revolucionaria, la verdadera crítica de la FT que se mantiene es que exigimos “armas para los rebeldes”. Esta es la verdadera discusión.

Y esto no debe extrañar a nadie. Es una derivación lógica de su posición contraria a ser “los mejores soldados” contra la dictadura, una postura que, como vimos en el caso de España, Trotsky atribuía sólo a los “cobardes” y “traidores”.
 
No exigir armas para los rebeldes sirios es facilitar la derrota de la revolución

La FT justifica esta posición diciendo: “No se trata de pedir armas para direcciones burguesas (…)” [22].

En este sentido, en el caso de Libia, afirman que “no bastaba el armamento de “milicias”, sino que el problema de su composición social, el carácter de la organización y de su dirección, son decisivos”. Insisten en esto diciendo que La cuestión política decisiva se concentraba (…) en la falta de un polo independiente con influencia de masas que pudiera pesar en la rebelión” [23].

Les preguntamos: ¿mientras no exista un partido revolucionario y un “polo proletario revolucionario” no respondemos al problema concreto del armamento? ¿Dejamos que esa revolución sea aplastada y ahogada en sangre? ¿El pueblo sirio debe renunciar a un derecho democrático tan básico como el pedir armas para defenderse sólo porque aún no ha podido construir esa dirección revolucionaria?

Apelando nuevamente a las lecciones históricas de la revolución española, la FT debería responder: ¿no fue unánime en toda la izquierda, en el Estado español y en el mundo, la exigencia de armas y apoyo material a la República cuando los trabajadores y el pueblo se enfrentaban a las tropas de Franco? ¿No se exigían esas armas, especialmente a Inglaterra y Francia? ¿Y acaso la dirección del campo militar republicano no era un gobierno burgués traidor? ¿Acaso Inglaterra y Francia no eran países imperialistas? ¿No quedó para la historia su negativa a enviar ese armamento como una demostración de rechazo infame a apoyar la revolución, que terminó en el triunfo militar de Franco?

Otro argumento es que la exigencia de armas para los rebeldes sería “como mínimo utópica y sembradora de ilusiones en el imperialismo” pues el conjunto de las potencias “no tiene esa política” [24] e impulsan “una salida negociada”. 

Pues bien, ¿desde cuándo los revolucionarios dejamos de hacer una justa exigencia a algún gobierno capitalista porque tal medida “no es la política” de ese gobierno?

Exactamente por eso, la exigencia de armas a los países imperialistas tiene la utilidad política de desenmascarar a esas potencias como enemigas de la revolución, precisamente para combatir las ilusiones de quienes confían en los discursos “democráticos” del imperialismo.

Pero supongamos que, por una combinación de contradicciones, la política del imperialismo fuera la de armar a los rebeldes, ¿llamaríamos a los combatientes sirios a que rechacen esas armas aunque estén siendo masacrados? ¿Llamaríamos a la clase obrera de Estados Unidos, Francia o el Reino Unido a sabotear los posibles cargamentos de armas para los rebeldes sirios?

Toda política tiene consecuencias concretas. En este caso, no exigir o ser contrarios a aceptar armas para los rebeldes sirios equivale, en los hechos, a avalar que el pueblo sirio continúe siendo masacrado por el tirano Al Assad.
 
Una política contraria a la de Trotsky en la guerra civil española

La FT, en su auxilio, cita a Trotsky cuando afirmó que en España: “No eran armas ni “genios” militares lo que faltaba en Madrid o Barcelona, pero sí un partido revolucionario” [25].

Es verdad que lo que faltó en España fue un partido revolucionario, pero eso no impidió que Trotsky, al tiempo que intentaba construirlo, tuviera una política clara para conseguir las armas que los revolucionarios españoles necesitaban.

En este sentido, es sumamente esclarecedor un texto que Trotsky con el sugestivo título de “Aprendan a pensar. Una sugerencia amistosa a ciertos ultraizquierdistas”. En este artículo de 1938, Trotsky expone claramente su posición general sobre aceptar o no armas del imperialismo:

Supongamos que mañana estalla una rebelión en la colonia francesa de Argelia bajo la bandera de la independencia nacional y que el gobierno italiano, motivado por sus propios intereses imperialistas, se prepara para enviarles armas a los rebeldes. ¿Cuál debe ser la actitud de los obreros italianos en este caso? Intencionalmente he tomado un ejemplo de rebelión contra un imperialismodemocráticocon la intervención a favor de los rebeldes de un imperialismofascista. ¿Deben los obreros italianos evitar el envío de armas a los argelinos? Dejemos que los ultraizquierdistas se atrevan a contestar afirmativamente esta pregunta. Cualquier revolucionario, junto con los obreros italianos y los rebeldes argelinos, repudiarían tal respuesta con indignación. Aunque al mismo tiempo estallase una huelga general marítima en la Italia fascista, los huelguistas deberían hacer una excepción en favor de aquellos barcos que llevasen ayuda a los esclavos coloniales en rebelión; de otra forma no serían sino viles sindicalistas, no revolucionarios proletarios.

Al mismo tiempo, los obreros marítimos de Francia, aunque no se enfrenten a ninguna huelga, estarán obligados a realizar cualquier esfuerzo para bloquear el embarque de municiones que se pretenda usar contra los rebeldes. Sólo una política tal, por parte de los obreros italianos y franceses, constituye la política del internacionalismo revolucionario.

Sin embargo, ¿no significa esto que los obreros italianos moderan su lucha, en este caso, contra el régimen fascista? Ni en lo más mínimo. El fascismo presta "ayuda" a los argelinos tan sólo para debilitar a su enemigo, Francia, y extender su mano rapaz sobre sus colonias. Los obreros revolucionarios italianos no olvidan esto en ningún momento. Hacen un llamado a los argelinos para que no confíen en su "aliado" traicionero y, al mismo tiempo continúan su propia lucha irreconciliable contra el fascismo, "el principal enemigo en su propio país". Sólo en esta forma pueden obtener la confianza de los rebeldes, ayudar a la rebelión y fortalecer su propia posición revolucionaria” [26].

Trotsky actuó con estos mismos criterios durante la guerra civil española.

En primer lugar, siempre denunció como una traición favorable a la victoria del fascismo en España el “Pacto de No Intervención”, impulsado por el gobierno de Frente Popular francés, encabezado por el socialdemócrata León Blum y apoyado firmemente por el Reino Unido.

