miércoles, 27 de enero de 2010

¡Por la reconstrucción de Haiti al servicio y bajo el control de los trabajadores y el pueblo!


El terremoto del 12 de enero en Haití provocó una catástrofe, con 3 millones de personas afectadas y casi 200.000 muertos, sin hablar de las enfermedades y epidemias como consecuencia de la tragedia.

La situación es caótica: el pueblo haitiano puso los muertos, se quedó sin viviendas, no hay comida ni alimentos, mientras las casas de los ricos se mantuvieron con pocos daños, y la miserable ayuda humanitaria imperialista se va en pagar a las tropas ocupantes y reconstruir las fábricas y los barrios de los ricos.

El gobierno de René Préval ha desaparecido y es incapaz de resolver las acuciantes demandas de la población. Lo único que hizo fue proclamar el estado de emergencia para reprimir e impedir que el pueblo y los trabajadores se organicen. Las tropas de la ONU, que ocupan Haití desde 2004, han sido rebasadas y no dan abasto para controlar las exigencias populares. ¡Temen que los trabajadores y el pueblo, desesperados, y ante la inexistencia e impotencia de Préval, tomen el control del país en sus manos!

Ante esta situación, el “demócrata” Obama ocupó Haití con 10000 marines, como en las mejores épocas coloniales. ¡El primer presidente negro de Estados Unidos, el mismo que hace un año, en su posesión, recordaba al mártir Martin Luther King, el que prometió cambiar la política guerrerista de Bush, invade al pueblo negro de Haití, con el pretexto de la ayuda humanitaria, de la misma manera que envió 100.000 soldados a Afganistán y que instaló siete bases militares en Colombia!


Haití, vergüenza del capitalismo y vanguardia de la lucha anticolonial


Las devastadoras consecuencias del terremoto son producto de la miseria de Haití, que es la vergüenza del capitalismo: a pocos kilómetros de Miami, es el país más pobre del continente, con 80% de sus habitantes por debajo de la línea de pobreza. Desde 1980, los campesinos huyen del campo deforestado para instalarse en Puerto Príncipe, que pasó de 750.000 habitantes en 1980, a 2.500.000 hoy, y que se hacinan en barrios precarios. 75% de las casas no tienen servicios sanitarios, 60% de la población no tiene agua potable, no hay recolección de basura, el desempleo es del 80% y el salario no llega a 50 dólares.

Este es el resultado del saqueo imperialista, que se prolonga desde la colonia y que hoy se expresa en el flagelo de la deuda externa. En 34 años, la deuda haitiana aumentó 40 veces, pasando de 40 millones de dólares en 1970 a 1.600 millones en 2008, mientras que la ONU gasta 600 millones de dólares por año para mantener la ocupación.

Pero así como es de pobre, Haití es uno de los países más ricos del continente en tradición de lucha: protagonizó la primera gran revolución antiesclavista, negra y anticolonial, al rebelarse contra el dominio francés en 1791, instaurando la primera república negra del mundo, bajo el mando de Toussaint L’ Ouverture.

Los yanquis ocuparon Haití entre 1915 y 1934 y luego respaldaron las dictaduras sanguinarias de Papá Doc y Nene Doc entre 1957 y 1986, que, ayudados por los temibles Tonton Macoute, asesinaron 30000 personas. Pero en 1986, una gran revolución depuso al tirano e impuso el gobierno de Jean Bertrand Aristide. Este fue derrocado en 1991 por un golpe militar impulsado por Bush padre, pero fue reinstalado en 1994 gracias a la enorme movilización popular.

Sin embargo, Aristide, como todos los gobiernos burgueses latinoamericanos que se dicen progresistas, volvió al poder para aplicar el programa del FMI, lo cual generó un enorme descontento. Ante esta situación, el imperialismo yanqui volvió a intervenir, desalojándolo de la presidencia, e imponiendo el actual gobierno de René Préval.


Los gobiernos “progresistas” latinoamericanos son corresponsables de la tragedia haitiana


Para sostener a Préval, el imperialismo, envió en 2004 una fuerza de ocupación bajo la bandera de la ONU, la Minustah, formada por tropas de los países latinoamericanos, bajo el mando de un general brasileño. La Minustah protege a las multinacionales yanquis que instalan sus “maquilas” en el pequeño país, como si estuvieran en China, pero con la comodidad de estar a pocos kilómetros del mercado norteamericano.

La ventaja adicional es que no hay grandes luchas ni denuncias contra la Minustah, como en Irak o en Afganistán, porque los yanquis saben que su intervención directa en Haití y América Latina sería repudiada de inmediato. Por eso ingresaron disfrazados, bajo la cobertura de los gobiernos “progresistas”, “socialistas”, “izquierdistas” de Chávez, Kirchner, Correa, Morales, Bachelet, Vásquez, que pusieron sus soldados para reprimir las protestas populares, bajo las órdenes del subcomandante del imperialismo en nuestro continente: el ex obrero Lula, que hoy es la mano derecha de Obama, alabado al mismo tiempo en los foros de Davos y en el Foro Mundial de Porto Alegre.