Esta “pérfida no intervención” [27], en palabras de Trotsky, entre otras medidas, se basó en promover un “embargo de armas” para ambos lados beligerantes [28]. Este embargo, como los trotskistas y toda la izquierda republicana denunciaron, fue una gigantesca farsa que sólo favoreció al fascista Franco, que nunca paró de recibir armas y soldados de los imperialismos alemán e italiano.
 
En un texto titulado “Contra el ‘derrotismo’ en España”, insiste nuevamente sobre la cuestión de los revolucionarios ante las armas, en el marco de la existencia de un campo militar “progresivo”:
 
Tomemos un ejemplo: Dos barcos con armas y municiones salen de Francia o de los Estados Unidos, uno para Franco y otro para Negrín. ¿Qué actitud deberían tomar los trabajadores? ¿Sabotear el transporte de los dos o sólo el de Franco? No somos neutrales. Dejaríamos pasar el barco con municiones para Negrín. Sin ilusiones, sabemos que de estas balas, nueve de cada diez serán dirigidas contra los fascistas, pero al menos una contra nuestros camaradas. Pero de las municiones destinadas a Franco, diez de diez serán dirigidas contra nuestros camaradas. No somos neutrales. No dejaríamos pasar el barco con municiones para Franco. Entiéndase bien, si se produjese en España una insurrección obrera armada, intentaríamos hacer llegar las armas y las municiones hasta las masas de obreros insurrectos. Pero mientras no tengan suficiente fuerza para esto, escogeríamos el mal menor [29].
 
En otro texto, polemizando con Craipeau, un camarada francés, Trotsky dice:
 
Las reuniones de trabajadores vibraron por meses con el grito: “Aeroplanos para España”.Imaginen por un momento que Blum hubiera decidido enviar algunos. Imaginen que en este preciso momento estuviera en curso una huelga de estibadores o marineros. ¿Qué habría hecho Craipeau? ¿Se habría opuesto al grito “Aeroplanos para España”? ¿Habría aconsejado a los trabajadores en huelga hacer una excepción para esta carga de aeroplanos? Pero la Unión Soviética envió realmente aeroplanos (a un precio bastante alto y con la condición de apoyar el régimen capitalista, eso lo sé muy bien). ¿Habrían exhortado los bolcheviques leninistas a los trabajadores soviéticos a sabotear estos cargamentos? ¿Sí o no? [30]
 
Es claro que, ante el enfrentamiento armado, Trotsky aceptaría los “aeroplanos” del imperialista Blum, y es claro que no se quedó sentado ni comentando que los “obreros insurrectos” aún no “tenían fuerza suficiente” para posicionarse por la victoria militar contra el fascismo ni para “dejar pasar” armas para Negrín, el “mal menor” desde el punto de vista militar.
 
Por supuesto, esto nunca significó un apoyo político al gobierno republicano, a punto tal que Trotsky se opuso a apoyar los créditos de guerra que Negrín solicitó en las Cortes.
 
La FT cita una frase de Trotsky que dice:
 
En tanto que partido revolucionario, ¿movilizamos hoy en día voluntarios para Negrín? Esto significaría enviarlos a las garras de la G.P.U. ¿Colectar dinero para el gobierno Negrín? ¡Absurdo! colectaremos dinero para nuestros propios camaradas en España, y si enviamos camaradas, será clandestinamente, para nuestro propio movimiento. ¿Nuestra actitud frente a comités como el Comité americano para la democracia en España, frente, a los mítines, acciones sindicales, etc.? Defenderemos la idea de que los sindicatos deben colectar dinero, no para el gobierno, sino para los sindicatos españoles, para las organizaciones obreras [31].
 
Alguien que lea esta cita fuera de su contexto, podría pensar que Trotsky sólo estaba a favor de mandar y recibir ayuda material para ciertas milicias o “sindicatos obreros” independientes del gobierno de Negrín. Pero eso no es así, como el mismo Trotsky explica en el párrafo siguiente, que la FT no cita:
 
Si se nos objeta que los sindicatos españoles están ligados al gobierno, y que por lo tanto sería inadmisible mandarles dinero, responderemos mencionando un único ejemplo: durante la huelga de los mineros de Gran Bretaña en 1926, enviamos dinero a los sindicatos de mineros, cuyos dirigentes estaban estrechamente ligados al gobierno británico. Los comités de huelga pueden ser reformistas, pueden ser traidores, pueden tener relaciones con los patronos. Pero no podemos dejar de tener en cuenta que mientras los mineros no sean capaces de cambiarlos, les enviaremos dinero, corriendo el riesgo de que traicionen a los obreros [32].
 
De esto, podemos concluir:
 
1)                 Trotsky estaba por la victoria militar de los republicanos contra el fascismo. Esto significa que batalló por la victoria del campo militar republicano de conjunto, a pesar de que este era dirigido por burgueses, pequeñoburgueses y stalinistas traidores. Por eso estuvo a favor de “dejar pasar” el “barco con municiones para Negrín”, venido de “Francia y Estados Unidos”, y declaró que “ayudaría a Caballero con todos los medios materiales, contra el fascismo” [33], a sabiendas de que estos eran gobiernos burgueses.
 
2)                 Ahora bien, “en tanto que partido revolucionario”, es decir, refiriéndose a la campaña propia y específica de los trotskistas, no juntaría ni mandaría voluntarios o dinero para el gobierno de Negrín sino para los sindicatos españoles. Eso es correcto. Pero en el marco de ese criterio, Trotsky es categórico y aclara que mandaría esa ayuda colectada por el “partido revolucionario” incluso cuando esos sindicatos eran “reformistas”, tenían “relaciones con los patronos” y estaban “ligados al gobierno”.
 
3)                 Esto demuestra dos cuestiones en la polémica con la FT. La primera es que Trotsky, a la hora de exigir o aceptar armas, nunca tuvo el criterio de la FT de que “no se trata de pedir armas para una dirección burguesa”. La segunda es que el viejo revolucionario no esperó sentado a que exista una dirección revolucionaria, ni siquiera un “polo proletario independiente”, para mandar ayuda material, como exige la FT para Siria.
 
De la misma forma que actuó Trotsky, la LIT-CI exige y aceptaría armas y “aeroplanos” de “Francia y Estados Unidos”, o del gobierno que fuera, para el campo rebelde en general, aunque la mayor parte de estas armas pase por las manos de las direcciones burguesas de ese campo y, a nivel de nuestra campaña en particular, mandamos la ayuda que colectamos a aquellos sectores más progresivos e independientes de la resistencia siria.

Todo esto desnuda que las diferencias de la FT con la LIT-CI son, en verdad, diferencias con Trotsky.

Estas son lecciones muy importantes para actuar en las revoluciones actuales. En este sentido, en nuestra opinión, a los ultraizquierdistas de hoy les cabe exactamente la sentencia que Trotsky dio a los fraseólogos “derrotistas” en la guerra civil española:

Aquellos ultraizquierdistas que no quieren pensar como marxistas –es que de eso se trata– serán sorprendidos por la guerra. Su política en tiempos de guerra será la fatal consumación de su política en tiempos de paz. El primer disparo de artillería enviará a los ultraizquierdistas a la inexistencia política o los llevará al campo del social-patriotismo, exactamente como a los anarquistas españoles, aquellos absolutos "negadores" del estado, que por las mismas razones se convirtieron en ministros burgueses cuando llegó la guerra. Para poder llevar adelante una política correcta en tiempos de guerra, debemos aprender a pensar correctamente en tiempos de paz [34].
 
De la misma forma, todo el razonamiento ultraizquierdista de la FT en las guerras civiles de Siria y Libia los ubicó, ante “el primer disparo de artillería”, objetivamente contra esas revoluciones.  


[1]ISHIBASHI, Simone. Abaixo a intervenção imperialista na Síria. Disponible en: http://www.ler-qi.org/Abaixo-a-intervencao-imperialista-na-Siria (Todas las traducciones son nuestras).
[2]ISHIBASHI, Simone. A crise síria e a necessidade de uma política revolucionária. Disponible en: http://www.ler-qi.org/A-crise-Siria-e-a-necessidade-de-uma-politica-revolucionaria .
[3]Ídem.
[4]Ídem.
[5]CINATI, Claudia. La OTAN busca asegurarse el control de Libia. Disponible en:http://www.pts.org.ar/La-OTAN-busca-asegurarse-el-control-de-Libia
[6]ISHIBASHI, Simone. A crise síria e a necessidade de uma política revolucionária.
[7]Ídem.
[8]Ídem.
[9]MOLINA, Eduardo e ISHIBASHI, Simone. A un año y medio de la “primavera árabe”. Disponible en: http://www.ft-ci.org/A-un-ano-y-medio-de-la-primavera-arabe
[10]Ídem.
[11]Ídem.
[12]TROTSKY, León: Por la victoria de la Revolución española. Disponible en  http://www.ceipleontrotsky.org/Por-la-victoria-de-la-Revolucion-espanola (Subrayados nuestros).
[13]TROTSKY, León. Los revolucionarios en la guerra civil. Disponible en: http://www.ceip.org.ar/160307/index.php?option=com_content&task=view&id=990&Itemid=114 (Subrayados nuestros).
[14]ISHIBASHI, Simone. A crise síria e a necessidade de uma política revolucionária
[15]La FT presentó la lucha en Libia como un enfrentamiento entre “campos burgueses” o simplemente entre “entre la dictadura en descomposición y un bloque rebelde manipulado por la cooptación imperialista”. Ver A un año y medio de la “primavera árabe”, antes citado. 
[16]TROTSKY, León. Contra el “derrotismo” en España. Disponible en:http://ceipleontrotsky.org/Contra-el-derrotismo-en-Espana(Subrayados nuestros).
[17]ISHIBASHI, Simone. Abaixo a intervenção imperialista na Síria.
[18]Ídem.
[19]Ídem.
[20]LEÓN, Ronald. Comenzó la guerra civil en Siria. Disponible en: http://litci.org/inicio/newspaises/asia/siria/3016-comenzo-la-guerra-civil-en-siria.
[21]LEÓN, Ronald. ¿Dónde está la revolución y dónde la contrarrevolución en Libia?. Disponible en: http://www.litci.org/artigos/747-libia/2958-idonde-esta-la-revolucion-y-donde-la-contrarrevolucion-en-libia.
[22]ISHIBASHI, Simone. A crise síria e a necessidade de uma política revolucionária.
[23]MOLINA, Eduardo e ISHIBASHI, Simone. A un año y medio de la “primavera árabe” (Subrayados nuestros).
[24]ISHIBASHI, Simone. A crise síria e a necessidade de uma política revolucionária.
[25]TROTSKY, León. Lección de España; última advertencia. Disponible en: http://www.ceipleontrotsky.org/Leccion-de-Espana-ultima-advertencia
[26]TROTSKY, León. Aprendan a pensar. Disponible en: http://ceipleontrotsky.org/Aprendan-a-pensar (Subrayado nuestro).
[27]Trotsky, polemizando con Craipeau, dirigente francés del Movimiento por la Cuarta Internacional, escribió: “Si Blum en vez de declarar la pérfida “no intervención” –siempre a las órdenes del capital financiero– hubiera apoyado a Caballero y Negrín con su democracia capitalista, ¿hubiera renunciado Craipeau a su oposición irreductible contra el gobierno del “Frente Popular”? ¿O habría renunciado al deber de distinguir entre los dos campos que se enfrentaban en España y adaptar su política a esta distinción?”. En “Una vez más: la Unión Soviética y su defensa”, disponible en: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940s/dm/36.htm.
[28]En agosto de 1936, 27 estados europeos firmaron el “Acuerdo de No Intervención en España” mediante el cual decidieron "abstenerse rigurosamente de toda injerencia, directa o indirecta, en los asuntos internos de ese país" y prohibieron “la exportación... reexportación y el tránsito a España, posesiones españolas o zona española de Marruecos, de toda clase de armas, municiones y material de guerra”.
[29]TROTSKY, León. Contra el “derrotismo” en España. (Subrayados nuestros).
[30]TROTSKY, León. Una vez más: la Unión Soviética y su defensa. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940s/dm/36.htm
[31]TROTSKY, León. Contra el “derrotismo” en España.
[32]Ídem.
[33]TROTSKY, León. Los revolucionarios en la guerra civil. (Subrayados nuestros).
[34]TROTSKY, León. Aprendan a pensar. (Subrayados nuestros).
 