Por eso, hoy ninguno de los gobiernos latinoamericanos “progresistas” tiene las manos limpias en la catástrofe de Haití: todos son responsables de la miseria y el sometimiento del pueblo haitiano, y por ende, de los terribles destrozos causados por el terremoto.

¡Suspensión del pago de la deuda externa para designar esos recursos a Haití!

¡Por la reconstrucción al servicio de los trabajadores y el pueblo!

La ayuda imperialista es un gran negociado, que va, en primer lugar, a sostener la ocupación militar, manejado por las ONGs y organizaciones internacionales, que no son controladas ni siquiera por el gobierno haitiano. Hasta el presidente Préval reconoció que “el gobierno haitiano no ha visto ni un centavo de todo el dinero que es recogido: millones se juntan por al derecha, por la izquierda, y todo va a las ONGs”.

El plan es hacer un fondo para la reconstrucción administrado por un ente internacional a largo plazo, en el que no tendrá ninguna participación el pueblo de Haití. Es decir, volver a la época colonial y establecer un protectorado bajo la supervisión de la ONU o de algún otro organismo, y ocupado militarmente. ¡Bajo las lágrimas del falso humanitarismo quieren castigar al primer país independiente de América Latina y convertirlo otra vez en una colonia!

Obama designó a Bill Clinton y George Bush, los mismos que se encargaron de hundir al país en el hambre, como responsables del fondo de ayuda a Haití. ¡Dos lobos cuidando las ovejas! Ellos “controlarán” con sus amigotes la ayuda para la reconstrucción, cuyos contratos irán a las firmas amigas del Pentágono, como en Irak.

Lo que Haití necesita es lo opuesto: romper las cadenas de la dependencia que lo ha llevado a la ruina. Por eso, es imperioso que se anule la deuda externa de Haití, y que Chávez, Correa, Lula, Kirchner, Morales, Mugica, Lugo, suspendan de común acuerdo el pago de la deuda externa para canalizar esos recursos hacia la isla, y así garantizar la reconstrucción y la independencia de Haití del imperialismo.

Las dos tareas fundamentales son hacer la mayor campaña de solidaridad internacional para reconstruir el país al servicio de los trabajadores y el pueblo, y echar las tropas de ocupación, tanto a los Marines como a la Minustah, para queel pueblo haitiano asuma la responsabilidad de la economía y controle la reconstrucción.

Los trabajadores de América Latina debemos ponernos en pie para juntar la mayor cantidad de recursos, al tiempo que exigimos a los gobiernos de nuestros países el inmediato retiro de las tropas.

Llamamos a todos los partidos de izquierda de Argentina, en especial al Proyecto Sur, a presentar conjuntamente un proyecto de ley exigiendo que el Fondo del Bicentenario para la reconstrucción de Haití.

No le dejamos la tarea de brindar la solidaridad al pueblo haitiano a estos gobiernos burgueses, por más “progresistas” que se pinten, ni depositamos la más mínima confianza en ellos. La solidaridad con Haití tiene que ser tomada por las organizaciones sindicales y populares.

Llamamos a la CGT, la CTA, a todos los sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones populares, a ponerse al frente de la campaña. Es necesario organizar una acción nacional de recolección de fondos y de recursos, medicamentos, ropa, comida, para enviarla directamente a las organizaciones sindicales y populares de Haití, respondiendo al llamado de organizaciones como Batay Ouvriyé.

Sólo los trabajadores y el pueblo haitiano pueden administrar la ayuda bajo su propio control. Ellos deben decidir las medidas a tomar, encarar la reconstrucción del país imponer el control de todos los recursos, imponer el orden en las calles. ¡No necesitan ninguna fuerza de ocupación que los reprima!

¡La reconstrucción de Haití debe ser al servicio y bajo el control de los trabajadores y el pueblo!

Por último, llamamos a todas las fuerzas sindicales, de izquierda, obreras y populares, a unir nuestros esfuerzos para convocar una gran movilización frente a la Embajada de Estados Unidos, en contra de la invasión a Haití, y por echar a los yanquis de toda América Latina.


¡Toda la solidaridad con pueblo de Haití!

¡Fuera los Marines y la Minustah de Haití!

¡Que los gobiernos latinoamericanos suspendan el pago de la deuda externa y dirijan esos fondos a la reconstrucción de Haití!

¡Por la reconstrucción al servicio y bajo el control de los trabajadores y el pueblo! ¡Por una campaña de solidaridad internacional dirigida a los sindicatos y organizaciones populares de Haití!

¡Ni un peso para el gobierno de Préval ni para las ONGs imperialistas!


Buenos Aires, enero 26 de 2010


Reunión por Haiti

Jueves 28, 18 hs. Hotel Bauen


Declaración de Convergencia de Izquierda


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