 


martes, 3 de septiembre de 2013

Declaración LIT (CI): ¡Fuera Bashar Al Assad! ¡NO a la intervención imperialista!

Los gobiernos de las principales potencias imperialistas, además de Turquía, están preparando un ataque militar en Siria. Incluso después de la derrota de Cameron en el parlamento británico, que votó contra la participación inglesa en el conflicto, el gobierno de Obama declaró que está preparado para actuar en solitario, a lo sumo con el apoyo de Francia.

El imperialismo, cínicamente, afirma que esta intervención armada tendría objetivos “humanitarios” y sería para “proteger civiles” sirios, usando como pretexto el brutal y repudiable ataque con armas químicas en los suburbios de Damasco, en el cual murieron al menos 1.400 personas.

Según informó el Washington Post, EEUU está considerando una intervención militar limitada en cuanto a su duración y objetivos. El operativo militar, en conjunto con otras potencias, consistiría en el lanzamiento de misiles –durante pocos días- desde el mar contra blancos militares, no restringiéndose necesariamente a aquellos relacionados a armamento químico.

La presencia en la zona del Mediterráneo Oriental de varios buques de guerra de la marina estadounidense, armados con misiles crucero y en posición de combate, además de otros pertenecientes al Reino Unido y Francia, refuerzan esta hipótesis.

De concretarse esta modalidad, no sería una acción que busque derrocar directamente a Al Assad, sino más bien debilitarlo y forzar al régimen a aceptar una salida y transición negociadas, política que hasta ahora está privilegiando el imperialismo.

La propia Casa Blanca confirmó, a través de su portavoz Josh Earnest, cuando éste afirmó ante el Congreso estadounidense que la acción será “limitada” y que en “este caso ni se busca una invasión ni el cambio de régimen”. También Hollande, presidente de Francia, declaró que el objetivo sería “frenar” el uso de armas químicas y que “no se trata de derrocar” a Al Assad.

Dentro del abanico de posibilidades militares, el imperialismo está barajando aquellas opciones con el menor costo político, en medio de un país y una región sacudida por un poderoso proceso de revoluciones populares. En este marco, esta alternativa sería la menos arriesgada para el imperialismo, que carece de condiciones políticas –sólo 25% de la población aprueba involucrarse en otro conflicto armado- para poner sus botas en Siria a través de un ataque terrestre.

Incluso una zona de exclusión aérea está siendo sopesada con el mayor de los cuidados, pues las defensas antiaéreas del régimen de Al Assad no son despreciables.

Sabemos que muchos combatientes rebeldes, que luchan de forma heroica para liquidar a una tiranía monstruosa que controla el país hace 40 años y que desde el comienzo de la revolución ha cometido las peores atrocidades contra la población civil, pueden ver esta posible intervención del imperialismo como una “ayuda” o una “protección” en su lucha desigual contra el déspota de Damasco.

En el marco de nuestro completo e incondicional apoyo a la lucha de ese pueblo para derrocar a Al Assad, afirmamos que ninguna intervención del imperialismo tiene ni tendrá ese fin.

Su intervención no será “humanitaria”. No será para “salvar vidas” o para “defender derechos humanos”. Mucho menos para que “triunfe la revolución”; pues si EEUU hubiera deseado ayudar realmente a los rebeldes sirios para que derroquen a Al Assad, hace mucho tiempo y vidas les hubiera suministrado, sin condiciones, las armas pesadas que tanto necesitan, como aviones, tanques y misiles antiaéreos.

El imperialismo se mete para intentar imponer su peso militar y ser el eje del nuevo poder que reemplace a Assad, para influir directamente y garantizar un acuerdo que contemple sus intereses actuales y potenciales tras una posible caída de Al Assad.

El imperialismo siempre interviene con sus propios objetivos, que invariablemente pasan por sus afanes de dominar directamente la economía y la política del país que agrede. Fue ese el motivo de la invasión a Irak y Afganistán. También esa es la razón por la cual apoya a Israel en la usurpación del territorio y la limpieza étnica contra el pueblo palestino y por el cual sostiene a la  ultra reaccionaria monarquía de Arabia Saudita, de la cual se valió para reprimir la justa lucha del pueblo de Bahréin contra su gobierno, otra monarquía títere del imperialismo.

Y este es el objetivo también en Siria. El discurso sobre supuestas motivaciones humanitarias como la “proteger civiles” es un canto de sirena que no debe engañar a los combatientes sirios ni a la izquierda mundial. Prueba de ello es la propia actuación del imperialismo en lo que va de la guerra civil en Siria.

La política del propio Obama, incluso hasta un tiempo después de haber comenzado el levantamiento popular contra la dictadura siria, fue de apoyo a Al Assad, quien le prestó valiosos servicios en cuanto a la seguridad de Israel y la estabilización de la región.

La hipocresía del imperialismo no tiene límites. Mientras Al Assad era capaz de garantizarles estabilidad, Obama y las principales potencias europeas siempre cerraron los ojos ante  toda la represión y crímenes de su cruenta dictadura.

El imperialismo retiró su apoyo al dictador –no al régimen en sí-  solamente cuando cayó en la cuenta de que mantenerlo, ante la lucha armada del pueblo sirio, se hizo insostenible desde el punto de vista del principal interés de EEUU en este momento: estabilizar el país y derrotar a la revolución en toda la región.

Sin embargo, la posición del imperialismo a favor de la salida de Bashar Al Assad, no significa que haya abandonado la política de negociar una salida, hasta donde sea posible, entre el régimen y los sectores pro imperialistas de la oposición, como el Consejo Nacional Sirio (CNS).

En ese marco, frente a una situación de guerra civil, que desestabiliza toda la región y se arrastra sin salida a corto plazo y delante de la  negativa a negociar de la dictadura de Al Assad, EEUU trata de intervenir para poder derrotar a la revolución y garantizar su dominio, aunque sea sin Bashar.

Su objetivo, entonces, no es “liberar” al pueblo sirio sino intentar convertirse en los nuevos señores y buscar imponer un dominio colonial, como hicieron tantos otros países.

El imperialismo busca el control directo.Entrará para intentar impedir que sea el pueblo sirio o los rebeldes que estuvieron al frente de la lucha y pusieron el dolor, el sudor y la sangre de sus mártires los que gobiernen después de la derrota del tirano.

Al contrario, exigirán el desarme de todos los revolucionarios para que ellos – o sus títeres, que no faltan ni faltarán- detenten el monopolio militar, y así tratar de “estabilizar” el país en el sentido de sus intereses. Pero nada indica que cumplir estos planes será una tarea fácil para el imperialismo, como no lo está siendo, por ejemplo, en Libia, debido a que una grandiosa revolución está en curso en Siria y toda la región.



¿Por qué la posible intervención?

Para entender porqué el imperialismo intervendría militarmente ahora, siendo que durante casi todo el conflicto evitó hacerlo, es necesario analizar la situación militar en Siria.

En estos últimos meses, el régimen obtuvo avances militares importantes, recuperando posiciones estratégicas que habían pasado a manos rebeldes. Pero estas victorias estuvieron asentadas, fundamentalmente, en la superioridad armamentista y en la ayuda material externa que recibe de Hezbolá, Irán y Rusia. Sin esta superioridad militar y la  ayuda externa, sería muy difícil que existiesen estos avances.

Esto se demuestra en la evidente dificultad que tiene el régimen para hacer operaciones terrestres de gran envergadura con sus propias tropas, unas tropas que no tienen la moral que tienen los rebeldes. Por eso recurre sistemáticamente a cercos apoyados en ataques aéreos o al lanzamiento de misiles, que no exigen el combate directo. Hay informes de que el régimen tiene muchas dificultades y debe apelar a duras represiones internas para evitar deserciones masivas de sus soldados y oficiales.

Eso explica por qué, a pesar de los últimos avances assadistas en la frontera de Líbano o en Homs,  las distintas fuerzas de la resistencia continúan controlando una parte importante del territorio de ese país. El Ejército Libre de Siria (ESL), a pesar de la contraofensiva de los últimos meses, que le costó tremendas pérdidas en vidas y material militar, aún controla barrios enteros en la periferia de la propia capital, Damasco.

Es decir, a pesar de las victorias militares, el régimen no tiene la capacidad para aplastar definitivamente a la revolución, ni siquiera en Damasco. Lo mismo en otras ciudades importantes, como en Alepo, donde recientemente los rebeldes tomaron una de las principales bases aéreas del régimen.

Es esta situación, de victorias tácticas pero en el marco de un panorama a largo plazo más desalentador, que hizo que la dictadura deflagrase un sistemático y devastador bombardeo  sobre los suburbios de Damasco y, como apuntan las denuncias, recurriera a su arsenal químico en una escala que hasta ahora no había empleado. Su objetivo con esta escalada de ataques, incluso con gases venenosos, no puede ser otro que el exterminio, es decir, limpiar Damasco de rebeldes e infundir el terror más completo en toda la población.

El imperialismo, ante esta dinámica de consecuencias imprevisibles, intenta resolver a su favor una situación marcada por una guerra civil enquistada y que se arrastra por dos años y medio en una región estratégica.

Intervendrá para demostrar presencia militar en esa región y forzar una negociación con Al Assad para una “transición” que tienda a estabilizar el país y la región, condición importante para continuar el saqueo imperialista. Si la negociación no es posible, intentarán imponer un nuevo gobierno, sin Assad, bajo el control directo del imperialismo.

El castro chavismo, usa las amenazas de intervención imperialista para justificar aún más su apoyo nefasto al dictador genocida de Siria -como apoyaron al sanguinario Gadafi-, afirmando que si lo atacan es porque Al Assad sería un “líder antiimperialista y antisionista”. Ya están haciendo un llamado para que los pueblos y la izquierda apoyemos y nos unamos con Al Assad por su supuesto papel en la “resistencia” al imperialismo.

Pero la realidad es contraria al discurso castro chavista. El régimen del clan Assad no tiene nada de “antiimperialista”. Ha sido pieza importante en el esquema de dominación imperialista y sionista en la región, siendo, sobre todo en los últimos años, fiel aplicador de las recetas neoliberales del FMI y garante de las fronteras del Estado nazi-sionista de Israel, contra el cual no ha disparado una bala en 40 años, mientras masacra a su propio pueblo.

Según el cuento de ficción que nos narran los castro-chavistas, Al Assad también sería un opositor radical a Israel y protector de los palestinos. Pero la realidad demuestra que durante el curso de la guerra civil, entre todos los crímenes de lesa humanidad que cometió, Al Assad se apuntó el de bombardear sistemáticamente campos de refugiados palestinos, cuando un sector de estos se pasaron a la oposición, como es el caso de Yarmuk, en Damasco, hoy bajo un cerco que les impide recibir alimentos y medicinas.

Estamos completamente en contra de la intervención del imperialismo, pero esto no nos puede llevar a apoyar a la sanguinaria dictadura de Al Assad, que masacra a su pueblo sin ningún miramiento, un pueblo que lucha denodadamente por acabar con su régimen. Esto es lo que hace el castro chavismo y por eso se ha transformado en cómplice de los horrendos crímenes de esos dictadores.

La clase trabajadora y pueblos del mundo debemos estar más que nunca al lado de la revolución siria en contra la dictadura de Al Assad y, al mismo tiempo, repudiar que el imperialismo pueda intervenir en este país.

Es necesario que en los países imperialistas desmontemos la campaña que están haciendo para justificar su intervención militar, movilizándonos contra los gobiernos que preparan los planes de intervención armada. Debemos denunciar que la posible intervención, aunque se la pretenda cubrir de un manto “humanitario” apartir de las horrorosas masacres de Al Assad, pues su objetivo real es imponer nuevos amos al pueblo sirio.

La salida es otra: el apoyo total a los rebeldes. Esto significa el envío, sin condiciones y de forma inmediata, de armas pesadas y todo tipo de suministros, como medicinas y equipamientos para la resistencia siria, así la  abertura de las fronteras de los países para el paso de esta ayuda y de los aquellos luchadores que estén dispuestos a combatir contra Assad.

Al mismo tiempo, exigimos, en todos los países, la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con la dictadura siria.


¡Fuera Al Assad; No a la intervención imperialista!

¡Movilicémonos en todos los países apoyo a la revolución siria y contra los planes de invasión imperialistas.

¡Exijamos la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con la dictadura siria!

¡Que los gobiernos del mundo envíen armas y medicinas para los rebeldes sirios!

¡Por el triunfo de la revolución siria!
 
Fuente: http://www.corrienteroja.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=1025:declaración-lit-ci-¡fuera-bashar-al-assad-¡no-a-la-intervención-imperialista&Itemid=181
 

El crimen de Al Assad: ¡No a la intervención imperialista en Siria! ¡Abajo el régimen genocida de Assad!

                       Fuente: http://www.corrienteroja.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=1017:el-crimen-de-al-assad-¡no-a-la-intervención-imperialista-en-siria-¡abajo-el-régimen-genocida-de-assad&Itemid=183

Artículo de los corresponsales de la LIT en Oriente Medio.


Una vez más, cadáveres en fila de civiles sirios llenaron las noticias de la semana. La fuerza de las imágenes, especialmente la alta proporción de niños entre los muertos, impresionó al mundo. Los pulmones de las pequeñas víctimas, con baja capacidad de absorción de oxígeno, los hicieron víctimas fáciles de las armas químicas del dictador Bashar Al Assad.
 
El día 21 de agosto, las zonas rebeldes de Damasco fueron víctimas del ataque con gas más brutal de los últimos 25 años. Desde los crímenes del dictador iraquí Saddam Hussein contra los kurdos no se veía tal barbarie. No es que sea la primera vez que la dictadura siria utiliza agentes tóxicos contra su población, sin embargo nunca fueron usados de forma tan generalizada en áreas urbanas. Frente a la crisis abierta por la masacre, el dictador sirio ha intentado desvincularse del crimen. Al final, este hecho bien podría costarle el poder.
 
Materialmente, los argumentos de Assad de que los rebeldes se bombardearos a sí mismos, no se sostienen. Tanto la cantidad de misiles disparados como el carácter uniforme de las armas y sus números de serie indican que los mismos no podrían ser producto del trabajo artesanal de los rebeldes, como alega la prensa del gobierno.
 
Se suma a esto el hecho de que las guerrillas en la región del gran Damasco son formadas esencialmente por grupos de habitantes locales. Al contrario que en la región norte del país, hay pocos ultra-radicales islámicos de fuera de la comunidad. La estrategia militar de estos luchadores reside en la búsqueda del apoyo de su base social, muchos de los cuales tienen vínculos familiares con los rebeldes. La idea de que bombardearan con gas mortífero a sus propias familias integra menos el campo lógico del raciocinio y más las teorías de la conspiración.
 
Los argumentos propagados por algunos, de que militarmente el ataque tiene poco sentido, es también falso. Al contrario de lo que alega Assad, el régimen ha tenido pocas victorias militares significativas en el país. En las últimas semanas, una de las principales bases aéreas de la dictadura en la región norte de Siria cayó bajo control rebelde, abriendo así las puertas para que el interior de Alepo sea totalmente liberado por las fuerzas de la Revolución. A pesar de algunas victorias de Assad en la región central del país, las mismas sólo ocurrieron debido a la intervención militar directa de sus aliados extranjeros, como la milicia libanesa Hezbollah y grupos armados iraquís - ambos actuando con el apoyo logístico de Irán.
 
En la región de Damasco, escenario más importante de la guerra, el régimen ha perdido continuamente espacio, principalmente en las zonas atacadas con gas. Estas regiones han sido bombardeadas de forma intensiva durante todo el último mes, principalmente después de los ataques con gas del día 21. Incluso con la intervención pesada de las Fuerzas Armadas de la dictadura en la capital, hay una tendencia a  la unificación territorial de las diferentes zonas controladas por la guerrilla siria. En suma, desde una perspectiva militar, Assad tiene razones de sobra para querer envenenar a los rebeldes.
 
El argumento político dado por el dictador, supuestamente tiene más consistencia. No le interesaría, políticamente, unificar al mundo contra su barbarie. El ataque con gas, según los apoyadores del régimen, seria necesariamente un tiro en el pié. El argumento tiene lógica, sin embargo es frágil. Es sabido por todos que, desde el inicio de la guerra, Bashar Al Assad fue gradualmente perdiendo control sobre su ejército y servicios de información. Dependiente cada vez más de las milicias paramilitares (los "shabiha") y las tropas extranjeras, la jerarquía del comando militar nacional perdió casi enteramente su significado.
 
Incluso si Assad no comandó personalmente el ataque, él es directamente responsable por el mismo. La "anarquía militar" que hoy reina en Siria y el fin de una cadena de mando unificada y disciplinada que corresponde al jefe de Estado fue una opción política del régimen para enfrentarse al levantamiento popular. Independientemente de si Assad estuvo involucrado personalmente o no en la masacre, ciertamente el ataque con gas fue obra de su régimen.
 
Ilustração: Nidal ElkahiryAbriendo los portones del infierno
 
El crimen de Assad no se reduce a los muertos de su ataque químico, también tiene otra dimensión, Assad es directamente responsable por hacer que el imperialismo norteamericano y europeo probablemente bombardee su país.
 
Mientras los americanos daban discursos a lo largo del último periodo en pró de la caída de Assad, desde mayo de 2013 los mismos han repetidamente intentado, junto con el régimen ruso, arreglar una salida negociada para el enfrentamiento. El patrocinio americano de la supuesta conferencia de Ginebra, que en la práctica nunca salió del papel, era un intento de las potencias mundiales para resolver, por las alturas, los problemas políticos del país. Sin embargo, Ginebra fracasó, no porque las potencias imperialistas quisieran, sino simplemente porque Assad rechazó cualquier compromiso con la oposición.
La razón por la cual los americanos no quieren la caída del dictador es simple. Una futura Siria libre de Assad constituye una amenaza mayor a sus intereses estratégicos que una Siria debilitada por una sangrienta y continua guerra civil.
 
Las palabras del imperialismo.

El discurso americano anti-Assad, durante el inicio de la Revolución, pretendía quedar sólo en el campo de las palabras. Pero en la política internacional, las palabras tienen su peso. Creyendo que Assad no lo desafiaría, el día 12 de agosto de 2012, Obama anunció que, en caso de que el régimen sirio utilizase armas químicas, atravesaría una "línea roja" delimitada por él.
Incluso así, la "línea roja" fue constamente flexibilizada para satisfacer las demandas del dictador. Cuando el régimen sirio, el 19 de marzo de 2013, utilizó armas químicas contra los revolucionarios en el norte del país, los americanos fingieron no haber visto el crimen. Los ataques fueron debidamente documentados por organismos internacionales, sin embargo Washington se escondió detrás de tecnicismos para no enfrentar al dictador. Según la Casa Blanca, apenas había "indicios" del crimen, pero no pruebas.
A pesar de todos los esfuerzos, la flexibilidad americana con Assad tiene sus límites. Al bombardear masivamente su capital con armas químicas, el dictador, en la práctica, cometió un acto de desobediencia a su maestro. No hay problema en tirar gas lejos de las lentes fotográficas, pero el último ataque sirio pasó de los límites permitidos por Obama.
 
No a la intervención imperialista.

Los crímenes del dictador abrieron las puertas de la intervención imperialista en Siria, sin embargo, tal intervención tiene poca relación con la revolución popular que ocurre en el país hace dos años y medio. Los americanos atacarán a Assad no para derrocarlo, sino para mantener su reputación de "policía" de la región y fomentar su industria de guerra. Los mercaderes de la muerte, tan fundamentales en el capitalismo norteamericano, se lucran mucho con el derramamiento de sangre.
Las declaraciones públicas de los EEUU enfatizan que cualquier medida será una respuesta a la utilización de armas químicas, sin embargo no es un apoyo al campo militar rebelde. Al mismo tiempo en que preparan el ataque, los americanos continúan dispuestos a negociar una resolución para la guerra civil que implique un acuerdo entre ambos lados, pero sin la figura de Assad en la presidencia del país. Por la vía de las bombas, quieren imponer al régimen sirio que entregue el anillo para no perder el dedo.
Las bombas americanas no reducirán el dolor impuesto por Assad a su pueblo, apenas lo hará más intenso. Los americanos pueden, por el aire, destruir la fuerza aérea del dictador y algunas estructuras militares del régimen, pero las milicias como los "shabiha", principales responsables de asesinatos de opositores del régimen en el país, permanecerán intactos con el ataque. Lo mismo se puede decir de la artillería de Assad. La propuesta militar americana, de bombardeos desde el mar, será incapaz de destruir los tanques de la dictadura, que se encuentran en los centros urbanos. A menos que los americanos estén dispuestos a destruir barrios enteros, algo que causaría mucho más sufrimiento que alivio al pueblo, la artillería del régimen no será eliminada.
 
Para derrotar al tirano sin destruir el país es necesario armar a los rebeldes. Como era de esperar, el imperialismo no ha dado indicciones de hacer esto.
 
Más que nunca es necesario dejar clara nuestra posición política de apoyo a la Revolución, apoyo al armamento de los rebeldes y total oposición a la intervención imperialista en el país. Derrocar a Assad sí, destruir Damasco desde el aire, no. El levantamiento popular, por democracia y justicia social se encuentra cercado de enemigos: desde el estalinismo al imperialismo y el fanatismo islámico, todos unidos contra la lucha del pueblo sirio. Más que nunca, está colocada la tarea de la clase trabajadora internacional de proclamar en voz alta: ¡Viva la revolución! ¡No al ataque imperialista! ¡Armas sí, bombas no!
 
Ilustración: Nidal Elkahiry

Declaración de revolucionarios socialistas marxistas de la región sobre la intervención de EEUU en Siria

            


Estamos con la Revolución Popular Siria - No a la intervención extranjera


Declaración de: Socialistas Revolucionarios (Egipto) - Corriente de Izquierda Revolucionaria (Siria) - Unión de Comunistas (Iraq) -  Al-Mounadil-a (Marruecos) - Foro Socialista (Líbano)
31 de agosto de 2013
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Más de 150 mil han sido asesinados, cientos de miles han sido heridos y discapacitados, millones de personas han sido desplazadas dentro y fuera de Siria. Ciudades, pueblos y barrios han sido destruidos total o parcialmente, usando todo tipo de armas, incluyendo aviones de guerra, misiles Scud, bombas y tanques, todo pagado con sudor y sangre del pueblo sirio. Esto bajo el pretexto de defender la patria y lograr el equilibrio militar con Israel (cuya ocupación de tierra Siria es, de hecho, protegida por el régimen sirio, el cual no contestó ninguna de sus continuas agresiones).
 
Sin embargo, a pesar de las enormes pérdidas mencionadas antes, que afectan a todos los sirios, y la calamidad que les ha sido infligida, ninguna organización internacional o país principal - o menor - ha sentido la necesidad de proporcionar solidaridad práctica o apoyo a los sirios en su lucha por sus más básicos derechos humanos, dignidad humana y justicia social.
 
La única excepción han sido algunos países del Golfo, más específicamente Qatar y Arabia Saudí. Sin embargo, su objetivo era controlar la naturaleza del conflicto y desviarlo en una dirección sectaria, distorsionando la Revolución Siria y tratando de abortarla, como reflejo del profundo miedo a que la llama revolucionaria llegue a sus costas. Así que respaldaron grupos salafistas oscurantistas, que llegaron, en su mayor parte, de las cuatro esquinas del mundo para imponer una visión grotesca de una ley basada en la sharia islámica. Estos grupos estuvieron involucrados, una tras otra, en terroríficas masacres contra ciudadanos sirios que se opusieron a sus medidas represivas y agresiones en las áreas bajo su control o bajo su ataque, como el reciente ejemplo de los pueblos en las zonas rurales de Latakia.
 
Un gran bloque de fuerzas hostiles, de todo el mundo,  está conspirando contra la revolución popular siria, que estalló en relación con los levantamientos que se extendieron por un gran sector de la región árabe y el magreb durante los últimos tres años. Los levantamientos populares aspiraban a poner fin a una historia de brutalidad, injusticia y explotación, y a ganar los derechos a la libertad, dignidad y a la justicia social.
 
Sin embargo, esto no solo provoca a las brutales dictaduras locales, sino también a las fuerzas imperialistas que buscan perpetuar el robo y la riqueza de nuestro pueblo, además de a las variadas clases y fuerzas reaccionarias de éstas zonas y en los países de alrededor.
 
En cuanto a Siria, la alianza que lucha contra la revolución popular incluye una serie de fuerzas sectarias reaccionarias, encabezadas por Irán y las milicias confesionales de Iraq y, lamentablemente, la fuerza de choque de Hezbollah, la cual se está ahogando en el pantano de defender al profundamente corrupto y criminal régimen dictatorial.
 
Esta situación desafortunada también ha tocado a la mayor parte de la izquierda árabe tradicional con raíces estalinistas, ya sea en la propia Siria o en Líbano, Egipto, y el resto de la región árabe - y en todo el mundo, que está claramente sesgada hacia la alianza que apoya al régimen de Assad. La justificación es que algunos lo ven como resistente, a pesar de su larga historia - a través de su estancia en el poder, de protección a la ocupación sionista de los Altos del Golán, su constante represión de varios grupos que resisten a Israel, sean palestinos o libaneses (o sirios), y su permanencia inactiva y servil, desde la guerra de octubre de 1973, permitiendo las agresiones de Israel en territorio Sirio. Esta posición tendrá una grave repercusión en la visión de los sirios normales sobre la izquierda en general.
 
Las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad en particular, fue incapaz de condenar los crímenes del régimen, que el pueblo sirio rechazó continuamente y pacíficamente por más de siete meses, mientras las balas de los francotiradores y los shabbiha alcanzaban a los manifestantes uno a uno y día tras día, y mientras los más influyentes activistas eran detenidos y sometidos a las peores clases de tortura y eliminación en las prisiones y centros de detención. Mientras tanto, el mundo permaneció completamente en silencio y en un estado de negatividad total.
 
La situación permaneció con poco cambio después de que el pueblo en revolución decidiera tomar las armas y apareciera lo que se ha venido a llamar como el Ejército Libre de Siria (ELS) - cuyos comandantes y soldados venían, en gran medida, del ejército regular. Esto llevó a una horrible escalada de crímenes del régimen.
 
El imperialismo ruso, el más importante aliado del régimen baasista de Damasco, que lo provee con todo tipo de apoyo, permanece a la expectativa de bloquear cualquier intento de condenar esos crímenes en el Consejo de Seguridad. Los Estados Unidos, por otra parte, no encuentran un verdadero problema en la continuación del status quo, con todas las aparentes repercusiones y la destrucción del país. Esto a pesar de las amenazas y la intimidación utilizada por el presidente de los EEUU, cada vez que alguien en la oposición levantaba la cuestión del uso de armas químicas por el régimen, hasta la última escalada, cuando estaba considerado como el cruce de una "línea roja".
 
Es claro que Obama, quien da la impresión que llevará a cabo sus amenazas, debería haber sentido una gran vergüenza si no lo hubiera hecho, ya que no sólo impactaría negativamente en el presidente, sino también en la imagen de poderoso y arrogante estado que él lidera a los ojos de los sirvientes países árabes y el mundo entero.
 
El ataque inminente contra las fuerzas armadas sirias es liderado por los EEUU fundamentalmente. Sin embargo, ocurre con el consentimiento y la cooperación de sus países imperialistas aliados, incluso sin la racionalización de su farsa habitual, conocido como legitimidad internacional (es decir, las decisiones de la ONU, la cual fue y es representativa de los intereses de los principales poderes, ya sea en conflicto o alianza, dependiendo de las circunstancias, diferencias y balances entre ellos). En otras palabras, el ataque no esperará  al Consejo de Seguridad, debido al esperado veto chino-ruso.
 
Desafortunadamente, mucha de la oposición siria está apoyando este ataque y la posición de los EEUU en general. Creen que esto creará la oportunidad para ellos de llegar al poder, pasando por alto al movimiento y a las masas y su decisión independiente. No debería ser una sorpresa, entonces, que los representantes de la oposición y el ELS no tengan reservas en proveer de información a los EEUU sobre los objetivos propuestos en el ataque.
 
En cualquier caso, nosotros acordamos lo siguiente:
  • La alianza imperialista occidental atacará varias posiciones y partes vitales de la infraestructura civil y militar de Siria (causando víctimas, como es usual). Sin embargo, como se anunció, los ataques no significarán la caída del régimen. Están meramente destinados a castigar, en palabras de Obama, al actual gobierno sirio y a salvar la cara de la administración de EEUU, después de todas las amenazas sobre uso de armas químicas.
  • Las intenciones del presidente de EEUU de castigar al gobierno sirio no se derivan, de ninguna manera, de la solidaridad de Washington con el sufrimiento de los niños que cayeron en la masacre de Ghouta, sino de su compromiso con lo que Obama llama intereses vitales de los EEUU y su seguridad nacional, además de los intereses y la seguridad de Israel.
  • El ejército sirio y sus aliados regionales, liderados por el régimen iraní, no tendrán el coraje, lo más probable, de cumplir las amenazas de sus mayores oficiales de que cualquier ataque occidental a Siria incendiará toda al región. Pero esta opción permanece en la mesa, como una opción final de catastróficos resultados.
  • El inminente ataque imperialista occidental no está destinado a apoyar la Revolución Siria de ninguna manera. Su objetivo es presionar a Damasco hacia la mesa de negociaciones y permitir a Bashar al-Assad retirarse del primer plano, pero manteniendo al régimen, mientras se mejoran las condiciones de fortalecer las posiciones del imperialismo de EEUU en la futura Siria contra el imperialismo ruso.
  • Los más de aquellos que participan en la movilización popular permanente - quienes son más conscientes, con principios y dedicados al futuro de Siria y su pueblo - comprenden estos hechos, sus consecuencias, resultados y actúan de acuerdo a ello, lo que contribuirá a ayudar al pueblo sirio a escoger correctamente una dirección verdaderamente revolucionaria. En el proceso de una lucha comprometida basada en los actuales y futuros intereses de su pueblos, se producirá un programa radical consistente con estos intereses, que puede ser promovido y puesto en practica en el camino a la victoria.

  • No a todas las formas de intervención imperialista, sea de los EEUU o de Rusia.
    No a todas las formas de intervención sectaria reaccionaria, sea de Irán o de los países del Golfo.
    No a la intervención de Hezbollah, que merece la máxima condena.
    Abajo con todas las ilusiones sobre el inminente ataque militar de EEUU
    Apertura de los depósitos de armas para el pueblo sirio para luchar por libertad, dignidad y justicia social.
    Victoria para una Siria libre y democrática y abajo la dictadura de Assad y todas las dictaduras siempre.
    Viva la Revolución Popular Siria.
     
    * Traducido desde el original en al-Manshour